Blogia

EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

¿INCOMODIDAD?

¿INCOMODIDAD?

Un sillón demasiado duro, una cama muy blanda, una china en el zapato, una pestaña en el ojo, la música demasiado alta, el ruido del aspirador por la mañana, las obras debajo de tu casa, los silencios muy largos, las largas esperas, llegar a una fiesta que creías que era de disfraces disfrazada de bruja cuando todo el mundo lanza contra ti esa mirada inquisitiva del porqué de tu atuendo, las miradas intensas, la gente que invade tu espacio vital, cuando te cuentan un chiste y no lo pillas y te ríes por sintonizar con los demás…, hay multitud de cosas que me hacen que me sienta incómoda, y mi duda es, ¿Qué puedes hacer contra ellas?

 

¿Huyes de las situaciones? ¿cómo si fueran ellas las que te acechan, las que corren detrás de ti?, o más bien ¿te enfrentas a ellas?, para simular que tu eres más fuerte y que puedes sobrellevarlas, aunque al estar ante este estímulo te provoque cierta urticaria, malestar, agresividad y te crispe.

 

¿Qué hacer? ¿Qué camino tomar? ¿Pasar un rato malo, siendo la mejor actriz del reparto? O ¿andar? Porque a veces evitar esta mejor que luchar.

 

Pido respuestas o soluciones….

DOS ALMAS

DOS ALMAS

No suelo hacer estas cosas, pero esta vez tengo que copiar. Buscando por internet he encontrado este texto que como me ha hecho tanta gracia he decidido trasladarlo aqui para que lo podais leer todos, espero que os guste.

DOS ALMAS
Por Luis Buero


Cansado de tantas frustraciones amorosas, había decidido no volver a interesarme por una mujer. Por culpa de la publicidad televisiva, las películas condicionadas y algunos chistes verdes, me resultó imposible enfrentar yo solo, la soledad..

 


Entonces, desde que Ella y Yo somos novios, encaro esta relación de pareja de otra manera. Ella también ha sufrido mucho y si bien tenemos caracteres totalmente opuestos, ella ha dejado que determine el curso de nuestras vidas.

 

Sabiendo que el amor eterno dura, más o menos, dos años, o treinta meses, no más, la técnica que utilizo para que nuestra unión perdure es la del desencuentro. Por ejemplo, un sábado la llamo por teléfono antes del mediodía y le digo las palabras de amor más bellas que un humano pueda imaginar. Con aire romántico, no olvido elogiar las partes de su cuerpo que más venero, provocándole una gran ansiedad.

 

 

Luego propongo encontrarnos en la zona de Retiro, digamos, junto a la Torre de los Ingleses, entre pajueranos y marineros.


Pero ella sabe, (sus venas y nervios lo saben), que yo no iré, que investigaré en el mapa de la ciudad cuál es el lugar geográficamente opuesto y desesperado, como si en realidad fuera allí donde la cité, la rastrearé por todas partes. Quedaré desolado.
Ella, por su parte, me esperará infructuosamente en el sitio indicado, y volverá amargada y tensa al hogar.

 

Otras veces le he dicho que voy a estar caminando por la avenida Rivadavia del 4200 al 5500, entre las seis y siete de la tarde. Si quiere verme deberá caminar en el mismo sentido o de manera inversa en ese horario. Pero como supone que puedo haber entrado en un bar o negocio, estar sentado en un gran banco de la Plaza Lézica o recorriendo un shopping nuevo, o paseando por las galerías de José María Moreno, estará nerviosa y expectante todo el tiempo.

 

Ella, a su vez, me ha citado en calles sin nombre y sin número, o cortadas tan pequeñas que ni figuran en los mapas, o frente a un barco rojo o negro en el puerto de La Boca, o frente a cierta tumba sin flores del cementerio de Avellaneda.

 

Nos hemos intentado ver en los ascensores de la firma Olivetti, en la tribuna popular de Boca un domingo en pleno clásico, en los pasillos del laberíntico Ministerio de Bienestar Social, en las salas de la Biblioteca Nacional, en las escaleras de la Caja Nacional de Ahorro, frente a la Casa Rosada un primero de mayo de aquellos en los que todavía los presidentes convocaban a las masas, durante una peregrinación a la Basílica de Luján y en la estación Plaza Miserere a eso de las siete de la tarde, cuando los hombres suben a los trenes como ovejas espantadas. Fijamos como fecha posible para nuestra boda, el día en que vuelvan a juntarse Los Beatles.

 

Desde que empezamos el noviazgo, hace siete meses, solo la he visto cinco veces, de las cuales dos son válidas y circunstanciales, pues de las otras tres, dos fueron reuniones de familia y en la tercera hice trampa.

