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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

PROGRAMAS DE INTERNVENCIÓN EN EL MALTRATO

En este comentario crítico de las lecturas de esta sesión me he centrado, sobre todo, en divisar las diferencias que pueden acarrear los dos tipos de programas de intervención que se nos presentan.

 

Así pues, a lo largo de las dos lecturas previstas para tratar este tema, encuentro primeramente dos posturas a la hora de intervenir en el maltrato por abuso de poder que se da en las escuelas:

 

-          La primera de ellas y que se encuentra en el artículo de “Knowledge, use of and attitudes towards peer support: a 2- years follow to the Prince´s Trust survey”, es que se centra mucho en aquellos sujetos que son o bien víctimas o bien agresores, y en cómo se puede mejorar  su situación partiendo de un sistema de apoyo.

-          Y en la segunda “ Using EQUIP for educators to prevent peer victimization in secondary school”, la intervención se realiza en un plano mucho más global, es decir, no se centra tanto en aquellos que sufren o producen el maltrato, sino que aborda el problema desde el contexto, la conciencia y el clima del aula, puesto que se considera que si estas variables mejoran, también se reducirán las situaciones de maltrato.

 

Otra diferencia que encuentro básica entre los dos programas de intervención que se llevan a cabo es la finalidad que tiene cada uno, es decir, los dos pretenden reducir el maltrato, pero ¿de qué forma?  Considero que el primero, el que presenta un sistema de apoyo para víctima o agresor, va mucho más enfocado a “reducción del daño” o a “remediar el problema”, en cambio el segundo que se nos presenta va encaminado a prevenir esas situaciones en las que se puede llegar al maltrato. Por ello, creo que este último, el programa EQUIPAR sería mucho mas beneficioso, porque no pone etiquetas, aborda el problema desde las relaciones y el clima del aula, y se centra más en la prevención, aspecto que me parece importantísimo a la hora de intervenir.

 

Asimismo, como hemos venido diciendo a lo largo del curso, pienso que al no haber un perfil claro y unas características que se puedan atribuir a aquellos que maltratan o a los que son maltratados, es importante que los destinatarios con los que actuemos y realicemos estos programas de intervención deban ser la población escolar. Puesto que además, puede que muchos de ellos puedan ser testigos de lo que está pasando y es clave su intervención para poder reducir estas situaciones.

 

Como comenté en clase, en estos casos en los que se van a desarrollar programas de estas características me parece vital el conocer la cultura del centro, las relaciones que se están dando en el aula, el clima, los valores, las creencias, las normas de convivencia que se exponen en el centro, etc. puesto que esto, nos va a dar “pistas” de aquellos aspectos que serían importantes trabajar, de que carencias pueden existir, o de que influencia puede tener en las relaciones que se están creando tanto de alumnos-alumnos, como de alumnos- profesor.

 

Es decir, considero que tenemos que ser conscientes de que no hay una fórmula mágica, un programa que estemos seguros de que va a funcionar en cualquier colegio independientemente de las circunstancias que le rodeen, puesto que en cada uno de ellos, y como hemos hablado igualmente muchas veces de la enseñanza, ese programa se tendrá que adaptar a las necesidades de los alumnos, y partir de ellos mismos, de lo que consideran importante, de lo que demandan, para intentar dar respuesta y que el programa sea eficaz.

 

Además, también sería conveniente estudiar y analizar la percepción que tienen los alumnos y alumnas, y la profesora sobre los programas que se realizan en el aula y en el centro, puesto que al analizar sus creencias, lo que ven, lo que reciben podríamos presagiar de alguna forma la continuidad y el éxito del programa, y comprobar que si estas perspectivas son positivas es probable que la intervención no quede como algo puntual y extraviado dentro de la escolaridad. Y de esta forma, poder también, evaluar el verdadero efecto de nuestra intervención.

 

Centrándonos en este tema de los alumnos y alumnas y los profesores, me llama también la atención la pregunta de ¿cómo se sienten ellos ante la diversidad de programas que se ofertan? Es decir, ante los dos programas que se presentan en las lecturas, ¿cuál prefieren? En aquel que hace referencia a los programas de apoyo, se percibe como el alumno/a debe ir a una sala aparte, o pedir ayuda a otro alumno que recibe un entrenamiento, pero siempre se le ve “sólo ante el peligro”, es decir, debe decidir pedir esta ayuda, tiene que pensar en sí le ve alguien o no cuando va, qué consecuencias puede traerle su actuación, que otros caminos tiene para poder solventar su problema, etc. en cambio a través del otro programa más preventivo, todos pueden recibir esta ayuda, no está focalizada, el sujeto no piensa en que tiene un problema, o es diferentes, no se le va a etiquetar, porque es una acción destinada a todo el grupo. Y esto es clave, porque como venimos diciendo el maltrato se produce dentro de las relaciones que se producen en un grupo, así pues para intervenir tendremos que tener presente esta idea, y partir del grupo para poder conseguir mejorar las relaciones y hacerlas más igualitarias, sin que haya tantas diferencias en el poder que puede regentar cada uno de los alumnos o alumnas.

 

Finalmente,  y para concluir, me parece muy importante hacer énfasis en varias cosas que se han podido ver a lo largo de mi comentario, y son: los programas deberían tener un carácter preventivo, deberían estar focalizados a toda la población escolar, es decir, tanto a alumnos/as como a profesores/ as, deben partir de las necesidades de cada grupo, se deben tener en cuenta aspectos como la cultura o el clima (tanto escolar como de aula), y debemos contar con la percepción de los sujetos protagonistas, para de esta forma poder evaluar el programa y su efecto en las relaciones que se mantienen tanto dentro como fuera del espacio escolar.

BIBLIOGRAFÍA

 

ü  COWIE, H; NAYLOR, P; TALAMELLI, L; CHAUHAN, P & SMITH, P. K. (2002) Knowledge, use of and attitudes towards peer support 2 years follow- up to the Prince´s Trust survey. Journal of Adolescence, 25, 453- 467

ü  VAN DER MEULEN, K; GRANIZO L & DEL BARRIO, C (2009) Using equip for educators to prevent peer victimization in secondary school. Journal for research in character education

 

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