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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

(2ª Parte) MIRADA TRAS EL CRISTAL


Las doce en punto. A esa hora salía puntualmente cada día, el protagonista de nuestra historia. No es que fuera una persona meticulosa a la que le gustaba planear cada paso que daba, pero justo a esa hora, era cuando la calle se llenaba de gente, de señoras que iban con una bolsa de tela, normalmente de cuadros de colores vivos  a hacer la compra, de hombres  y caballeros que realizaban su descanso en el trabajo para poder almorzar, tomarse un café caliente y hablar con los amigos sobre lo que debería hacerse para que la economía del país subiera y ellos no tuvieran que pasar el día trabajando. A él estas conversaciones no le interesaban demasiado, pero le gustaba ver como se volvían locos y discutían por cosas que ellos mismos desde su posición no podrían hacer nada.

Esa mañana, cuando se paro en el escaparate de una tienda de sombreros vio el reflejo de una mujer, de aspecto desaliñado, pero que le fascino completamente. Era especial, no poseía lujosos vestidos y tan solo llevaba un camisón color rosa. No había visto tanta inocencia, naturalidad y tristeza junta en una sola mujer. Cuando se dio la vuelta para ver la realidad, ella ya no estaba, se había esfumado ¿tanto tiempo se había quedando admirando su reflejo en el escaparate? Para el no había pasado ni un segundo, pues se había quedando vagando,  absorto en sus pensamientos.

A partir de aquí, sabía cual era su meta, ya nada le parecía lo mismo, todas las mujeres que se le acercaban por su gran atractivo ya no eran idénticas que hacía unos días, pues estaban recubiertas de mascaras o simplemente eran tan simples que no había ninguna que resaltara ante la que estaba a su lado. Todas decían lo mismo, “buenos días” por la mañana, “buenas tardes” a partir del mediodía, y agachaban la cabeza por la noche para que no se supiera que a altas horas habían estado en alguna taberna realizando algo impropio de una bella dama.

Estaba todo tan preestablecido, que lo único que le causaba era aburrimientos, porque el solo la buscaba a ella, sabia a ciencia cierta, que nunca seria como las demás, que tendría ideas brillantes, que no la importaba salir en camisón a la calle porque no ponía interés en lo que la alta clase chismorreaba a sus espaldas. Además pondría la mano en el fuego, porque a pesar de la debilidad que transmitía era una de esas personas que con el paso del tiempo podían vencer todas las barreras y obstáculos que encontrará en su camino.

Cuan equivocado estaba, pensando todo esto y no sabía que el peor miedo que poseía aquella muchacha era él.

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