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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

¿CONEXIÓN?

Pensé que ya nos conocíamos. ¿No eras tú el que comenzó a andar a mi lado aquel día? ¿El que se cogió el mismo autobús que yo, y escuchaba música a un volumen que propiciaría la sordera? ¿El que tras cruzar la esquina dio al botón rojo  y bajo con un salto? Me parece que nos dirijamos al mismo sitio, o en su defecto, a lo mejor me venías siguiendo, o tal vez yo a ti. Cuando dos personas comienzan a andar y a encaminar sus pasos al mismo destino no es fácil distinguir quien sigue a quien, porque todo el trayecto se basa en pequeños adelantamientos, por la derecha, por la izquierda, siempre que veía un hueco intentaba colarme por él, para llamarte la atención. En ese momento no era consciente pero creo que era por eso. No  podía soportar la idea de que no me vieras, ¿qué hacías? Ibas tan sumergido en tu música que parecía que no vieras ni oyeras todo lo que estaba ocurriendo a tu alrededor.

Así que, tenía que pensar algo, el colarme por los huecos no me servía, porque a la más mínima oportunidad tu pasabas rápidamente por mi lado, y yo me quedaba más rezagada, observando tu graciosa forma de andar. Estuve a punto de acercarme quitarte los cascos  y decirte - ¡Hola! ¿A dónde te diriges? Creo que vamos al mismo sitio, pues llevas una carpeta, me suena tu cara, y cerca de aquí esta mi universidad, ¿eres nuevo? ¿Qué estudias?...- Ya ves  te comenzaría a acribillar con preguntas, que seguramente, te parecerían entupidas. Es más pensarías que no eran de mi incumbencia, y yo al verte la cara me pondría más nerviosa, no hilaría bien las frases, y me comenzaría a poner roja.

A unos cien metros aproximadamente cruzaste de acera y seguiste tu camino a la izquierda. Estuve a punto de gritarte -¡Oye! ¡No es por ahí! ¡Te has equivocado! Pero no me atreví, comprendí que no todas las personas con una carpeta van a la universidad, que no todos mis pensamientos  son verdaderos, y que al fin y al cabo…, no te debería haber dejado escapar. Ahora ya me ves, soñando de nuevo con un nuevo encuentro en el autobús que me deje sin respiración como aquel día. Porque no se que opinareis vosotros pero creo que hay con gente que aunque no la lleguemos a conocer estamos unidos por alguna fuerza extraña, ¿química? ¿Genes? ¿Atracción?, no lo se, pero ocurre cada día y la verdad, es que me encanta sentirlo.

COMO UN CUADRO DE DALÍ

COMO UN CUADRO DE DALÍ

Un momento. Todavía no estoy. Son las sabanas que no me dejan salir de la cama. ¿El libro? Si, puede ser, tal vez el sea el culpable de que no pueda ver mas allá de sus hojas. ¿La historia? Bueno, el argumento es un poco complicado, ya sabes, tiempos diferentes, perdida de memoria, antiguos amigos que se vuelven enemigos… todo lo que tiene que tener una buena historia de misterio e intriga, y que hace que no pueda salir de aquí. ¿La realidad? No, creo que no me gusta, carece de aventuras, ¿Qué porque no las busco? Porque nunca he tenido la valentía de los personajes de ficción, no se, tal vez, sea lo desconocido que me lleva a salir corriendo y refugiarme en mi rutina.

¿Qué te llame? Espera, no estoy preparada, ya me ves, sigo en la cama con el pijama puesto, y… ¿El pelo? Debería entrar en la ducha y quedarme allí. Necesito pensar en nada, poner la mente en blanco y separar los sueños de la realidad. Creo que es mi problema, junto a mi fantasía, la de los libros, la de los sueños con la maldita realidad que se me cruza en el camino. ¿Qué quiero? Buena pregunta, simplemente, no lo se. Supongo que seguir adelante, no parar en el camino, tomar café sin que me siente mal,  poder dormir, no pensar, y solamente limitarme a vivir.

