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¿ALUMNOS CON PROBLEMAS EMOCIONALES Y DE CONDUCTA? II PARTE

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No nos damos cuenta de que la sociedad ha cambiado, de que la cultura va transformándose, y que la escuela muchas veces reacciona tarde, que no cambia, que a pesar de todas las leyes que se hacen no se producen cambios importantes en el día a día dentro del sistema educativo. Hace poco estuve en el colegio donde estudie desde primero de primaria hasta cuarto de la E.S.O. haciendo prácticas de psicopedagogía, y me parecía increíble que siguieran los mismos rumores, que los profesores siguieran diciendo las mismas cosas, que los pupitres fueran los mismos, con las mismas marcas de tipex, y que lo único que veías diferente eran los alumnos. Su aspecto a pesar de llevar uniforme se había modificado, con faldas más cortas, pantalones más anchos y más maquillaje. Su forma de hablar parecía distinta, tenían otros temas de conversación, escuchaban otra música, su pelo era distinto…es raro encontrarte en un sitio tan igual con unas normas idénticas y en cambio ver todo tan diferente y sentirte fuera de lugar. Porque su cultura había cambiado, la forma de relacionarse no era la misma. Yo me enviaba cartas en clase y ellos se mandaban mensajes por el móvil, al salir del colegio nos veíamos al día siguiente y ahora se veían en el Messenger…sin duda las nuevas tecnologías han ayudado a crear una nueva forma de comunicación que también repercute de alguna manera en cómo se interactúa,  en cómo se relaciona y en cómo se puede llegar a marginar a otros compañeros por no disponer de estos medios. De hecho, durante mi estancia allí, me informaron como habían detectado que a través de estas herramientas electrónicas se estaban formando grupos entre el alumnado, perjudicando a aquellos que no podían acceder, y cómo servían de excusa para excluir a los demás.

 

A través de estas ideas y, haciendo hincapié en la cultura del alumnado, podemos entender mejor como si no aceptas estas normas que se imponen desde grupos más poderosos, o como denominábamos nosotros en clase cuando éramos más pequeños “los guays”, te quedas fuera, y necesitas apoyos para hacer que aunque no pertenezcas a ellos, seas válido, y poder formar otro grupo, y al final, en esas interacciones que se crean entre grupos, en esas normas establecidas entre unos y otros, se forja una cultura mayor dividida muchas veces en pequeños subgrupos. Aunque es verdad que estar sólo,  como se dice en el texto “te priva de protección” y te convierte muchas veces en un blanco fácil. Así pues todas aquellas estrategias que hagan y favorezcan “la incorporación de todos los alumnos en algún grupo reducido de compañeros son de gran utilidad educativa”. ¿Pero de que estrategias hablamos? ¿Qué podemos hacer? ¿Se pueden llevar a cabo en cualquier curso o a cualquier edad? ¿Tienen los docentes la formación necesaria para llevar a cabo estas estrategias? ¿Ayudarán a los alumnos a mejorar su autoestima?

 

A través de mi aprendizaje y durante la carrera de psicopedagogía se ha puesto mucho hincapié en el aprendizaje colaborativo, pero de una forma experiencial, es decir, ¿qué mejor forma de aprender algo que experimentándolo tu mismo?, así pues, conozco algunas de sus ventajas y aunque no soy una experta en el tema, creo que sí que puedo reconocer ciertos aspectos que resultarían bastante positivos para mejorar las relaciones y la comunicación entre los alumnos y entre el profesor – alumno.  Dentro de esta forma de aprender toma un papel principal el alumno, pero también el profesor, el cual, debe cumplir con las actitudes y habilidades que expone Marchesi en su texto:

-                Mantener expectativas realistas pero elevadas hacia estos alumnos y hacia sus posibilidades: en el aprendizaje colaborativo se le concede al alumno mucha autonomía con lo cual estaríamos haciéndoles responsables de su propio aprendizaje y otorgándoles una gran responsabilidad, así pues, podríamos decir que se confía en ellos y en sus posibilidades, y personalmente, puedo añadir que se obtienen buenos resultados, aunque sería más importante el proceso que nos ha llevado hasta allí, que los resultados en sí.

 

-                Comprender las posibles causas y efectos de la conducta disruptiva de los alumnos: es posible que en algunas ocasiones, debido a lo acostumbrados que estamos a la enseñanza tradicional, esta nueva forma de aprender, no sea del gusto de todos los alumnos, y haya jóvenes que se muestren disconformes con el modo de dar la clase o con el profesor, adoptando un comportamiento disruptivo en el aula. Por ello creo que es muy importante que ese maestro sea una persona proactiva, que funcione como un “continente”, que sepa recibir la información que se le transmita y que pueda devolverla de una manera pausada e intentando mostrar distintos puntos de vista a la persona que tiene en frente. Aunque para esto, como bien se dice en el texto, no se puede dejar a la improvisación y hay que tener una gran formación para poder llevar a buen fin estas situaciones.

