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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

TODOS TENEMOS EL DERECHO A NO ACABAR UN LIBRO

TODOS TENEMOS EL DERECHO A NO ACABAR UN LIBRO

Desde el primer momento me llamo la atención la forma de comenzar:

 

"El verbo leer no soporta el imperativo.

Aversión que comparte con otros verbos: el verbo "amar"..., el verbo "soñar" "

 

Hoy, por fin he tenido tiempo, hoy por fin lo he podido leer, y siguiendo con la filosofía que promueve no me parecería coherente hacer una bitacora de él, puesto que, lo he leído porque sí, no porque me lo hayan mandado, no me lo hayan impuesto...si no por la curiosidad que despertó en mí el parrafo expuesto anteriormente.

Así pues, sólo decir que: Danniel Penac (1993), "Como una novela".

Espero que lo disfruteis al igual que lo he hecho yo.

¿SE PUEDE LLEGAR A SER COMPETENTE SOCIALMENTE?

¿SE PUEDE LLEGAR A SER COMPETENTE SOCIALMENTE?

Según la lectura de competencia social: su educación y tratamiento, se dice que una persona es competente cuando “tiene la habilidad de comportarse de manera apropiada en diferentes contextos, respondiendo a las características de estos, en vez de pensar que la persona puede mostrar un comportamiento hábil que sea válido en cualquier situación social”.

Esta afirmación me ha hecho pensar mucho desde que la leí, puesto que entonces ¿alguien puede llegar a ser competente socialmente? Tal vez, la respuesta más inmediata es sí, puesto que millones de personas nos vamos adaptando a los cambios y a las distintas situaciones a las que nos enfrentamos cada día. Pero ¿Qué pasaría si la cultura donde nos encontramos cambia? ¿Qué pasaría si de repente nos vamos a vivir a otro país? ¿Seguiríamos siendo competentes? Ante estas cuestiones que me plantee, me di cuenta que si me iba a una cultura muy distinta a la mía, con otras costumbres, valores, etc. El resultado seguramente sería la inadaptación, o por lo menos durante mucho tiempo, hasta que acabara comprendiendo el porqué, y el cómo se relacionan, y aún así, en muchas me costaría integrarme.

Así pues, ¿se puede llegar a ser competente socialmente o sólo adquirimos unas serie de habilidades que “medio” nos pone esa etiqueta en la sociedad determinada en la que vivimos? ¿O tal vez, el ser competente requiere el que nos podamos adaptar a cada cultura y a cada contexto pero en un aspecto mucho más general del que partimos normalmente? ¿Una persona extranjera que vive en España y que sigue manteniendo sus costumbres es competente?

Sinceramente, estas dudas me vienen rondando la cabeza desde que lo vimos la semana pasada. Además si como dijo un día Mary en clase, nosotros no tenemos habilidades sociales sino que se nos atribuyen por las demás personas que conviven o tratan con nosotros, ¿Qué capacidad de control podemos tener sobre ellas? ¿Cómo podemos modificarlas? ¿Cómo se adquieren? El otro día en un pequeño descanso entre clase y clase hablamos brevemente sobre ello, y me di cuenta, de que muchas veces, no tenemos habilidades sociales porque se nos atribuyan, sino porque nosotros mismos nos las atribuimos. Es decir, aquí haríamos alusión al contexto más interno de la persona, porque si nosotros comprendemos el contexto, lo interpretamos, y adaptamos nuestro comportamiento a él, estaríamos desarrollando ciertas habilidades para conseguir algo, o simplemente retroalimentaríamos una habilidad que creemos tener, hasta el punto de desarrollarla mucho más que, de por sí, otra que  creemos carecer, es decir, sería como una especia de entrenamiento continuo que se produce sobre una misma habilidad, como se diría en la lectura se convertirían en un “recurso aprendido” que fomentamos más que otros, que tal vez, no tenemos interiorizado.

Todo esto, unido a lo primero a lo que me he referido de la cultura tiene su explicación, puesto que si los recursos que se fomentan en un determinado país no son los mismos que el que está en la otra punta, la persona que viaje de uno a otro, llevará consigo unas herramientas que no siempre serán válidas, o no tendrán un uso, y deberá aprender otras con las que poder desenvolverse adecuadamente en la sociedad de acogida, que al no estar desarrolladas tardarán en adquirirse, puesto que se entrará en una pequeña lucha interna entre las que se tenían en un principio y las nuevas que se pretenden aprender. Además, algunas de las habilidades que han tenido a lo largo del tiempo un refuerzo y una valoración por parte de los demás, posiblemente si en esta nueva sociedad no se ven reafirmadas, ¿se seguirán desarrollando? ¿Serán olvidadas? ¿Se  podrán olvidar si ya han sido adquiridas?