Vivir. No pongas esa cara. Mucha gente dice que esta viva, en cambio, no se da cuenta que solo pasa por la vida, pero no la vive. ¿Cómo se hace? No te lo puedo decir, es un secreto, una formula que cada uno debe encontrar, yo estoy en ello, haciendo ecuaciones, derivadas…y todas esos conceptos matemáticos que nos enseñan cuando tenemos que pasar la selectividad.

No me hagas más preguntas, no quiero contestar más, soy incapaz de dar una respuesta coherente, o por lo menos hoy, ¿no me ves? Se que te lo digo con una sonrisa en la boca pero, esa sonrisa es la mera reacción al tenerte en frente. Mis ojos, dices que brillan cuando sonrío, por eso, intento estar siempre así, para que nunca te pierdas en el camino que lleva a mi cara y con el a mi boca. Vale ya, no quiero preguntas, solo quiero el silencio, que la distancia entre nosotros sea mínima y sentirte tan cerca que le cueste al aire pasar entre nosotros. Si, efectivamente, no te rías tu ahora, ese aire que a mi me falta, lo se, no tengo voz, no puedo respirar, y tal vez el estado en el que encuentro ahora no sea el más sexy del mundo, pero oye… ¿no me puedes negar que ser larga no tiene sus ventajas?

¿Sentido? No, efectivamente, no debes leer esto dos veces, ni buscar lo que quiero decir, ni leer entre líneas, simplemente porque carece de él. Es como los cuadros de Dalí, que es todo un mundo de fantasía, en el que distintos elementos disparatados, sin sentidos unos con otros forman ese espectáculo que vemos ante nosotros. Y es que a veces, hay que dejar a la mente viajar por todo lo que nos pasa, todo lo que pensamos de repente se debe de escribir, porque…¿Qué pasaría si llegara a tener sentido? ¿Te imaginas? Sería genial, escribiríamos y de repente todo se ordenaría creando un mundo donde todo estaría donde debería estar. ¿El espacio vital? Claro cada uno tendría el suyo, pero a nadie le importaría  compartirlo, esta claro que yo quiero compartirlo, creo que me encuentro un poco sola en el mío, bueno exceptuando a la hora de dormir, me niego a que lo invadan, pero por el bien de la otra persona, no quiero  que se levante cada dos por tres y piense que soy una lagartija que no paro de moverme, así pues, para compartir  conmigo ese espacio debes pedirme permiso.

Así que, permíteme la licencia de seguir hoy así, con mis ideas revueltas, pensando que todo es perfecto, que qué más da que tenga las gafas sucias si puedo ver más allá.  Ahora me limitaré a coger mi libro, “Doble juego” de Ken Follett, si, ese que escribió también los pilares de la tierra, me tumbaré en el sillón y me convertiré en ese personaje que no sabe lo que esta pasando pero se muere por llamar a Lucke y decirle que cuente conmigo para salir de esta.

Espero que nos veamos pronto, tal vez… ¿mañana? ¿O será un poco pronto para volvernos a saludar?, ¿si te parece bien el martes o el miércoles pero de dentro de un mes?, podemos quedar… ¿En Egipto? No se si te parecerá bien, pero me han dicho que hay unas pirámides que deberíamos ver algún día o tal vez…en Finlandia, me gustaría estar en el fin de la tierra y ver cuantas horas hay de luz y cuantas de oscuridad, aunque no desprecio la idea de viajar a Brujas, dicen que es la Venecia del norte, con casitas muy pequeñas y con un rico chocolate, seguro que encontramos algún bombón de esos que hacen que nos perdamos en su sabor, aunque mejor te espero hoy mismo, ¿dónde? Parece mentira que me hagas esa pregunta, ya sabes, donde siempre, en la segunda estrella a la derecha, hay giras y me encontraras, espero que no te pierdas por el camino, aunque si tienes algún problema pregunta al astronauta que deambula por aquel planeta donde nos conocimos, ¿de acuerdo? Te estaré esperando, no llegues tarde.

