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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

FOTO TRAS FOTO EN LA PANTALLA

FOTO TRAS FOTO EN LA PANTALLA

Allí estaba. Mirando foto tras foto en la pantalla. No les prestaba mucha atención, tan solo tenía la mirada perdida mientras escuchaba el sonido de la tecla del ordenador. ¿Qué podría hacer? ¿Cómo buscar una salida a su gran problema? Aquella mañana se había dado cuenta de que a causa de un error todo lo que creía que había ganado gracias a una herencia de una tía lejana lo había perdido.

 

Está bien, era consciente de que ese dinero le había llegado a sus manos de una forma un tanto extraña y complicada, pero lo había aceptado, lo había acunado, lo había amado desde un primer momento y, tan solo en un instante, lo había perdido todo.

 

Ya daba igual, podía ver las instantáneas tomadas en diferentes épocas de su vida, porque cada una de ellas no volvería a repetirse, y no solo porque la gente había ido entrando y saliendo de su vida, ni porque ella había crecido, sino también porque su nivel económico estaba simplemente en bancarrota. Sus pertenencias se habían reducido a un ordenador, algo de ropa, y a sus recuerdos.

 

Recordaba cuando salió con el primer chico y el beso tímido que le dio en la puerta del portal. Rememoraba como su grupo de amigas se había ido destruyendo a causa del instituto y de la universidad. Anhelaba los cumpleaños rodeada de su familia. Y aquellos días y noches que pasaba con su amante en la cama.

 

Harta de compadecerse decidió salir a la calle con un pequeño monedero que contenía sus últimos billetes de cinco euros, que por desgracia, eran bastante pocos.  Se adentró en un mercado que había cerca de la estación dispuesta a acabar con todo, a fulminar los últimos ahorros que le quedaban. Pero cuál fue su sorpresa cuando vio, que en los puestos no vendían frutas, ni legumbres, ni carne, ni pescado, sino, pequeños tarros con unas etiquetas de colores en los que se podía leer: Felicidad, amor, amistad, cariño, respeto….Además ese día tuvo suerte, porque estaban todos de promoción, “Llévate tres y paga solamente dos”.

 

Comenzó a comprar de todo. En cada uno de ellos encontraba aquello que tanto había echado de menos minutos antes en su habitación mientras miraba fotos en una pantalla de ordenador.

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