En la lectura podemos ver también cómo se hace referencia a esta duda que planteo, y que la respuesta que se da sobre ella es la siguiente: “competencia social es un término que hace referencia a la cultura en la que se vive. No depende de poseer unos determinados comportamientos o pensamientos universales válidos, sino de la coordinación de factores comportamentales, cognitivos y afectivos que permiten desenvolverse con éxito en tareas sociales relevantes de acuerdo con los éstandares de la cultura particular en la que se vive”. En teoría, esto daría solución a mi interrogante, pero no es así, puesto que la persona que es capaz de adaptarse a todas las culturas, a amoldarse rápidamente al lugar donde vive, ¿no sería más competente que otra que no lo consigue, aunque en la suya propia haya adquirido las habilidades sociales necesarias para poder cumplir esta competencia? Y si es así, entonces ¿Podría existir una competencia social de carácter más universal que englobaría a todas estas personas como la del ejemplo?

LA PALABRA

LA PALABRA

El dialogo es  nuestra arma. Muchas veces nos han dicho que tenemos que convencer a través de la palabra. Pero… ¿qué ocurre cuando esta viene en forma de grito, de improperios, de insultos? Entonces, ahí, la palabra deja de ser nuestra mayor baza, se convierte en nuestra cadena, en el paño que tapa nuestra boca, en las esposas que inutilizan nuestros brazos.

 

No me digas que fuiste con ella por bandera, poniendo el dialogo por delante, si lo único que hiciste fue lanzar palabras sin orden. No me hables sobre que es educación, si no conseguiste calmarte. No me expongas tus ideas si no vas a escuchar las mías. Y no me digas que “sí”, si en realidad solo piensas en cuando estaré en silencio para comenzar a hablar.

 

Crees que puedes convencerme, y en realidad solo me utilizas. Utilizas mi presencia para descargarte, utilizas mi asentimiento para continuar, utilizas cualquier movimiento para creer que te estoy dando la razón. Pero no es verdad, solo son tus espejismos, tus ideas, lo que quieres ver reflejado en mi.

 

Esta vez, no diré nada, me mantendré en silencio, te dejaré hablar, sin exponerte lo que pienso, porque en este momento es lo que quieres, o tal vez, es lo que más necesitas. En realidad, no quieres que te lleve la contraria, y solo pides con tus voces que te deje llevar la razón, así que es toda tuya. Pero solo te doy de plazo hasta esta noche. Porque entonces pensaras, recapacitarás antes de irte a dormir, y entenderás que todo lo que has dicho ha venido por un conjunto de personas, por un millón de vocecitas que, poco a poco te hicieron saltar a mí en ese último instante. Por ello, sentirás que no eras tú, erais todos, pero concentrados en una misma persona.

 

No te preocupes, soy consciente de ello, por eso deje que tus palabras fueran lanzadas hacia mí en forma de cuchillos, pero todas las pude esquivar. No me hirió ninguna, tampoco pudieron ni tan siquiera rozarme, porque sabía que el que las lanzaba, era más cobarde, porque no se presentaba en el campo de batalla ante mi ejército.

 

Creo que escuche de lejos que blasfemabas, me pareció entender algunos insultos e incluso pude deducir que eran hacía mí. No tengas miedo, no te los echaré en cara el día de nuestro encuentro, porque tengo lanzas más rápidas, caballos más veloces, y verdades más profundas.

 

Así pues, aquí te espero, con la cara pintada, la cabeza alta y el corazón en el pecho. Esperando que tú hagas lo mismo, y entonces, si que podamos disfrutar del placer de entendernos.

EL ESPACIO VITAL, MI ESPACIO VITAL

EL ESPACIO VITAL, MI ESPACIO VITAL

Cada persona tiene su espacio, sus límites, una burbuja que les rodea ¿Cuándo romperla? ¿Cuándo integrar a alguien en ella? La respuesta creo que es muy personal, cada uno sabe cuando ocurre esto, no se puede obligar a ello. Por eso, cuando hicimos el ejercicio en el aula me resulto tan raro, tan forzado y no pude llevarlo a cabo, ¿Cómo de un momento a otro puedes incluir o expulsar a alguien?