 

Pero en esas dos, en esas dos verdaderas, nos amamos hasta la locura, nos mordimos las lágrimas y las manos, y juramos, entre besos, seguir buscándonos toda la vida.

 

NUNCA HE TENIDO DERECHO A LAS PREGUNTAS

NUNCA HE TENIDO DERECHO A LAS PREGUNTAS

El otro día leí esta frase en un libro: “nunca he tenido derecho a las preguntas”. Y entonces caí en  la cuenta que yo tampoco, o por lo menos no contigo. Fue una batalla intensa en la que se lanzaban interrogantes y yo debía contestar rápidamente, enlazando mis pensamientos, hilando lo más aprisa que podía cada palabra, cada frase. Al final, el resultado quedaba inundado por grandes incoherencias que no tenían ningún sentido.

 

De esta forma, fuiste navegando en mis palabras y cogiendo solo aquellas que más te convenían. Y hoy me doy cuenta que en realidad la persona que se protegía detrás de tantas cuestiones eras tú. Rodeada siempre del misterio que te envolvía, detrás de esos ojos que intimidaban, detrás de tu posición de brazos cruzados que daba poca confianza para acercarse. En realidad, eran tu escudo y a la vez eran tus armas… y yo, simplemente un juguete, un simple muñeco que jugaba a esquivar las balas, a intentar buscar huecos donde tú los cerrabas.

 

Hoy me pregunto, porque no lance una defensiva, un ataque frontal,  un batallón de esos que salen en todas las películas. Porque no fui capaz de defenderme como tú lo hacías, aunque claro, yo no tengo tus ojos penetrantes, yo muestro mi miedo, yo me asusto y, como lo hago te lo muestro. Entonces tú, aprovechas y te haces más fuerte, más grande, más poderosa.  Llegas a ocupar todo el espacio a la vez que yo me reduzco a una milésima parte de la habitación, y quedo enjaulada en un rincón de ella.

 

Esas son mis circunstancias, esas son las que me aprisionan, las que me riñen, las que me tienen atrapada y arrinconada contra una pared. ¿Qué podemos vencerlas? Está claro que sí, porque si no, no estaría aquí, además las dificultades están para eso, para vencerlas y no para que nos venzan.

¿SIGO SIENDO?

¿SIGO SIENDO?

Ayer descubrí que ya no era la misma. Las fotos ya no reflejaban lo que era ahora, ni reconocía mis escritos, por más que los leía. Todo había cambiado. Mis peluches de la habitación fueron desapareciendo poco a poco, las muñecas fueron guardándose en pequeñas cajas con una cosita de esas para que no puedan atacar las polillas y, la habitación fue llenándose de libros, pequeños adornos y algún que otro aparato electrónico de esos que sirven para el entretenimiento.

 

La pregunta que surgió en mi mente parecía evidente, ¿quién soy? Podía mirar atrás y saber quién había sido todo este tiempo, la hermana que pinchaba siempre a su hermano en busca de unas risas, la prima que escuchaba, la nieta que siempre estaba haciendo el ganso en casa, y ¿ahora?. Creo que ni tengo tiempo para ser. Siempre me creí libre y ahora es cuando más atrapada me encuentro. Es verdad que cuando creces también crecen tus responsabilidades, pero en este momento, creo que han crecido demasiado, porque soy incapaz de hallarme.

 

Me dejo llevar por una agenda llena de cosas por hacer, por mandatos que mandan realizar antes de ayer, por reflexiones que me obligan a pensar cuando no se dan cuenta que para reflexionar debe existir un tiempo, y precisamente ese tiempo es el que dedico a dormir.

 

Alguien me dijo que entre la noche y el día no hay pared, yo creo que sí, porque por mucho que se quiera hacer, cuando llegamos a  un punto de “saturación”, dejamos de funcionar.  La mente se bloquea, pasas el tiempo haciendo cualquier cosa que no sea lo que te dictan, buscas esos minutos escasos donde poder apoyar tu mente y dejarla descansar, tan sólo para intentar encontrar esos momentos que eran tuyos, esos en los que disfrutabas colocando todos los playmovil y luego los desmontabas, en los que te pasabas una hora cambiando vestiditos a una muñeca buscando cual le quedaba mejor, esos momentos en los que te pertenecían, en los que nadie ponía todo su esfuerzo por ocuparlos, porque sabían que eran necesarios.

 

Ahora, después del tiempo, todos se empeñan en llenarte las hojas, en descargar en ti todo lo que a ellos le sobra para poder disfrutar de dos horas de descanso al día, y mientras, yo voy desapareciendo paulatinamente, dejo de ser, para convertirme en un robot, que apila las tareas a un lado y las va completando a la vez que avanza el día.