LA GRAN FRASE DEL DÍA

<i><b>TIENES QUE MADURAR...</b></i>

 

PD: "mirada tras el cristal" esta en paron a causa de problemas entre los personajes

EL MUNDO ESTA LOCO, Y YO CON EL

Algunos dirán que comenzar una relación cuando se es adolescente es cosa de locos, porque no se sabe amar, no puedes comparar, no se tiene una teoría del amor, no puedes decir “te voy a querer toda la vida” porque no puedes racionalizar lo que sientes para poder afirmar eso. Pero lo más curioso es que me lo dicen personas que no saben amar, no saben lo que es querer, y tan solo juegan y juegan a teorizar, a decir cosas que leen en los libros a rellenar el tiempo y el espacio con palabras, que a mi forma de ver no me explican nada, es mas ni siquiera un poquito, no encuentro nada en ellas que me confirmen lo que siento, que se aproxime ni tan siquiera a lo que pasa por dentro de mi cabeza.

Porque esas personas no pueden hacerse a la idea de que amar, es un sentimiento, se puede intentar saber donde se producen dentro del cerebro, pero no se puede definir, que vas a decir, que el amor es el sentimiento que hace que…

En cuanto queramos encerrar los sentimientos en palabras perderán su esencia, el estar triste o el estar alegre es independiente en cada persona, es decir, yo puedo estar triste por alguna razón tonta que no tiene mucho sentido, que tal vez a otra persona le haga estar alegre porque de todo lo que la esta pasando es lo menos malo. No se si me explico, pero es que hoy creo que el mundo se ha vuelto loco. Estoy en una carrera que se llama psicopedagogía donde se supone que tendría que estar aprendiendo psicología, en cambio cada día conozco a más gente que me descoloca, que no entiendo, que hago por meterme en sus cabezas para saber un poco lo que piensan y en cambio me encuentro perdida en una sensación extraña.

Cada día las personas son menos autenticas, se empeñan en decir, en hacer, para luego contradecirse totalmente, ponen buenas caras, te invitan, para luego ver que es mentira, que es un intento de quedar bien.

Mi amigo Microalgo, si algunas características que le definen son la impaciencia y el miedo a la soledad, le debo decir que una de las mías es que odio a la gente que miente, que se aleja de ser sincera para poner buenas caras y más tarde te ofrece en la guillotina en cuanto menos te lo esperas. Esto es lo que hacen muchas de estas personas con el don de la palabra, ya que no la utilizan para hablar de la verdad, si no para embaucar con engaños, simplemente prefiero el silencio, las pausas, las miradas perdidas, el no saber que pensaran a que me cuenten historias falsas.

Tal vez, por esto, llevo cuatro años con una persona que no me cuenta cuentos, que no me enreda en palabras, en algodones, simplemente me dice las cosas como lo siente, como piensa y me ayuda mucho mas que otras que intentar utilizar su psicología conmigo. No hay doble vuelta en él y aunque a veces no lo demuestre y yo me queje por cosas que debería hacer, se que en cada palabra que dice me esta diciendo la verdad.

Una vez me dijeron que con las personas que no te importan no te puedes enfadar, pero ahora reflexionándolo no pienso que sea así, es mas, es justo todo lo contrario, o por lo menos es todo lo opuesto a lo que me pasa a mi, porque no me puedo enfadar con una persona que quiero, soy incapaz, me puede molestar o doler algo, pero ¿enfadarme? No creo que si quieres a una persona puedas enfadarte y dejar de hablarla porque en realidad la necesitas y todo lo que se pueda haber dicho o hecho en un momento puntual queda olvidado. En cambio, si no quieres de verdad a la persona dará igual el enfadarse o no, es más ni te pararás a arreglar algo, porque en realidad no tiene sentido, hasta con una persona que no conoces y te quita la camiseta que querías en una tienda justo en el momento que la vas a comprar te enfadas, es un ejemplo algo tonto, pero la sensación de enfado porque la mujer del abrigo marrón te la ha quitado de tus manos se produce, o cuando estas en un gran aparcamiento sin un sitio donde aparcar  y el SEAT de delante te quita el que estabas buscando, te enfadas, aunque luego se te pasa si ves que el que sale de el es tu amigo de toda la vida, entonces le saludas alegremente, y te vas feliz porque hacia mucho tiempo que no coincidíais.

Así pues, no se si es que a la palabra “enfadarse” le doy un significado distinto al resto del mundo, pero sigo manteniendo que una persona no se puede enfadar con otra a la que quiere, simplemente habrá una discusión, una pelea, pero no llegará a más de ahí, porque pesa más lo bueno que el resto.