 

Creo que depende del día que tenga la persona y de la persona a la que se quiere integrar, es decir, hay días en los que sientes que el tiempo es tuyo, que todo te pertenece, no te apetece hablar, sonreír o simplemente solo quieres existir. Es un día rojo como decía Audrey Hepburn. Así pues, da igual la confianza que tengas con los demás, lo cómoda que te encuentres con la otra persona, porque no te apetece el contacto, no quieres ni permites que te invadan. En cambio, en otras ocasiones, la “burbuja” se amplia, no está pegada a ti, sino que es más extensa y tiene muchas “puertas” que permiten la entrada y la salida de la gente, y si las personas que acceden son tus amigas/os o familiares normalmente no encontraran ningún tipo de barrera.

 

También creo que influye mucho el que la otra persona te imponga, porque si es así, se creara una especie de trinchera al ver al otro muy distinto a ti. Es decir, las personas semejantes siempre tendrán más facilidad para entrar en nuestro espacio, pues al ser más parecidos tendrán más llaves para poder acceder.

 

Es cierto, que en ocasiones, nuestra burbuja es comprimida, por la cantidad de gente que hay a nuestro alrededor, y que nos sentimos como si nos faltara el aire dentro de ella. Por ejemplo: la semana pasada en las fallas, el barullo era increíble y permanecíamos en las dimensiones de una baldosa, todos estábamos apretados pero sabíamos bien donde estaban nuestros límites.

 

Algo que me llama la atención, es que en estos lugares donde suele haber mucha gente, habitualmente nos colocamos en círculo, y creo que es por esta razón, es decir, por preservar nuestro espacio ante los demás, por delimitar donde estamos. Además normalmente integramos al grupo en la burbuja y dejamos al resto fuera de ella.

 

En conclusión, nuestro espacio es necesario, lo reclamamos en muchas ocasiones cuando se ve invadido. Y creo que es muy importante contar con ello cuando nos vayamos a relacionar con otra persona, puesto que debemos tener en cuenta que muchas veces, de primeras, hay que mantener cierta distancia o estar pendiente de cuando se nos incluye para poder acercarnos.

ORGULLO Y PREJUICIO

ORGULLO Y PREJUICIO

"Si sus sentimientos siguen siendo los mismos dígamelo, mi afecto y mis deseos no han cambiado, pero una sola palabra suya me hará silenciar para siempre. Sin embargo, si sus sentimientos han cambiado debo decirle que ha embrujado usted mi cuerpo y mi alma, y que la amo, la amo y la amo y que ya nada podrá separarme de usted".

UN SACO DE PENSAMIENTOS

  

Me canse de ser la princesa de los cuentos de hadas. Ya sabes que nunca he sido de aguantar mucho en los lugares, sobre todo en aquellos donde la rutina es la ley principal para poder vivir.

Si, efectivamente un día me equivoque al decirte que te quería. Era cierto que sentía algo por ti, porque siempre sentimos algo por alguien, nunca dejamos de recibir sensaciones y de emitirlas, y por ello, en ese momento, pensé que eras alguien importante para mí. Hoy solo puedo decir, que no fuiste tú, solo yo.

Escribo sin saber, escribo porque me sale el escribir, el llenar párrafos con ideas, con cosas que no dicen nada, pero que en su conjunto dicen muchas más cosas de las que podría decir si las pensara.

No me juzgues, porque ya no lleve ese vestido, no pienses que he dejado de ser quien soy, porque nunca fui yo misma, porque siempre he sido un sueño. Un conjunto de deseos, y de arrepentimientos.

Hoy no pienso, actúo. No me paro a mirar las consecuencias, no busco dobles sentidos, creo que en este camino me he cansado de dar vueltas. Me dirijo a mi objetivo, sin desvíos, sin caminos que alargan el recorrido, solo quiero llegar. No hay atascos, no hay paradas, tan solo para poder tomar un poco de agua y seguir. ¿En bici? Efectivamente sería más rápido, e incluso en avión, pero ya sabes que no puedo permitirme esos lujos, por eso lo hago andando, con esas zapatillas con las que jugaba al rescate en mi barrio, las que me han acompañado abandonadas en el armario durante años.

Solo te pido que una vez que llegue, estés esperándome allí, no te lo suelo pedir muy a menudo, o tal vez sÍ, pero creo que esta vez lo necesito, es una emergencia, un S.O.S, un pedir a gritos que no te alejes. Porque ahora es mi momento, porque ahora me estoy renovando, he decidido enchufarme al cargador, para volver a ser, para poder volver a existir, porque siempre, todos los años me pasa lo mismo por esta época, todo parece que se me viene encima.

