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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

UN GOLPE DE AIRE

 

Últimamente solo escucho una frase: “todo depende de las gafas con las que miremos”. Y cada vez soy más consciente de ello. Debemos innovar, experimentar, hacer que nuestra enseñanza y el aprendizaje de nuestros alumnos sea lo más eficaz posible.

Al principio de la asignatura, más concretamente en la primera clase, tenía una visión un poco pesimista de todo esto. Normalmente las personas que no se mueven en el ambiente de un centro educativo están más centradas o le dan más importancia al tema de los resultados. Y yo sólo oía comentarios acerca de ello.

Al estudiar magisterio, me di cuenta que no era  lo más importante, que los procesos, el hacer que cada niño pudiera crear sus propios conocimientos era lo que verdaderamente tenía interés. Así pues, debemos preparar a nuestros alumnos para que sepan desenvolverse en la vida, para que ellos mismos tengan una actitud crítica ante el mundo. No sólo crear individuos marcados todos por unas pautas.

¿La forma para conseguir esto? En el texto nos proponen tres enfoques:

- El técnico.
- El práctico.
- El emancipatorio.

Al que se aspira dentro de la ecuación es al emancipatorio, dadas sus características, además es el que permite dentro de sus propuestas experimentar en el proceso de enseñanza- aprendizaje, ya que se puede reflexionar y permite una acción colectiva y cooperativa entre los profesionales y las personas que forman la comunidad escolar.

Algunas opiniones que he podido escuchar lo ven como algo lejano, y tal vez difícil de conseguir. Pero al día de hoy, creo que debemos luchar por lo que queremos, puede costar más o menos pero no nos podemos quedar parados y resignarnos. Si tenemos esas ideas ahora en la universidad, antes de salir al mundo laboral, ¿qué pretendemos conseguir? Efectivamente nada.

Debemos conseguir que el currículo no sea un libreo de instrucciones, el cual debe seguirse cada paso, ni como un instrumento burocrático, sino que nos tiene que ayudar a mejorar nuestra práctica como docente, hacer que el proceso de enseñanza- aprendizaje sea más eficaz.

En conclusión, creo que nosotros, como psicopedagogos tenemos que tener esa mentalidad abierta, y tener la esperanza de que aunque los cambios son lentos pero se puede conseguir.

Tenemos que comprometernos, a la hora de estar en el centro educativo, animar a los docentes, que en muchas ocasiones, dados sus años de experiencia, se resisten a un punto de vista innovador, para centrarse en una forma tradicional de impartir la enseñanza. Aunque todo esto es posible que se consiga, si la misma figura del psicopedagogo se implica, interviene y colabora en los procesos educativos.

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