Intento contar el día, por las cosas buenas que me pasan, y la verdad es que el día de ayer sería uno de los mejores del calendario, porque me di cuenta de que todavía en este mundo de locos como he dicho antes sigue habiendo personas sinceras, que son transparentes, y se sabe como son desde el principio hasta el final, que no tienen miedo a decir lo que sienten, y lo expresan de forma clara. Tal vez, si ahora lee esto alguien me podrá acusar de que yo peco de no hacerlo, pero seguramente tampoco se pregunte el porque no lo hago. Hablamos con la gente que nos transmite confianza, que sabemos a ciencia cierta (aunque a veces nos equivocamos) que no nos van a fallar. Y... ¿Cómo lo sabemos? Es otro temido pre sentimiento, que en el fondo no tiene explicación, se pueden dar razones, pero no por racionalizarlo se puede dejar o empezar a sentir.

Y aquí supongo que volvemos al mismo termino de siempre, el que nos acompaña siempre que hablamos de amor, de felicidad, de confianza, de amistad,…, el tiempo, ese que dicen que deja todo en su lugar, el que parece que necesitamos para poder ver las cosas desde una perspectiva más lejana, para ser más conscientes de lo que hacemos o sentimos.

Así que, después de cuatro años, mi amigo, me ha hecho ver de una forma clara pero todavía sin darme explicaciones que te quiero.

Una vez me dijeron que era una chica con toda mi vida muy bien estructurada, que sabía muy bien lo que quería y las personas y cosas importantes que formaban mi vida, y en ese momento sentí que no me conocían, que era inestable por naturaleza. Pero ahora me doy cuenta de que no, que tengo una coraza que la uso para que no me hagan daño, que tal vez dejo pasar a mi lado personas que valdrían la pena sin darme cuenta, pero se que las que están a mi lado, están ahí, que son mi pilares y las que me sostienen, que da igual si no nos vemos todos los días, o no hablamos cada semana, porque las quiero, porque cuando nos vemos es como si no hubiera pasado el tiempo, porque me gusta el que no me exijan y que me quieran por quien soy simplemente, sin dar rodeos, en el fondo que me conozcan y yo a ellas, que se establezca un lazo tan fuerte que la distancia no pueda romper, todo esto parece cosas de niñas pequeñas pero es que en realidad la amistad creo que es eso, el aceptar a las personas tal y como son y apreciarlas simplemente por lo que te dan.

(4ª Parte) MIRADA TRAS EL CRISTAL

Por otra parte, el se moría de ganas de verla. Todas las mañanas se enfundaba en ese traje azul, que se compro un día en uno de sus constantes viajes a Londres, por eso, era tan elegante, por eso y por su percha, porque un buen traje no puede quedar bien si la persona que va debajo de las telas no tiene esas espaldas  anchas, esa altura, esa mirada, si no esta bien proporcionado, y él, la verdad es que tenía cualidades para eso y mucho más, pues cualquier cosa le vendría bien, podemos decir, que hasta con el pijama blanco, la bata por encima para resguardarse del frío y las zapatillas de estar por casa seguía siendo el hombre mas galán en toda España y seguramente en parte del extranjero. Importaba poco, o más bien nada, el atuendo que podría llevar en una ocasión u otra, ya que lo más elemental era su buena educación , su saber estar, su forma de hablar…que dejaba a todos con la boca abierta cada vez que daba su opinión sobre algún tema de actualidad, nadie podía contestar, todos cerraban la boca porque no eran capaces de contradecirle, y es que ninguno de los caballeros del pueblo había viajado tanto como él, habían visto tanto mundo y ninguno había estudiado la vida como lo hacía el, desde su perspectiva. Incluso en algunos casos en los que no llevaba razón, hablaba con tanta rotundidad  que las personas le seguían e incluso realizaban un gesto de afirmación con su cabeza. Esto molestaba mucho a Don Alberto, un joven descendiente de muy buena familia, también había recorrido mundo en compañía de su abuelo, un marques que obtuvo ese título por casarse con una aristócrata, de belleza un poco ruda, pero con un bolsillo repleto de dinero. Don Alberto no tenía la misma carisma, tenía muchos conocimientos pero no sabía expresarlos, le faltaba templanza, tranquilidad, porque en cuanto alguien estaba en desacuerdo con él, elevaba el tono de voz y hablaba con palabras que nadie entendía por lo refinadas que eran, y esto en vez de darle fiabilidad, se la restaban, pues los demás creían que, en realidad, no sabía nada y solo aprendía palabras sin sentido para quedar por encima de ellos.

