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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

(4ª Parte) MIRADA TRAS EL CRISTAL

Por otra parte, el se moría de ganas de verla. Todas las mañanas se enfundaba en ese traje azul, que se compro un día en uno de sus constantes viajes a Londres, por eso, era tan elegante, por eso y por su percha, porque un buen traje no puede quedar bien si la persona que va debajo de las telas no tiene esas espaldas  anchas, esa altura, esa mirada, si no esta bien proporcionado, y él, la verdad es que tenía cualidades para eso y mucho más, pues cualquier cosa le vendría bien, podemos decir, que hasta con el pijama blanco, la bata por encima para resguardarse del frío y las zapatillas de estar por casa seguía siendo el hombre mas galán en toda España y seguramente en parte del extranjero. Importaba poco, o más bien nada, el atuendo que podría llevar en una ocasión u otra, ya que lo más elemental era su buena educación , su saber estar, su forma de hablar…que dejaba a todos con la boca abierta cada vez que daba su opinión sobre algún tema de actualidad, nadie podía contestar, todos cerraban la boca porque no eran capaces de contradecirle, y es que ninguno de los caballeros del pueblo había viajado tanto como él, habían visto tanto mundo y ninguno había estudiado la vida como lo hacía el, desde su perspectiva. Incluso en algunos casos en los que no llevaba razón, hablaba con tanta rotundidad  que las personas le seguían e incluso realizaban un gesto de afirmación con su cabeza. Esto molestaba mucho a Don Alberto, un joven descendiente de muy buena familia, también había recorrido mundo en compañía de su abuelo, un marques que obtuvo ese título por casarse con una aristócrata, de belleza un poco ruda, pero con un bolsillo repleto de dinero. Don Alberto no tenía la misma carisma, tenía muchos conocimientos pero no sabía expresarlos, le faltaba templanza, tranquilidad, porque en cuanto alguien estaba en desacuerdo con él, elevaba el tono de voz y hablaba con palabras que nadie entendía por lo refinadas que eran, y esto en vez de darle fiabilidad, se la restaban, pues los demás creían que, en realidad, no sabía nada y solo aprendía palabras sin sentido para quedar por encima de ellos.

Las luchas dialécticas entre estos caballeros  hacían que en la pequeña cafetería existiera solo una conversación. Era mejor que los partidos de fútbol, que los combates de boxeo, porque había dos grandes oponentes, y se tenía constancia de que cada vez que se reunían siempre salían conclusiones precisas, ideas nuevas, conocimientos que a muchos hombres les hacían ampliar sus horizontes. Nunca una conversación con su presencia podía ser aburrida, pasaban de un tema a otro con facilidad, la agilidad mental era increíble y todos callaban a su alrededor, para más tarde, casi al finalizar apoyar a nuestro caballero y gritar- “¡Tiene razón! ¡Todo lo que dice es cierto! Porque estando yo en…”. De esta forma los hombres del pueblo le apoyaban contando historias que poco tenían que ver con el tema, pero que muchas veces les dotaban de un cierto matiz interesantes y parecía que estaban contribuyendo a la discusión, aunque en el fondo, a muy pesar suyo, solamente eran historietas que hacán que la conversación disminuyera un poco el nivel para dejarse tocar por la gente del pueblo. También resultaba divertido, pues había anécdotas que nunca venían mal para descargar un poco la seriedad que aquellas palabras encerraban.

Poco a poco, según transcurría el tiempo la gente se iba yendo,  porque muchos tenían que volver a trabajar, o ir a hacer compañía a sus mujeres que se pasaban la mayoría del tiempo en casa cuidando de las cosas del hogar, de los niños y de tener el plato de comida encima de la mesa cada vez que el marido volvía al hogar. De esta forma, el bar se iba quedando cada vez más vacío, mientras Don Alberto y él se quedaban echándose miradas desafiantes.  A nuestro caballero del traje azul, le apasionaban estos duelos de miradas, y pensar como  su oponente le molestaba y tomaba aquel juego como algo de vida o muerte, mientras el estaba tranquilo y realizaba todo aquello como un magnifico actor al que le dan un papel de un vaquero del oeste, el cual debe estar siempre con la pistola cargada con esa mirada desafiante.

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