 

¿Mi único momento de descanso? Este, el que dedico a manifestar que no tengo tiempo, pero el que me deja entrever algo de lo que sigo siendo.

NUNCA TE PEDIRÍA NADA, PORQUE SE QUE ME DARÍAS TODO

NUNCA TE PEDIRÍA NADA, PORQUE SE QUE ME DARÍAS TODO

Es inmensa, me atrapa, no me deja salir. En cuanto pongo un pie en el suelo, me pide que vuelva, que no me vaya aun, ¿y yo? No puedo defraudarla, vuelvo a ella, y cuando lo hago me pierdo.  Es lógico que no me encuentres, es cierto que desaparezco. Mi cuerpo lo puedes ver, pero yo he dejado de ser.

 

Me quedo tendida entre sabanas blancas, y mis brazos alrededor de tu cuerpo. Pero mi mente, necesitaría una brújula para encontrarse. Porque no encuentra la salida entre tantas sensaciones que despiertas, entre tu olor, tu voz, tus manos, creo que intenta guardar cada milésima de segundo, creo que debe atender a demasiadas cosas, y por ello, no encuentra la puerta con la luz característica que deja ver la palabra de “Exit”.

 

Necesitaría millones de carteles, miles de indicaciones, para dejar de abrazarte. Para no perderme entre las nubes que cubren tu cama, necesitaría un mapa que me dijera qué debo hacer para volver a la vida, y lo más curioso es que, en ese momento en el que estoy más pérdida, es también el momento en el que más viva me siento.

 

No necesito nada, y a la vez lo necesito todo, porque para mí, tú eres mi “todo”. Lo demás, pequeños detalles que nos acompañan, luces que se mueven alegremente alrededor, sonidos que hacen que el sueño sea más apacible, voces que intentan callar al silencio…

 

Nunca te pediría nada, porque sé que me darías cualquier cosa. Pero hoy perdóname, tengo que hacer una excepción, quiero que me otorgues un hueco a tu lado cada noche, quiero compartir lo que sueño contigo y quiero que mientras lo hago,  al igual que hasta ahora, nunca me sueltes de la mano.

NO HAY VERDADES ABSOLUTAS

NO HAY VERDADES ABSOLUTAS

Partimos de la idea de que lo que decimos, de que lo que pensamos, siempre es lo correcto. Llevamos razón porque es lo que hemos escuchado siempre, porque nos basamos en nuestras experiencias, porque es lo que percibimos desde nuestro punto de vista.

 

Cuando discutimos hacemos que escuchamos, prestamos atención, pero la mayoría de las veces, no lo hacemos con la finalidad de buscar nuevas perspectivas, sino para debatirlas y contradecirlas. Nunca estamos equivocados, la verdad está de nuestro lado, sale de nuestra boca.

 

En algún momento, podemos llegar a pensar que la otra persona también tiene su verdad, y por ello, podemos pensar que nunca llegaremos a un acuerdo, dejando la discusión zanjada y defendiendo la idea de que los demás no nos van a cambiar la  nuestra, ni nosotros la de ellos, y así, de esta forma, resolvemos nuestros conflictos. Marcamos una línea donde colocamos en cada lado al otro y al yo. Zanjamos la discusión y pasamos a otro punto.

 

De esta forma, ¿resolvemos algo? Evidentemente no, olvidamos el conflicto, que volverá a resurgir en otro momento. Nos encontramos en el cuarto grado de la conciencia.

 

Para poder dar una respuesta a todo esto, para no dejar nada apartado, debemos tener en cuenta que las personas no tenemos la verdad, solo se nos ha prestado una parte de ella. Estamos construidos por parcelas. Nadie ha pasado por lo mismo, nadie lo ha vivido igual, nadie interpreta los hechos de la misma forma…así pues, ante una discusión ¿por qué no pensar en esto? ¿Por qué no nos damos cuenta de que tal vez nosotros mismos somos los que podemos estar equivocados? O ¿Qué tal vez solo sabemos uno de los reflejos de la verdad?

 

A lo largo de la historia hemos estado ante auténticas verdades que no se cuestionaban, como que la tierra era la que estaba en el centro del sistema, que no era redonda y cosas parecidas. Hechos que eran incuestionables, y por los que murieron personas a decir lo contrario, y ¿el final? Creo que lo sabéis, por ello, ¿ante un conflicto porque no sabemos abrir nuestra mente? ¿Por qué no vemos más allá? ¿Por qué nos empeñamos en ponernos un pañuelo de color negro ante nuestros ojos? Y en definitiva ¿Por qué la verdad nos pertenece?