Las luchas dialécticas entre estos caballeros  hacían que en la pequeña cafetería existiera solo una conversación. Era mejor que los partidos de fútbol, que los combates de boxeo, porque había dos grandes oponentes, y se tenía constancia de que cada vez que se reunían siempre salían conclusiones precisas, ideas nuevas, conocimientos que a muchos hombres les hacían ampliar sus horizontes. Nunca una conversación con su presencia podía ser aburrida, pasaban de un tema a otro con facilidad, la agilidad mental era increíble y todos callaban a su alrededor, para más tarde, casi al finalizar apoyar a nuestro caballero y gritar- “¡Tiene razón! ¡Todo lo que dice es cierto! Porque estando yo en…”. De esta forma los hombres del pueblo le apoyaban contando historias que poco tenían que ver con el tema, pero que muchas veces les dotaban de un cierto matiz interesantes y parecía que estaban contribuyendo a la discusión, aunque en el fondo, a muy pesar suyo, solamente eran historietas que hacán que la conversación disminuyera un poco el nivel para dejarse tocar por la gente del pueblo. También resultaba divertido, pues había anécdotas que nunca venían mal para descargar un poco la seriedad que aquellas palabras encerraban.

Poco a poco, según transcurría el tiempo la gente se iba yendo,  porque muchos tenían que volver a trabajar, o ir a hacer compañía a sus mujeres que se pasaban la mayoría del tiempo en casa cuidando de las cosas del hogar, de los niños y de tener el plato de comida encima de la mesa cada vez que el marido volvía al hogar. De esta forma, el bar se iba quedando cada vez más vacío, mientras Don Alberto y él se quedaban echándose miradas desafiantes.  A nuestro caballero del traje azul, le apasionaban estos duelos de miradas, y pensar como  su oponente le molestaba y tomaba aquel juego como algo de vida o muerte, mientras el estaba tranquilo y realizaba todo aquello como un magnifico actor al que le dan un papel de un vaquero del oeste, el cual debe estar siempre con la pistola cargada con esa mirada desafiante.

(3ª Parte) MIRADA TRAS EL CRISTAL

Cada día que pasaba acudía a la cita, quería verla en aquel balcón de hierro forjado, identificarla entre aquellas plantas, ver como se encontraba cada mañana, que día estaba más alegre, o que días parecía que la luz que rodeaba su silueta iba en disminución.

Por su parte, ella, solamente salía sin más a dar un poco de vida a aquellos seres vivos que dormían entre las macetas. Habrá personas que digan que hablar a las plantas es una tontería, pero ella no, es  más, no se conformaba solo con hablarlas si no que de vez en cuando les recitaba alguna canción que recordaba  del tiempo en el que su vecina del piso superior era una cantante de cabaret, la verdad, muy divertida. Normalmente salía con trajes de plumas, y vestidos muy cortos, y su cara parecía un gran cuadro, porque iba muy pintada, aunque para nuestra pobre chica del primer piso, le parecía que esa pintura provenía,  en vez de unas pequeños pinceles que se utilizan para repartir el colorete por la cara, de unas autenticas brochas de pintor, porque  no entendía como los colores se podían mezclar tanto unos con otros, y como los ojos podrían parecerse a dos tomares de un tono rojo intenso. El caso, es que esta señora, que no es que estuviera en su época de juventud, pasaba el día escuchando canciones alegres en un viejo aparato de esos que, en cierta ocasión, confeso que lo había robado de un viejo teatro donde la despidieron y encima no le entregaron la paga de su última actuación. Al final, se dijo que estando dentro del teatro donde actuaba conoció a un gran hombre que la prometió fama y dinero en el extranjero, y rápidamente partió hacia su nueva búsqueda de la felicidad.

