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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

DENTRO DE UNA JAULA

DENTRO DE UNA JAULA

Antes escribía a menudo.

Todo comenzó siendo un blog de la universidad que me obligaba a publicar para mis compañeros y al mundo reflexiones acerca de la educación, y poco a poco esto se convirtió en algo más. En una forma de expresar lo que sentía en cada momento, en una forma de inventar historias, de transformar las mías propias y en buscar posibles finales a experiencias que había vivido y que no habían acabado como me las hubiera imaginado.

Poco después se acabó esa etapa universitaria, esa en la que estabas expuesto durante horas a una infinidad de libros y esas horas que te hacían aburrirte, cansarte y acabar en el ordenador haciendo “pequeños descansos” pero que daban lugar a un post tras otro. Para mí, fue una etapa inolvidable, porque estaba feliz, me sentía a gusto con lo que hacía, me gustaba aprender cosas nuevas y que cada día el proceso de sentirme perdida y confundida para luego encontrarme y formar nuevas ideas propias me parecía algo fascinante. Construir mis ideas a base de un poco de aquí y un poco de allá. Llegar  a casa y debatir con toda mi familia algo que en ese momento era indestructible pero siempre sabiendo que podía no ser la única verdad, y que por ello, el debatirlo podría volver a poner mi mundo patas arriba.

Era ansias por ver el mundo de otra manera. Porque era consciente de que tenía mucho, muchísimo que aprender. Creo que desde pequeña, siempre me ha gustado escuchar historias que me contaban, daba igual que las hubiera escuchado millones de veces, porque siempre encontraba algo nuevo. Y cuando llegue a psicopedagogía fue algo que me di cuenta que había buscado toda la vida. No era escuchar sin más, aprender cosas de memoria, si no que iba más allá. Era escucharlo, hacerlo mío, transformar esas ideas y combinarlas con las mías propias y después darlas formas aun sabiendo que los  moldes eran infinitos.

Luego, llego el final. Ese final donde te dan el título, donde te expulsan al terreno laboral, donde te ofrecen un hueco para seguir transformando tus ideas pero que por los precios que tienen son casi inalcanzables si no tienes algo que te pueda respaldar. Y el trabajo… un puesto de trabajo que normalmente empiezas con ilusión, y sobre todo si está relacionado, aunque sea lo más mínimo con lo que has estudiado. Pero que al pasar los años ves con otros ojos, porque no es algo que te sirva para seguir creciendo, no te impone retos, es algo que pasa día tras día y que no te impone una desestructuración. Y hoy me planteo ¿qué siento? Siento muchísimas ganas de crecer, siento una cuerda a lo largo de mi cuerpo que me impide romper con todo, siento que estoy como el elefante, al que de pequeño le pusieron una cadena y cuando fue mayor no fue capaz de romperla aunque tenía la suficiente fuerza para ello. Siento ganas de cambio, pero por otro lado… siempre en toda historia hay otro lado, y en él está el miedo. El miedo a no poder pagar las facturas, el de no poder hacer frente a una independencia conseguida pero que a la vez es tan débil que apenas con un soplido podría destrozar las paredes y provocar una nueva vuelta al hogar familiar.

Y así están las cosas, esto es como estamos los jóvenes de hoy en día y los que ya vamos llegando a la treintena. Encadenados a trabajos donde nos contratan como técnicos. Dejando toda nuestra formación tirada a la basura. Donde solo se nos busca un trabajo mecánico donde uno de los principales requisitos es que no se piense, que no se ponga en duda todo lo que viene de arriba, que asintamos sin más, y que no demos problemas. Porque el aportar algo nuevo no se contempla, porque el pensar nuevas formas de hacer las cosas es impensable.

El resultado es frustrante. Y piensas en cómo te planteabas tu vida cuando estabas entre esas paredes de la universidad, y piensas en cuando te llamaron porque tenías que acudir a un acto con el rector porque habías sido número uno de la promoción. Y te das cuenta, que son dos realidades diferentes, que no concuerdan. Que una no va enlazada con la otra. Que una de ellas debería no existir o no ser así. Y es cuando se te enciende la bombilla y dices ¡mi trabajo es una mierda! Perdonarme la expresión, pero es como lo siento, porque ahora no llego a casa para debatir, llego para contar una y otra vez la presión a la que estoy sometida, para explotar con mi pareja, para estar enfadada por lo que tengo que aguantar. No es justo. No es justo que nos enseñen a volar en la universidad y luego te encuentres con un techo que no te deje subir. No es justo que te vendan la idea de que con una mayor formación se puede llegar más alto, porque una vez que cierras la mochila, que la abandonas en el armario y coges un maletín todo cambia.