 

BIBLIOGRAFÍA:

R. Kegan (2003) Desbordados.

OTRO LIBRO MÁS

OTRO LIBRO MÁS

Vuelvo a nombrar otro libro, esta vez de la misma autora, Lucia Etxebarria, no es que sólo lea sus libros, pero el anterior me gusto (bueno un poco flojo al final) pero leyendo críticas había escuchado que el mejor de ella, era el que he comenzado: "Beatriz y los cuerpos celestes" asi que aqui os pongo un poquillo de lo que va, por si a alguien le pica el gusanillo :)

Tres mujeres: Cat, lesbiana convencida; Mónica, devorahombres compulsivaa, y Beatriz, que considera que el amor no tiene genero. Tres momentos de la vida de una mujer: su infancia encerrada en un hogar claustrofóbico y escorado entre las presiones familiares; su adolescencia, una permanente huida hacia adelante, y su juventud como exiliada sentimental, teñida de la nostalgia por su ciudad natal. Y dos ciudades: Edimburgo, sombría y vertical, y Madrid, horizontal y luminosa, para una una novela única sobre el amor a los amigos, a la familia y a los amantes.

Bueno, ¿a alguien le llama?

A MI REGRESO

A MI REGRESO

Volví. Regrese a la rutina diaria. Ya no ando por las calles de Roma, no hablo en un medio inglés, italiano y castellano, no veo nada nuevo, no me encuentro a nadie con ese acento típico. No me muevo, no  monto horas en un autobús para ir a Napoles, ya no estoy en Pompeya, no ando entre las antiguas calles, no veo nada que se salga de lo habitual.

 

¿Y Roma? Sorprendente, todo es historia, en cualquier calle pueden encontrar algo, o algún detalle que te indica el paso del tiempo, lo curioso, es que cuando estas allí el tiempo no pasa, porque te quedas atrapado por todo lo que encuentras.

 

Las ciudades medievales como Asis, en las que cualquier momento, es bueno para tirar una foto. O Siena, con sus barrios, sus iglesias, su plaza en forma de concha, sus estandartes, sus banderas, la gente, el turismo, sus historias y anécdotas.

 

Florencia, la ciudad que me iba a encantar, de la cual me esperaba todo y me dio tan solo una catedral y un montón de palacios renacentistas, además de una guía local valenciana, que sinceramente, parecía más bien como si nos estuviera dando una vuelta por su casa. Claro está, que toque el morro del jabalí, porque aunque de todo haya sido lo que menos me ha embrujado, estaría siempre dispuesta a volver porque el mejor cappuccino esta allí, en la cafetería más antigua, y en la que de estar en la barra al sentarte en la mesa hay una diferencia de unos cinco euros aproximadamente.

 

Pavua, ciudad grande, pero del norte, y esto se nota en su gente, más seria, menos latina, menos cercana, pero siempre italiana.

 

Pisa y su torre inclinada, la verdad, es que no solo es ella, es todo, todo el conjunto, todos los elementos que hay a su alrededor, la impresión nada más verla, la gran pregunta, el gran interrogante, su inclinación, el porqué todo fue destruido por las bombas y ella sigue allí, expectante, esperando a caer algún día.

 

Milán. Dicen que es una de las ciudades donde la gente va más elegante, y cierto es, pues nunca había visto a mujeres portando trajes de Armani con tacones de quince centímetros y montando en bici, y aunque esto resulte sorprendente, me impacto también su gran catedral de un claro estilo gótico, estar arriba del todo, andar por sus tejados, y en cada paso preguntarme como la habrían construido, como habrían hecho esas torres, quien era el encargado de hacer tantas figuritas para adornarla…un gran obra y una gran maravilla.

 

Y por último Venezia, porque es especial, porque me enamora esa ciudad. Siempre  al verla por televisión, al observar fotos, decía que algún día quería ir, pero ahora que he estado allí, diría que no puedo estar lejos de ella, porque el ambiente es cautivador, los canales, las góndolas, los gondoleros con sus camisetas de rayas y sus gorritos, las máscaras, las palomas, los puentes, el agua y la tierra, su batalla particular, …, todo estaría bien si estas en Venezia.

 

Es decir, si algún día no me veis por aquí, recordar que estaré en Italia, porque estoy enamorada de ese país, de su gastronomía, de sus ciudades, de su gente, de su acento, de su idioma, de los viñedos, de las ruinas, de su historia, de sus fuentes y canales, de sus cafés, de sus costumbres, y de su forma de ser, y no es que me vaya allí apropósito sino porque me habré perdido en alguna calle, porque me habré quedado simplemente el cielo de Italia.