La persona que le había mantenido la casa arrendada durante un año y medio, al ver el destrozo que había formado en el piso decidió mantenerlo cerrado, si, efectivamente, a esta señora le sobraba el dinero, ya que no era muy normal tener un apartamento cerrado por esta época, pero las personas que gozaban de unos buenos ingresos en ocasiones se lo permitían, y lo conservaban como un lugar para hacer, alguna que otra vez, una reunión con sus amigos o algún baile ciertos días que caían en fiesta.

Así pues, ella ya no tenía vecinos ni arriba ni abajo, su piso, exceptuando porque se situaba en la calle principal de la ciudad gozaba de un silencio permanente, ya nada la perturbaba a las cuatro de la mañana, solo algunos hombres borrachos que volvían a sus casa o buscaban otro bar abierto donde poder seguir bebiendo y contando batallitas acerca de cuando estuvieron en la primera fila del batallón H45 defendiendo su país ante el ataque de aquellos que venían a saquearnos, destruirnos y violar a nuestras mujeres.

Ese silencio, era lo que la conducía a pensar con más ganas y más intensamente en él. Porque a veces, el estar callada tanto tiempo lleva a vivir como en un sueño, donde se imaginaba sus conversaciones, sus risas, como sería cuando se levantara por la mañana, el darle un beso nada mas abrir los ojos, y el prepararle el desayuno. Sería la mejor esposa,  porque sería la que más le querría. No concebía sus risas, cuando estaba hablando con otras señoritas allí, en frente de su casa, pues esa sonrisa no sería verdadera hasta que estuviera a su lado.

Puede parecer vanidoso, o prepotente el pensar que una persona solo puede ser feliz completamente a nuestro lado, pero es lo que hace pensar la enfermedad del amor, y sinceramente, nuestra protagonista casi podría haber muerto por ella porque los doctores hubieran dicho que ya no se podría hacer nada, pues era un caso crónico y su diagnostico era: enamoramiento  profundo con chispas de pasión intensa.

(2ª Parte) MIRADA TRAS EL CRISTAL


Las doce en punto. A esa hora salía puntualmente cada día, el protagonista de nuestra historia. No es que fuera una persona meticulosa a la que le gustaba planear cada paso que daba, pero justo a esa hora, era cuando la calle se llenaba de gente, de señoras que iban con una bolsa de tela, normalmente de cuadros de colores vivos  a hacer la compra, de hombres  y caballeros que realizaban su descanso en el trabajo para poder almorzar, tomarse un café caliente y hablar con los amigos sobre lo que debería hacerse para que la economía del país subiera y ellos no tuvieran que pasar el día trabajando. A él estas conversaciones no le interesaban demasiado, pero le gustaba ver como se volvían locos y discutían por cosas que ellos mismos desde su posición no podrían hacer nada.

Esa mañana, cuando se paro en el escaparate de una tienda de sombreros vio el reflejo de una mujer, de aspecto desaliñado, pero que le fascino completamente. Era especial, no poseía lujosos vestidos y tan solo llevaba un camisón color rosa. No había visto tanta inocencia, naturalidad y tristeza junta en una sola mujer. Cuando se dio la vuelta para ver la realidad, ella ya no estaba, se había esfumado ¿tanto tiempo se había quedando admirando su reflejo en el escaparate? Para el no había pasado ni un segundo, pues se había quedando vagando,  absorto en sus pensamientos.

A partir de aquí, sabía cual era su meta, ya nada le parecía lo mismo, todas las mujeres que se le acercaban por su gran atractivo ya no eran idénticas que hacía unos días, pues estaban recubiertas de mascaras o simplemente eran tan simples que no había ninguna que resaltara ante la que estaba a su lado. Todas decían lo mismo, “buenos días” por la mañana, “buenas tardes” a partir del mediodía, y agachaban la cabeza por la noche para que no se supiera que a altas horas habían estado en alguna taberna realizando algo impropio de una bella dama.

Estaba todo tan preestablecido, que lo único que le causaba era aburrimientos, porque el solo la buscaba a ella, sabia a ciencia cierta, que nunca seria como las demás, que tendría ideas brillantes, que no la importaba salir en camisón a la calle porque no ponía interés en lo que la alta clase chismorreaba a sus espaldas. Además pondría la mano en el fuego, porque a pesar de la debilidad que transmitía era una de esas personas que con el paso del tiempo podían vencer todas las barreras y obstáculos que encontrará en su camino.

