EL VAIVÉN DE LAS OLAS

La mar comenzaba a subir. Las horas iban acompañando el vaivén de las olas, y ellas solas se habían estado alejando poco a poco de mí. No era consciente del tiempo que llevaba allí parada, no entendía la cadena de pensamientos sin lógica que había hecho que por último me llevará a pensar en ti. Justo en ti. En la persona que había olvidado hace ya, mucho tiempo, en la persona que creí haber puesto cadenas y un candado para que dejara de deambular por mis pensamientos. Entraste en ellos, con paso tímido, primero unos ojos, un momento, alguna conversación pérdida, y acabaste cubriendo cualquier otro pensamiento para llenar toda mi mente, ya solo pensaba en ti, en cómo habíamos acabado, en todos los instantes que nos unían y, a la vez, que nos separaban.
Me imagine historias a tu lado, me imagine en esa playa, en la arena, jugando con ella, dejando que rellenará aquel espacio que dejábamos entre nuestros cuerpos. Imagine corriendo a tu lado, mirándote a los ojos mientras una gota caía por tu frente. Veía imágines que se mezclaban entre la realidad y la fantasía, y comencé a pensar, que sólo tu podías llenar esos pensamientos, que si estabas allí, es porque las cadenas no podían estar bien amarradas al país del olvido, y que tanto tú, como yo, debíamos estar siempre juntos, ya fuera física como mentalmente.
En ese momento, escuché las olas, probé a hundir mis dedos entre la arena para sentir como poco a poco iban desapareciendo, y cerré mis ojos, esperando, sin ninguna posibilidad de éxito que con el volver de las olas, pudiera yo también regresar al lugar del que partí.
HOY ES MI CUMPLE!!!!
Van pasando los años, van pasando los momentos, las personas, los viajes, las historias...pero todo esto, es lo que hace que también haga que pase nuestro tiempo, que se forme nuestra historia, que se escriba en pequeños capitulos nuestras vidas.
Hoy, cumplo 23 años, hoy miro atras y veo todo lo que he hecho y he dejado de hacer para lograr llegar a donde estoy, para estar rodeada de todos/as vosotros/as, y solo se me ocurre decir, muchas gracias, por hacer que cada siete de julio sea especial, para sacarle a cada día una risa, y por hacer que todo sea mejor.
Así que, podría ponerme a filosofear, pero no lo voy a hacer, porque hoy, tengo muchas cosas que hacer.
ESCONDIÉNDOME

Hoy he estado a punto de tirar la toalla, de dejarlo todo. Porque sentía que no podía más. Me agobio, me canso de mí misma, qué más da lo quiera o lo que sienta, si luego no lo hago. Qué más da lo que desee, si no lucho por ello. A veces me meto en una burbuja y necesito que entre gente, pero en realidad, no la dejo, porque no quiero arrastrarla a mi tristeza.
Si, hoy me he levantado así, triste. ¿Cuál es la explicación? No hay ninguna, simplemente no me apetece hablar, no me apetece estar con nadie, pero a la vez grito que quiero un abrazo. Es algo incomprensible, o por lo menos a mi me resulta así. Es como estar y no estar. Pienso en cosas que podría hacer para salir de ella, y en realidad, es como si no quisiera. Me tiene atada. Enjaulada. Creo que llevo todos estos días un ritmo tan frenético que no me he puesto a pensar que es lo que quiero verdaderamente, y ahora que puedo, ahora que por fin es sábado, pido que pase deprisa para no poder pensar, para no plantearme cosas, para no caer en este bucle.
Necesito hacer muchas cosas. Mantenerme activa, por ello busco actividades, lleno mi agenda, quedo con gente… y todo por no quedarme a solas conmigo misma, porque sé que en cuanto disponga de un momento, ese se convertirá en un nublado en negro.
Llena de inseguridades, llena de miedos, así es como me siento. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué se hace para dejar de tener miedo? ¿Qué se hace para pensar en ti sin pensar que eres una egoísta? No sé hacerlo, de verdad, que no soy capaz, porque en el momento que pienso en los demás me doy cuenta que soy aquella que siempre intenta complacer al resto, y cuando pienso en mí, yo misma me recrimino que soy una egoísta, ¿entonces? ¿en qué pensar?. Al final siempre termino igual. Escondiéndome de todo, y sobre todo de mí misma.
EL JUEGO DEL ÁNGEL
Tras un parón en mi lectura he vuelto a intentar aumentar mi biblioteca, en esta ocasión, con un libro que lleva en mi estantería desde el día en que salió a la venta, y que tras los exámenes no he aguantado más para ponerme a leerlo y descubrir la historia que me tiene que contar esta vez.
El JUEGO DEL ÁNGEL, ya sólo con el título mi imaginación comienza a fantasear y a inventarme posibles historias que pueden enmarcarse en él, pero por ahora, y habiendo leído apenas treinta y siete páginas, solo escribiré aquí el inicio de esta novela:
“Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio”
Carlos Ruiz Zafón
INTENTAR SER FELIZ, ECHANDOTE DE MENOS

A veces esperamos cosas de la gente que nunca llegamos a recibir, a veces nos quedamos esperando unos minutos para comprobar que volverá a llamar, que volverá a entrar por la puerta, a veces esperamos que al salir ese alguien venga por detrás sólo porque quería darnos una sorpresa. Pero en muchas ocasiones ese “a veces” se convierte en un siempre, y ese siempre se da de bruces con un nunca.
Es nuestra gran manía, esperar callando, esperar sin decir, soñar con sorpresas, que la otra persona no nos da porque no sabe que en realidad las estamos esperando. No todos somos iguales, ni esperamos los mismos los unos de los otros. Nos formamos nuestras expectativas, nos ilusionamos solos, y luego cuando no se realizan nos oprime la desazón y la tristeza. Y ahora, es cuando deberíamos decir, eso tan famoso de “que tonto es el género humano, porque tropieza dos veces con la misma piedra” aunque, llegado este momento, me conformaría si sólo fueran dos las veces que me cayera.
En ocasiones he pensado en cuando digo “no”, poner una notita a mi lado que ponga: ¡estoy mintiendo, de verdad, quédate conmigo. Si me importa que te vayas. En realidad no comprendo porque no vienes a comer. Te echo de menos cada segundo que no estás conmigo. Y en realidad, aunque te digo que no pasa nada, pasa todo, porque pretendo que me adivines lo que pienso y no lo haces”.
Adivinar, esa es la clave, te daría poderes para que leyeras mi mente. Porque a veces, no digo las cosas para hacerme la comprensiva, para hacer que te entiendo, y al final acabo cayendo en lo de siempre, en mi egoísmo, porque en realidad sé lo que quieres, sé porque no vienes a comer, o a dormir, o el porqué de tu partida, pero siempre al fin y al cabo, vuelvo a mi perspectiva, a echarte de menos y entonces vuelco contra ti, el que no hayas adivinado lo que siento, el que no me hayas considerado, el que no hayas entendido que no quería que te marcharás.
Y ahora, escribiendo esto me doy cuenta, de que lo entiendes perfectamente, de que me conoces mejor que nadie, y que en realidad sabes cuando digo sí, pero te grito sin que me oigas que no. Pero ya ves, es la gran lucha interna que mantengo. El intentar ser feliz echándote de menos.