 

-                Transmitir confianza a los alumnos: como he dicho en un principio, el aprendizaje colaborativo  es una forma de mostrar que se confía en los alumnos, porque el profesor es un guía, que muestra su apoyo y su ayuda a los posibles problemas que puedan surgir, pero no se inmiscuye en el trabajo de sus alumnos, deja que les surjan las dudas, lo cuestionen todo,  y puedan compartirlas con sus compañeros para poder buscar una respuesta. Creo que en esta situación es  en una en la que he sentido que más se confiaba en mi misma por poner un ejemplo, porque por un lado se crean inseguridades al cuestionarte muchos conceptos y parece que entras en un mar de dudas, pero finalmente cuando te pones a pensarlo, ves como te han concedido una gran confianza, porque te han dejado ser y pensar por ti misma, te han dejado descubrir, no te han puesto barreras a la hora de decirte que está bien o que está mal. La relación con el profesor cambia, porque deja de ser una persona que se sube a una tarima para ser alguien que se encuentra a tu mismo nivel, que te puede enseñar pero también tú puedes enseñarle a él, por lo tanto es una confianza mutua que se fragua entre todos los miembros del grupo.

 

-                Ser capaz de expresar lo que sienten los alumnos y también los propios sentimientos: indudablemente en estos procesos, se siente miedo, frustración, y sobre todo te sientes, muchas veces, perdida. Pero porque cuestionas cosas que te habían dado por hecho y tú las habías creído sin más, y al tambalearse esos pilares te sientes envuelta en una gran crisis. Aunque lo bueno de estas crisis, es que no estás sola, porque tienes a tus compañeros, no aquellos que se sientan en un pupitre en la otra fila, sino algo mucho más grande, porque se comparten metas y objetivos comunes. Esa participación que nombraba en un principio se da lugar en este tipo de enseñanzas y ayuda a que las relaciones que se crean dentro de un grupo no sean tan segregadoras dividiendo todo en pequeños subgrupos, sino que se participe más como una unidad. Fuera de las paredes del aula podrán surgir diferentes lazos entre unos y otros, pero no creo que existan esas situaciones insostenibles donde podríamos detectar a los alumnos con problemas de conducta, o situaciones de marginalidad, porque en el aula favoreceremos la comunicación, y la expresión de los sentimientos, fortaleciendo habilidades sociales que nos permiten integrarnos mejor dentro de los diferentes contextos.

 

Con esta filosofía también se permite atender a los diferentes ritmos y necesidades de los alumnos, porque son ellos mismos quienes lo imponen, quienes dirigen la clase. Y se ayuda a que la relación con el profesor  sea más estable, y que haya más confianza, permitiendo que los diferentes conflictos se puedan  resolver de forma más positiva y a través del diálogo.

 

Con todo esto, no quiero decir tampoco que el aprendizaje colaborativo sea la panacea, ni que sea la respuesta a todos los problemas que se producen en la educación, pero sí que es una filosofía que ve las relaciones como más igualitarias y no tan asimétricas, por lo tanto, muchos de esos comportamientos disruptivos dejaran de serlo, por ejemplo: si un profesor prohíbe comer chicle en clase, y si detecta a algún alumno haciéndolo, procede parando la clase, se enfrenta con el alumno, comienza una discusión…podríamos decir que el alumno mantiene una conducta disruptiva, porque según Sanders y Hendry (1997) “la conducta disruptiva es cualquier conducta que entorpece el orden y la disciplina en la escuela y el bienestar educativo de los alumnos escolarizados en ella”.  Pero en cambio, si no llamamos la atención a comer chicle en clase, sino lo vemos como un impedimento para que el alumno aprenda más o menos y no lo destacamos por encima de lo demás, ¿estamos haciendo algo incorrecto o estamos pasando por alto una situación que no impide ni pone en peligro  el bienestar educativo? Al fin y al cabo ¿Qué consideramos disruptivo?, creo que las palabras de entorpecer el orden y la disciplina de la escuela, dependerán de las normas que se hayan creado anteriormente, y que estarán ligadas a la cultura escolar. Pero también creo que tiene mucho que ver con la seguridad y la formación del propio profesorado, y de cómo reaccionan ante estas situaciones. Si el docente es muy rígido o inflexible cualquier comportamiento que vaya en contra de sus creencias, cualquier actitud que pueda interpretar como un ataque a su identidad pueda valorarlo como algo negativo, se le cuestiona delante de todos los alumnos y eso muchas veces es imperdonable. Pero, si por el contrario tomamos esto como una duda, o algo que podamos aprovechar en nuestro beneficio, como un modo de arranque para lo que queremos expresar, puede ser beneficioso. Si el profesor está abierto, se muestra dialogante, y no se ve superior a sus alumnos será más fácil encontrar un punto de encuentro, donde alumnado y docente puedan entenderse. Podemos decir que todo depende de las lentes que se utilicen.