Cuan equivocado estaba, pensando todo esto y no sabía que el peor miedo que poseía aquella muchacha era él.

MIRADA TRAS EL CRISTAL

MIRADA TRAS EL CRISTAL

Era una vieja mesa de madera de un color claro con un pequeño jarrón de cristal que contenía un ramo de rosas de colores pálidos, creo que las compró en una pequeña floristería que estaba a punto de cerrar, o al menos eso parecía por el pequeño cartel que se colocaba en el medio del escaparate con la palabra liquidación, aunque tampoco era muy fiable porque tenia ya un aspecto viejo y deteriorado, al igual que las flores que se encontraban en el interior. La tienda se situaba cerca de la casa donde ella vivía, solo a unos metros y a cinco minutos andando con paso distraído y vacilante, como solía pasear cuando salía a  la calle.

No salía mucho porque en realidad le gustaba estar en casa mirando tras los cristales, más bien oscuros, que tenían las ventanas de su casa. Le encantaba mirar las ropas, los sombreros, los carromatos, los niños corriendo y jugando con una pequeña cuerda que se les quedaba corta para poder saltar con facilidad…y sobre todo le encantaba observarle a él. Un gran caballero, esbelto muy alto y con una sonrisa picara que asomaba debajo de su sombrero, sus ojos no sabría como describirlos con precisión,  porque cada día cambiaban de color, dependiendo de la luz, a veces parecían verdes, otras veces más bien grises y otras eran de un color marrón claro. Pero lo que le llamaba mucho su atención eran las manos, nunca había observado unas manos tan perfectas, además jugaban con el paraguas de una forma peculiar, le daba vueltas, luego un pequeño balanceo e inmediatamente una vuelta más rápida que la primera. Era gracioso, su forma de andar no era perfecta, es mas, a unos doscientos metros podría identificarle sin ninguna dificultad, porque al andar parecía que bailaba, además al ser tan alto no era complicado el distinguirle.

Era el, simplemente un hombre feliz, que no tena miedo, seguro de si mismo, justo todo lo que ella buscaba, justo todo lo opuesto a ella misma. Le adoraba, le fascinaba, se volvía loca cuando observaba que hablaba con otras mujeres, siempre con su paraguas y con ese traje azul que tanto le gustaba lucir. Y ella se enfada consigo misma por no tener la suficiente valentía para acercarse, para entablar una conversación con el, ¿pero que le podría decir? No solía hablar con mucha gente, solamente con la vecina de la casa contigua cuando la traía una carta que por equivocación le habían dejado debajo de la puerta de su casa. Había leído muchos libros, de todas las clases y se podría decir que tenía conocimientos suficientes para hablar de cualquier tema, pero sabía que ante su presencia, comenzaría a ponerse nerviosa, la lengua se le trabaría, la mirada volaría por toda la calle, no por falta de sinceridad sino mas bien por timidez, y poco a poco el rostro de aquel hombre iría modificándose hasta llegar a esa cara que ponía en las ocasiones donde se sentía incomodo y queriendo escapar.

Sí, así es, conocía todos sus gestos, posiblemente era la mujer que mejor le podría describir, a ella nunca la podría engañar, no le valdría la mirada profunda, los ojos picaros, quitarse el sombrero y mirar al sol para que los rayos le dotaran de esos reflejos medio rubios que poseía por herencia de su madre, una mujer bellísima que se dice que fue novia del  Rey pero que le abandono tras conocer a un agricultor, no muy rico, pero con una casita en la sierra de Madrid que era la envidia de todos sus vecinos, además la amaba como nadie pudo amarla jamás, era tanto su amor que un mes después de haber muerto ella, el cayo enfermo subiendo a darla la mano tras pasar dos días y medio. Su amor, ese hombre que veía tras la ventana era la persona que mejor conocía, y sabía por ello que ella, con sus ropas, su pelo enredado, una casa vieja y oscura nunca podría acercarse ni  por asomo a unos metros de él.