Supongo, porque lo veo en las noticias, por  lo que veo en mi entorno que es algo normalizado, que los ingenieros trabajen como camareros, que los científicos se vayan de nuestro país porque aquí no hay futuro, que un licenciado en filosofía trabaje en un taller, pero da rabia pensar que te enseñen a cómo cambiar el mundo, que te metan en la cabeza ideas para hacerlo, que te den esa motivación para querer mejorar la educación y que luego te tengan en una jaula que te oprime, y que tal vez si no hubieras visto nada estarías tan feliz en esa jaula.

Así pues, me entristece pero también animo a todo el mundo a seguir estudiando. Porque aunque yo me sienta así,  no dejo de hacer cursos y de intentar desbaratar mis ideas cada vez que tengo ocasión. Tal vez, alguna vez, alguien me abra esa puerta para que pueda salir volando.

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VACIO MENTAL EMOCIONAL

VACIO MENTAL EMOCIONAL

Ha llegado el momento en el estoy mal con todo mi alrededor. Podríamos decir que las circunstancias me han desbordado y ¿por qué? Según está la sociedad actual, en crisis y sin trabajo, podría considerarme una afortunada, pero por el contrario, no es así.

Podría, además, buscar múltiples razones: problemas familiares, estrés laboral, relación de pareja…en cambio sé, que cada una de ellas no es la razón por la que me siento así, tal vez, solamente, hayan sido el desencadenante de todo. Y es que, en este punto, he llegado al “vacio mental emocional”, sí, lo sé, parece algo muy rimbombante pero es lo que he encontrado buscando en internet mis síntomas, y lo describen de la siguiente manera: Corresponde a una vivencia de oquedad interior, de no tener nada adentro. Lo que falta atañe al plano de las emociones. Esta sensación emerge en el presente, pero involucra al pasado (la memoria histórica) y el futuro (la esperanza, el proyecto). El sentimiento de vacío puede o no estar vinculado al vacío mental estructural”.

¿Qué me decís? Parece grave, ¿verdad? Yo he pensado lo mismo cuando lo he leído. OQUEDAD INTERIOR, ¿ya no me queda nada?, ¿ni una emoción? En esto, creo que se equivocan, porque el vacio no significa estar apático y que todo te de igual, sino que se te llena el estomago de una presión, de un mal estar, y de sentimientos y emociones negativas.

Llevo presionando a mi chico para irnos de viaje a algún lado, y siempre me dice que no por irme, mis problemas van a hacer la maleta y a desaparecer cuando yo vuelva. Y yo le contesto: “pero seguramente la que vuelva para enfrentarse a ellos, vendrá más fuerte, con más energía…” pero hoy, mientras miraba por la ventanilla del coche, me he dado cuenta de que no es verdad, de que la toma de decisiones y el estar  bien conmigo misma lo puedo hacer aquí, en la playa o en la montaña. Que no es el mar lo que necesito, es el coraje y la valentía para poner puntos finales, para valorarme yo lo primero y dejar de estar a expensas de lo que los demás piensen o necesiten. No puedo esconderme más detrás de los deseos de los demás, no puedo justificarme en las palabras de otras personas, tengo que ser consciente de lo que yo quiero y necesito y a partir de ahí, cortar con lo que me hace daño y no cubre mis expectativas.

Aunque, como siempre, existe el miedo. Ese que te para, que te pone las cadenas y que te deja flotando en el umbral de la puerta. Que te hace retroceder para que eches la vista atrás y para que veas lo que has tenido y puedes perder. Que no te deja salir porque sabe que si sales ya no volverás. Y es verdad, que resulta aterrador el enfrentarse a muchas de las decisiones que se nos presentan cada día, pero también estas decisiones son las que nos ayudaran seguramente a alcanzar la felicidad.

Por ahora, y aunque haya escrito todo esto, sigo sintiéndome cobarde, y buscando la espada y el escudo que me ayude a avanzar contra todo ese ejército que viene hacia mí.

