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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

LA IMPERFECCIÓN DE LA PERFECCIÓN

Aquel era mi mundo. Un mundo donde los sentimientos eran artificiales, todo estaba plagado de movimientos lentos y las palabras siempre eran cordiales y educadas. Cualquiera podría haber pensado que era un lugar ideal, nunca había ningún problema, todo era perfecto. Y para mí, aquello era la mayor imperfección. Nunca podía enfadarme, y si lo hacía nadie podía pensar que estaba loco, porque no estaban preparados para ello, solo recibía palabras que me decían “Lo siendo señor, si os hemos molestado. No volverá a ocurrir. Muchas gracias por su sugerencia”. ¿Mi sugerencia? ¿Había hecho alguna? No recordaba nada, cualquier cosa que imaginaba, cualquier cosa que esperaba, aparecía al día siguiente como por arte de magia.

No luchaba, no tenía sueños, ¿aspiraciones? Una simple ilusión. Recuerdo que un día vi una película en el cine “El show de Truman” me pareció algo fantástica, ¿cómo una persona no iba a ser consciente de que vivía en una serie de televisión? Y ahora era yo, el que al cabo de los años se daba cuenta de que había vivido todo una vida en un sitio que no le correspondía, no era su lugar, el no era perfecto y odiaba el que todo a su alrededor careciera de errores. Suplicaba porque alguien se sintiera como yo, que pudiera amar, que pudiera odiar, que no fuera una simple maquinaba que jugaba a recrear expresiones.

Busqué por todos los rincones, y en cada uno de ellos me encontraba siempre con alguien que se me acercaba y me preguntaba “¿Desea algo señor? ¿Le puedo ayudar?” no, no quiero ayudas, quiero gritar, quiero que alguien me diga que me vaya, que no me atienda, quiero que alguien se cuele cuando voy a comprar el pan, quiero ir a la parada del autobús y que alguien me hable simplemente porque se aburre y me moleste cuando intento leer el final de un libro, quiero tantas cosas que no me podéis dar…

Mis conversaciones siempre terminaban con reproches que me hacía a mi persona, soy una inconformista sin remedio, nunca me gusta nada, siempre quiero salirme con la mía, aunque todo sea perfecto busco la imperfección, y entonces al pensar en ello me di cuenta, ¿Acaso no era el mundo más imperfecto que existía? ¿Por qué me quejaba de su perfección si nunca para mí, esas situaciones que vivía diariamente, podrían ser perfectas? ¿No sería que el que estaba empeñado en alcanzar ese ideal era yo? Así pues, la pieza que no encajaba era yo mismo, porque aspiraba la perfección en un mundo imperfecto, y ¿no es lo que pasa siempre en la vida real?

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