 

A través de todo lo que llevo expuesto, creo también, que queda claro de qué lado estaría si me tuviera que posicionar entre los dos polos que se ofrecen de estrategias de intervención dentro del texto de Marchesi, es decir, las que ponen en primer plano el castigo, la separación, la organización de grupos especiales o la expulsión, y las que creen en la inclusión, la participación, los cambios en el currículo y la educación emocional. Sinceramente, no considero la primera opción como algo beneficioso ni tampoco la entiendo mucho, porque los alumnos se rebelan  contra unas normas, contra algo pactado, y lo único que hacemos es ¿incrementarlas? ¿Administramos castigos que consisten en la expulsión? ¿Separarles en grupos especiales? Es decir, todo lo que queremos que no hagan, en realidad lo estamos favoreciendo, porque estamos prohibiendo su interacción con los demás, les estamos privando de que aprendan esas habilidades sociales que decíamos que harían falta, les restamos herramientas con las que puedan defenderse en un futuro, y al fin y al cabo machacamos su autoestima, les decimos: “no vales para estar con los demás”, les etiquetamos. Y creo que a estas alturas, no creo que haya una palabra que me guste menos que esta: “etiqueta”, porque ello significa unos juicios previos antes de conocer a la persona o como dice Gimeno Sacristán “si sé de qué categoría eres, me comporto contigo y espero de ti que actúes en la dirección que creo está asociada a esa categoría”,  así pues una niña no va a ser Elena por ejemplo, sino que será la alumna de cuarto de la ESO que tiene problemas emocionales y de conducta y de la que esperaremos que no se porte bien, que nos desobedezca, etc., por eso, en este punto me parece importante lo que se dice en el texto de Gary Thomas (2005) de que se debe juzgar el acto y no la persona y que estos sistemas de categorías resultan muchas veces engañosos, además de que “se debe pasar de ser etiquetador de factores negativos a ser quién identifica una necesidad en el niño”, por lo tanto no es señalar y categorizar, sino comprender y ayudar.

 

Pienso que está bien que seamos conscientes de que existe este problema, o una necesidad por parte de este tipo de alumnado, pero ¿qué alumno no la tiene? Todos tenemos, como he dicho en un principio diferentes tipos de necesidades que tendrían que ser respondidas por el sistema educativo o como señala Gimeno Sacristán “en la escuela existe la heterogeneidad. La diferencia es lo normal. Si la variedad intraindividual e interindividual son normales y son manifestaciones de la riqueza de los seres humanos, deberíamos estar acostumbrados a vivir con ella y a desenvolvernos en esa realidad […] la educación en las instituciones escolares  debería enfrentarse de manera natural con la diversidad entre los sujetos, entre grupos sociales y con sujetos cambiantes en el tiempo”

 

En conclusión, creo que nuestro foco principal debería estar en el niño con estos problemas emocionales o de conducta, en ver cómo se siente, que piensa, que anhela y que le preocupa, porque como hemos visto a lo largo de los textos, normalmente tienen baja autoestima, y en realidad se comportan así porque creen que es la única forma de defenderse, y considero importantísimo enseñarles que hay algo más, que existen otras formas de actuar, que los conflictos se pueden solucionar de diferentes formas, y en concreto que no tienen que reaccionar así para poder sentirse aceptados porque hay otros caminos que son más favorables y por los que pueden obtener mejores resultados.  Esto, se hará siempre desde un tratamiento globalizado, es decir, como expone Thomas se debe tener en cuenta el contexto, y la institución donde se enmarcan estas necesidades. No sólo hay que centrarse en el niño, sino en todo lo que le rodea. Porque, de lo contrario, estaremos poniendo todo nuestro empeño en un sujeto aislado olvidándonos que está inmerso en un contexto más amplio.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-          Gimeno Sacristán, J (2000). El sentido educativo de la educación obligatoria. Madrid. Morata.

 

-          Clough, P; Garner, P; Pardeck, J.T; Yuen, F (2005) Handbook of emotional and behavioural difficulties. Londres. Sage Publications.

 

-          Marchesi, A (2004) Qué será de nosotros los malos alumnos. Madrid. Alianza.

 

-          Stephen R. Covey (1997) Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Barcelona. Paidós.

 

-           http://ficus.pntic.mec.es/~cprf0002/nos_hace/desarrol3.html (Última consulta día: 10 de Enero del 2009)

Lunes, 26 de Enero de 2009 10:46 laraalcantaragonzalez #. doctorado

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gravatar.comAutor: ODGA

CONSIDERO IMPORTANTE INFORMAR AL PROFESORADO Y POBLACION EN GENERAL SOBRE LOS PROBLEMAS EMOCIONALES Y DE CONDUCTA.
ADEMAS DE PUBLICAR SOBRE HERRAMIENTAS PARA ATENDER S DIFERENTES CASOS.

Fecha: 18/03/2009 23:24.


gravatar.comAutor: beats by dre headphones

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Fecha: 16/12/2010 10:55.


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