MIS PROYECTOS

MIS PROYECTOS

Con el tiempo todo cambia, evoluciona, se modifica, se desarrolla, va tomando caminos distintos y las personas se van recreando. Las parejas de dos construyen su relación estableciendo unos pilares que se creen inamovibles, pero en cambio, pueden verse destruidos por un gran terremoto que pone la vida del revés y hace que las paredes se tambaleen. Los gustos, los deseos, los proyectos, se van enfocando al trabajo y a lo que se quiere en la vida, pero ¿Qué pasa con los proyectos comunes? Dada la sociedad en la que nos encontramos parece que cada pareja debe independizarse, casarse (en algunos casos), tener descendencia, un buen trabajo para poder mantenerla y poder conseguir un buen coche y un piso de 30 metros cuadrados. Pero yo no quiero estos planes, yo lo que pretendo es mantener sueños. Mi plan numero uno es viajar, sobre todo, a Paris y Nueva York, mi segunda cosa en la lista es perderme mientras voy a Pastrana (quiero que siempre sea el lugar que quiero alcanzar mientras me pierdo por otros parajes), me apetece planear los domingos como días de peli y manta, quiero desayunar fuera de casa en verano aprovechando las terrazas, dar paseos en invierno bien abrigada, levantarme a tu lado y dormirme mientras me abrazas. Quiero tantas cosas,…, tengo una lista enorme de cosas que parecen insignificantes y que para mí es lo que crean mi mundo, son por las cosas que vivo, que me dan fuerza y que me alegran cuando estoy triste. Aunque, todas estas cosas no cobrarían sentido sino estoy contigo. Si no eres mi compañero, si no viajas a mi lado, si no te abrigas conmigo para salir a pasear.

¿SOLUCIÓNES?

¿Qué hacer cuando no se encuentra solución?

Ante una pregunta siempre suele venir una respuesta, pero hay a veces, en las que las respuestas se esconden y no aparecen.

Si bajo a la piscina sin reloj y me pregunto “¿qué hora es?” nunca soy capaz de adivinarla y eso que a veces chupo un poco la punta del dedo  y lo alzo al aire para ver si es capaz de decirme en que minuto me encuentro.

En otras ocasiones, y sobre todo cuando ando por casa y digo “¿Qué puedo comer?” , abro el frigorífico sin muchas esperanzas, y no me contesta, enciende su luz y me muestra todo lo que tiene pero no me dice que es lo que más me conviene. Tal vez un poco chocolate que dicen que te da mucha energía, o tal vez un poco de fruta, sana  y ligera…pero ¿y si me tomo un yogurt? Al final, acabo cerrándolo, yéndome al sofá y pienso…”madre mía, que hambre tengo”.

Cuando me planteo porque no se jugar a los videojuegos, tampoco tengo una respuesta clara. Tengo dos manos, dos ojos que a pesar de ser defectuosos pueden ver bien, y soy capaz de colocar toda mi ropa y mis zapatos en el armario, con lo cual, esto quiere decir que tengo buena visión espacial. Pues no, siempre pierdo, da igual contra quien juegue, porque sé que en la pantalla del ordenador acabaran apareciendo las fatídicas palabras “has perdido”.

Otra de las preguntas sin respuesta que me planteo es ¿por qué a ciertas personas no les gustan que salgan sus novios/as con sus amigos/as?.  ¿Podría estropear toda la magia de la pareja? ¿Enriquecería en cambio la relación? Por más que le doy vueltas no llego a vislumbrar la respuesta, porque en las series son todos tan feliz, mirad en friends por ejemplo, las relaciones son ideales. Pero bueno, esto exigiría un trabajo más exhaustivo de análisis y ahora no me apetece entrar a destruir mi mente.

Por último decir, que otra de las cosas a las que no encuentro respuesta es, ¿por qué meten instrucciones genéricas en los televisores? El otro día me entere de que han puesto canales nuevos, pero no sabía cómo actualizarlo, así que me cogí el librillo de instrucciones y me puse a ello, pues bien, al final mi tele sigue siendo del siglo pasado, porque no me aparecen las mismas opciones que aparecen en ese folletito que se inventa los pasos. Así que, ¿qué ocurre? ¿Que según avanzamos en tecnología en vez de detallar más las cosas para saber utilizarlas, tenemos que ser más listos espontáneamente para adivinar cómo funcionan?

Sí, estoy indignada, sigo cogiendo mi móvil poniendo el GPS para ver si me redirecciona a las respuestas que estoy buscando, ya os contaré si lo consigo.

PRISAS

PRISAS

Ese día no esperé a que sonara el despertador. Me levanté rápido, me lave la cara y me vestí con lo primero que vi en el armario, tal vez, por eso, me puse un vaquero que me quedaba dos tallas grandes y una camiseta con algunos agujeros que utilizaba para estar por casa, aunque con la tendencia actual, cualquiera podría decir que iba de lo más moderna y alternativa.

Pase por la cocina, más bien, me paseé por ella, abrí el frigorífico. Buscaba algo que pudiera tomarme mientras saliera corriendo por la puerta y bajara las escaleras. Así que, cogí un zumo de piña y un cachito de chocolate. No era el desayuno perfecto, lo sé, soy consciente. Pero me daría algo de fuerzas para aguantar.

