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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

(3ª Parte) MIRADA TRAS EL CRISTAL

Cada día que pasaba acudía a la cita, quería verla en aquel balcón de hierro forjado, identificarla entre aquellas plantas, ver como se encontraba cada mañana, que día estaba más alegre, o que días parecía que la luz que rodeaba su silueta iba en disminución.

Por su parte, ella, solamente salía sin más a dar un poco de vida a aquellos seres vivos que dormían entre las macetas. Habrá personas que digan que hablar a las plantas es una tontería, pero ella no, es  más, no se conformaba solo con hablarlas si no que de vez en cuando les recitaba alguna canción que recordaba  del tiempo en el que su vecina del piso superior era una cantante de cabaret, la verdad, muy divertida. Normalmente salía con trajes de plumas, y vestidos muy cortos, y su cara parecía un gran cuadro, porque iba muy pintada, aunque para nuestra pobre chica del primer piso, le parecía que esa pintura provenía,  en vez de unas pequeños pinceles que se utilizan para repartir el colorete por la cara, de unas autenticas brochas de pintor, porque  no entendía como los colores se podían mezclar tanto unos con otros, y como los ojos podrían parecerse a dos tomares de un tono rojo intenso. El caso, es que esta señora, que no es que estuviera en su época de juventud, pasaba el día escuchando canciones alegres en un viejo aparato de esos que, en cierta ocasión, confeso que lo había robado de un viejo teatro donde la despidieron y encima no le entregaron la paga de su última actuación. Al final, se dijo que estando dentro del teatro donde actuaba conoció a un gran hombre que la prometió fama y dinero en el extranjero, y rápidamente partió hacia su nueva búsqueda de la felicidad.

La persona que le había mantenido la casa arrendada durante un año y medio, al ver el destrozo que había formado en el piso decidió mantenerlo cerrado, si, efectivamente, a esta señora le sobraba el dinero, ya que no era muy normal tener un apartamento cerrado por esta época, pero las personas que gozaban de unos buenos ingresos en ocasiones se lo permitían, y lo conservaban como un lugar para hacer, alguna que otra vez, una reunión con sus amigos o algún baile ciertos días que caían en fiesta.

Así pues, ella ya no tenía vecinos ni arriba ni abajo, su piso, exceptuando porque se situaba en la calle principal de la ciudad gozaba de un silencio permanente, ya nada la perturbaba a las cuatro de la mañana, solo algunos hombres borrachos que volvían a sus casa o buscaban otro bar abierto donde poder seguir bebiendo y contando batallitas acerca de cuando estuvieron en la primera fila del batallón H45 defendiendo su país ante el ataque de aquellos que venían a saquearnos, destruirnos y violar a nuestras mujeres.

Ese silencio, era lo que la conducía a pensar con más ganas y más intensamente en él. Porque a veces, el estar callada tanto tiempo lleva a vivir como en un sueño, donde se imaginaba sus conversaciones, sus risas, como sería cuando se levantara por la mañana, el darle un beso nada mas abrir los ojos, y el prepararle el desayuno. Sería la mejor esposa,  porque sería la que más le querría. No concebía sus risas, cuando estaba hablando con otras señoritas allí, en frente de su casa, pues esa sonrisa no sería verdadera hasta que estuviera a su lado.

Puede parecer vanidoso, o prepotente el pensar que una persona solo puede ser feliz completamente a nuestro lado, pero es lo que hace pensar la enfermedad del amor, y sinceramente, nuestra protagonista casi podría haber muerto por ella porque los doctores hubieran dicho que ya no se podría hacer nada, pues era un caso crónico y su diagnostico era: enamoramiento  profundo con chispas de pasión intensa.

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