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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

DE MÁQUINAS A PERSONAS

 

Es curioso, el jueves de esta semana me acerqué a la papelería para comprar un libro. Allí me encontré a una vecina muy preocupada porque su hija no quería aprender a leer. Yo la pregunté en que curso estaba y me contestó:

             - En tercero de infantil.

Ahí pensé que entonces no era tan alarmante, la dije, que acabábamos de empezar el curso, que cada niño lleva su propio desarrollo madurativo y que no era algo obligatorio, que tal vez, lo que ahora le costaba un curso aprender, el próximo año serían solo tres meses.

Ella me miro haciendo que comprendía lo que la estaba diciendo, pero al final, me explicó que es que en su clase ya sabían muchos leer y que al fin y al cabo, lo que querían todos los padres es que avanzarán.

De esta forma, podemos ver otra vez la importancia de los resultados, sin darnos cuenta, que dejamos a un lado los procesos. Creo que en muchas ocasiones, y pongo de ejemplo la educación infantil, que es dónde me he movido, nos empeñamos en que todos sepan leer y escribir, pero no se realizan actividades sobre como coger el lápiz correctamente o actividades más grupales para desarrollar la psicomotricidad fina y gruesa. Así pues, solamente nos fijamos en el proceso de enseñanza, en los objetivos que se quieren alcanzar y en como hacerlo, y en pocas ocasiones se enlaza este paso con el de aprendizaje.

Me parece importante que los contenidos que promovemos sean significativos y contextualizados, y que la forma de hacerlo sea innovadora e integral. Porque los niños pueden aprender y demostrarlo luego en un examen o prueba de conocimientos, como se suele llamar ahora. ¿Pero es verdaderamente aprender? Claro que no, es recitar como loros lo que se han leído la noche anterior. Pero no lo han relacionado con los conocimientos previos, ni han creado conexiones entre ellos y menos aun, han descubierto que tiene que ver todo lo que pone en su libro con el mundo donde viven, por estas razones, me parecen muy acertados los principios que se proponen en el “vademécum”.

En estos momentos, me viene una pregunta a la mente, que debía haber formulado a mi vecina el otro día: “Todos esos niños de la clase que saben leer, ¿saben hacerlo de verdad, comprendiendo lo que leen?, ¿o solamente son capaces de descifrar ciertos símbolos y unirlos formando palabras? Porque aquí reside la diferencia principal entre leer y saber leer.

En conclusión, debemos cambiar el pensamiento, modificar nuestras intenciones, crear niños con muchos conocimientos, parecidos a pequeñas máquinas,  para comenzar a desarrollar personas competentes, que puedan formar ellos sus propios aprendizajes, dotarles de capacidades que les hagan más independientes en esta sociedad en la que vivimos.

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