Veinte minutos más tarde llegue a mi destino, la puerta de la oficina del paro. E increíblemente ya había por lo menos veinte personas delante de mí. ¿Qué habrían desayunado ellos entonces?

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COMIENZA EL DÍA PERFECTO

COMIENZA EL DÍA PERFECTO

 

Cuando estaba con él, podía ser ella misma. Daba igual que llevara una sudadera llena de pelotillas y de un color verde moco, o si tenía el pelo recogido, suelto o en dos coletas dejando mechones repartidos por todos lados. Porque lo que  de verdad importaba es que se permitía el lujo de no disimular. Entre sus brazos podía llorar sin venir a cuento, o podía reírse sin parar, daba igual porque todo estaba permitido.

Por las mañanas, podía quedarse una hora mirando al techo esperando a que el abriera los ojos, y se entretenía escuchando su respiración, escuchando su “piiiiiiiiiiiii” de la nariz, a veces ella, en un intento de que él se despertará, tiraba levemente de la manta, aunque lo único que obtenía por respuesta, era un movimiento ligero, una nueva posición y un nuevo sueño.

Ella, se reía, e incluso a veces se tapaba hasta la boca intentando no hacer ruido y oprimiendo una carcajada. Y luego se preguntaba “¿por qué me tapo la boca si quiero que se despierte y en realidad es lo que estoy intentando?” pero lo hacía, porque le gustaba jugar, se lo pasaba genial con él, incluso hasta cuando él lo ignoraba.

Cuando ya no podía más, se levantaba iba al baño con sus pies descalzos, y luego volvía a refugiarse entre esa manta roja y en ese calor que él la ofrecía. Y se llevaba una sorpresa cuando descubría que, incluso medio dormido, intentaba calentarla los pies congelados que se habían escapado de debajo de las sabanas para darse un paseo y volver como si hubieran estado en el polo norte.

Y de repente, todo comenzaba, después de una hora y algo dando vueltas de un lado a otro, jugando al escondite, a hacerse la dormida, él se despertaba, la abrazaba, la besaba, hacían el amor fogosamente y luego escuchaba esas palabras perfectas que salían de su boca cada vez que abría los ojos a su lado “buenos días princesa”.

No había más, sin duda comenzaba un día perfecto.

 

QUE SABIO GIBRAN

QUE SABIO GIBRAN

Hoy he leido algo, que aunque siempre lo he sabido, pero creo que me cuesta llevarlo a la práctica, porque se juntan las estrellas, jupiter se alinea con urano y... aparece ese miedo, o sentimiento de inseguridad que lleva a la posesión, aún así pongo este parrafo para guardarlo en algun sitio y recurrir a él en esos momentos de crisis:

"Nacisteis juntos y juntos permanecereís para siempre. Estareís juntos cuando las alas blancas de la muerte dispersen vuestros días. Y también en la memoria silenciosa de Dios estareís juntos. Pero dejad que los vientos del cielo libren sus danzas entre vosotros. Amaos con devoción, pero no hagaís del amor una atadura. que sea, más bien, un mar que se mueve entre las orillas de vuestras almas. Llenaos el uno al otro vuestras copas, pero no bebaís de la misma. Compartid vuestro pan pero no comáis del mismo trozo. Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente

Gibran Khalil Gibran

PD: Esto es siempre que no se hable de un bocadillo de jamon york y queso calentito y recien hecho, y yo muerta de hambre, :)

LOCA POR BUSCAR

LOCA POR BUSCAR

Aquella noche, llego a casa, tiro sus zapatillas de deporte mal colocadas dentro del armario, y se tumbo en la cama. No tenía ganas de pensar en nada. Llevaba más de una hora en el gimnasio y sentía como su cuerpo le pesaba. Ese día, quizás, había hecho más de la cuenta, ya se sabe que cuando hay unas olimpiadas en la televisión intentas imitar todo lo que ves y, por supuesto, luego llegan las agujetas.

Abrió los ojos, allí estaban sus queridas estrellas que la acompañaban brillantes cada noche, y la luna. Una bonita bola que le regaló su tía de un mercadillo medieval y que la conservaba como un gran tesoro, porque siempre había creído en los horóscopos, y ese satélite que no llegaba a ser ni un planeta, era el suyo, el que pertenecía al signo de cáncer. Y al  que miraba e intentaba situar en el cielo,  cada vez que salía por la noche, buscando una explicación a su estado de ánimo.

Así que así era ella. Una loca de los horóscopos y de imitar a las grandes gimnastas de las olimpiadas, sobre todo si eran de gimnasia rítmica, de patinaje o de natación sincronizada. Una loca por tener sueños inalcanzables, una loca por buscar en las estrellas un destino que indudablemente ya está escrito en su agenda.

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