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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

PARECIDO A UN SUEÑO

PARECIDO A UN SUEÑO

Tú te alejabas de mí, no sabía el porqué, tan sólo llamé a tu puerta y me abrió una persona que no eras tú. “Lo siento, se ha ido. No te puedo decir a dónde, porque no nos dijo nada. Solo sé que tenía que coger un tren rumbo a algún lugar donde pudiera desconectar de esta ciudad, de este aire. Me dijo que no le buscaras”

 

¿Cómo no te iba a buscar? ¿De verdad esperabas eso de mí? En ese momento me dio igual, fue como cuando le dices a un niño que no tiene que hacer algo y va corriendo con media sonrisa a descubrir el porqué de la prohibición. Así pues, salí apresuradamente para coger el primer autobús que me llevará a la ciudad, donde esperaba encontrarte.  Mientras miraba por la ventana, pensé que tal vez tuvieras alergia al polen y por eso te ibas justo hoy, al inicio de la primavera. En mi interior intentaba buscar razones tontas, explicaciones graciosas que justificaran tu marcha, lo que fuera con tal de no pensar que en realidad, te habías cansado de mí, que no querías volver a verme.

 

Una vez que llegué a mi destino, baje corriendo, me tropecé, me caí al suelo. Estas malditas chanclas no eran las más apropiadas para realizar una maratón, así me las quite, las escondí en un matorral con la esperanza de que estuvieran allí cuando volviera. Ahora notaba los baldosines en mis pies, las pequeñas piedras, alguna que otra hoja de árbol…pero todo me dio igual, porque en aquellos momentos no sentía nada.

 

Me estaba acercando a la estación. Tenías que estar allí, imploraba que estuvieras allí. Había una gran multitud de gente, unos con maletas porque se marchaban de viaje, otras esperando a ver el tren que traía a sus familiares, algunos pidiendo limosna,…, pero no había rastro de él. No era posible, tenía que estar allí, le podía sentir, le veía mirándome con su sonrisa, con sus brazos abiertos dispuestos a abrazarme, a darme un beso en la frente mientras me agarraba cada vez con más fuerza, como si quisiera que me quedara siempre a su lado. ¿Dónde te habías metido? ¿Por qué? ¿Por qué? Daba vueltas, o más bien, todo me daba vueltas. De repente me vi sola en medio de aquella estación, descalza, llorando de impotencia al no poder dar contigo. Me senté en el suelo y espere, espere a que vinieras a rescatarme, pensé en aquellas películas donde siempre aparecían los protagonistas  en el último momento, cuando uno de ellos estaba a punto de tirar la toalla. Pero no ocurrió, no esta vez. Te habías ido.

 

Finalmente comprendí que debía irme, que no pintaba nada en aquel suelo, en medio de aquel lugar. Me habías abandonado, tú a mí, sin ninguna explicación. Entonces ¿por qué venía yo a buscarte? ¿A suplicarte que no te fueras? ¿A decirte que todo cambiaría y que pondría todo por mí parte? ¿Qué iba a comportarme de otra forma? Y caí en la cuenta, de que no podía o que más bien, no quería, porque para mí, todo era perfecto a tu lado.

 

De esta forma, me levante lentamente, me coloque el vestido un poco en un intento de mantener mi dignidad, aunque no lo logre. Me fui con la cabeza gacha, los hombros echados hacia adelante, y dando pasos cortos con mis pies descalzos. La gente pasaba a mi lado, aunque no les notaba, sentía que algunos me miraban con extrañeza pero me dio exactamente igual, acababa de perder todo, acababa de darme cuenta, que me lo había jugado todo a una carta y lo había perdido.

 

Pero justo al cruzar la calle, y atravesar el parque, alguien se me acerco. Me abrazo, no me dijo a penas nada, tan solo “lo siento”. Entonces comprendí que era él. No había cogido aquel tren, no había decidido abandonarme, estaba conmigo, a mi lado. Le abrace tan fuerte como pude, deseando en aquellos momentos que no volviera a escapar, que no volviera a irse. Mis ojos dejaban caer lágrimas, pero en mi boca se dibujaba una sonrisa. Cuando pude separarme un poco, vi su cara, allí estaba, era él. ¡Era él! Le toque, me pase media hora recorriendo su cuerpo para convencerme de que estaba allí.

 

Sobraron las palabras, ya tendría tiempo de que me contará el motivo de su marcha tan repentina. Ahora, solo quería pasear con él. Me dijo que pusiera mis pies sobre sus viejos zapatos, que él me llevaría donde fuera, así que fue lo que hice. Me deje llevar, y me dejaría llevar siempre con él.

 

Al final resulto ser como las películas, ¿pero qué hubiera pasado si se hubiera marchado? Deseche la idea de mi cabeza, sólo quería disfrutar de ese reencuentro, ver los árboles llenos de flores, el movimiento de la gran ciudad, estar en sus cálidos brazos, sus besos apasionados, su sonrisa perfecta, su olor penetrante,…, sólo estaba pendiente de él, de sus movimientos, y de su corazón.

 

Cuando nos dimos cuenta de que estaba oscureciendo decidimos volver. Esa noche se quedaría en mi casa, no volveríamos a separarnos. Corriendo finalmente para coger el autobús, me acorde de mis zapatos, y decidí dejarlos allí, ya me compraría otros más cómodos, que permitieran correr en cualquier momento.

2 comentarios

Microalgo -

Que ella disfrute de esa coincidencia. No suele ocurrir. Uno se va (muchas veces porque ha encontrado a alguien que le gusta más) y el otro se queda.

Lo que pasa es que al poco tiempo (o al mucho, da igual) esa persona se cura y empieza otra vez. Y se da cuanta de que la otra persona no la apreciaba como debía.

Y, como suelo decir, así gira el puto mundo, Lara.

Besotes.

Cain -

tal vez èl era el que necesitaba ayuda, ese podria ser el motivo de su marcha y en vez de un lo siento hubiera dicho a aquella chica llorosa " - gracias, gracias por venir a rescatarme "