La habitación parece más pequeña, aunque creo que en esto también puede influir el que cada día meta más estanterías porque cada vez tengo menos huecos para poner libros y hadas. Cada vez me gusta poner más incienso y pequeñas velas por la habitación porque parece que me relajan, y cada vez intento dormir un poco más que el día anterior.

Ya nos veremos, eso decimos siempre, y en cambio parece que es una frase para no cumplir. Creo que es compañera de “mañana te llamo” o de “ya hablamos”, son frases avocadas al fracaso, son las que se dicen cuando no tienes pensado el día y el lugar. Y en cambio, cuando las dices acude la añoranza, el deseo, las ganas, aunque todo esto desaparece en cuanto entras en casa y lo dejas apartado hasta que vuelves a ver a esa persona. Por eso te pido que no me lo digas, que lo hagas, que me llames, que me vengas a visitar. Que no pienses un día, solo que lo escojas y te decidas, porque al igual que yo pido que me esperen en el final del camino, yo a ti siempre te estaré esperando. Y es que solo se estar, solo se esperar. Porque nadie me enseño como desaparecer, porque nadie me dijo como se hacían los trucos de magia para desvanecer, así pues siempre estaré aquí para quien me necesite, al otro lado del teléfono, al otro lado de la puerta, al otro lado de la ciudad o simplemente a tu lado.

Rellenar hojas se me da bien, y como he dicho antes, esperar también, así pues espero tu respuesta.

SE BAJA EL TELÓN CUANDO TE DAS CUENTA

SE BAJA EL TELÓN CUANDO TE DAS CUENTA

 

Siempre ocurría igual, ella hacia lo imposible por no fracasar, por tener a todos contentos, por no dejar que callera una lagrima resbalando por su mejilla. Y en contraposición, todo acababa terminando de la misma forma, es decir, el cielo se llenaba de oscuridad, las lágrimas acudían a sus ojos con asiduidad, y al final, cada cosa que tocaba acababa por desaparecer.

 

No, efectivamente no podemos decir que fuera una chica con suerte, ni una chica positiva, ni una de tantas que salen en películas y series que siempre acaban con una sonrisa en la boca mientras aparece el titulillo que marca el final.

 

Se esforzaba, hacia lo imposible, llenaba su cara con potingues para parecer que tenia buena cara, lloraba mucho por las noches para que por el día no tuviera ni una lagrima que derramar, se pintaba las uñas de colores alegres, y se vestía siempre de color verde porque su abuela, cuando era pequeña, siempre la relataba que aquel era el color de la esperanza. Y ella, esperaba, anhelaba cambiar, y en cierto modo intentaba ser como una de tantas chicas normales que viven su vida feliz, que sonríen por la calle, que corren de un lado para otro quedando con gente.

 

De esta forma, paso su vida siendo un espejismo, algo que no era, algo que luchaba entre varias personalidades, un reflejo de lo que los demás querían que fuera. A veces miraba su reflejo en los escaparates y tan solo veía un maniquí, compuesto por millones de actrices a las que admiraba, cantantes, amigas, novios, familia, pero en realidad, ella, poco a poco iba desapareciendo.

 

Poco a poco, se fue dando cuenta, de que ella era diferente, no hacía falta ser como las demás, no hacía falta contentar a todos, no hacía falta adoptar la forma, porque ella ya era su fondo. En cambio, esto lo descubrió tarde, porque normalmente cuando ya somos mayores y ya no nos importa lo que piensen los demás, es cuando acabamos descubriendo lo que somos y cuando ya se ha pasado mucho tiempo actuando. Y aunque la función debe continuar, esta normalmente echa el telón.

EL REPARTO DEL TRABAJO Y EL REPARTO DE LA EDUCACION

Mis ideas previas antes de leer este texto, y basándome solamente en el titulo, pensaba que el reparto del trabajo sí que se veía influido por la educación que recibía cada persona, es decir, que aquellos que estaban más preparados, que llegaban a niveles más altos estaban más valorados por la sociedad y que encontraban trabajo mucho antes que una persona que no había superado otro escalón, como puede ser la educación secundaria obligatoria.

 

Creía que esto venía sucediendo desde hacía mucho tiempo. Aunque en los últimos años, cada vez más, se esta produciendo un cambio, puesto que muchos de mis amigos que tienen una carrera están trabajando en cosas que no tienen nada que ver con lo que han estudiado, es decir, a lo mejor una persona que estudio magisterio está llenando cubiletes de palomitas en el cine, o una persona con la carrera de dirección de empresas está trabajando como azafata de congresos porque es lo único que encuentra.

 

A esto hay que sumar, que cada vez más entre los estudiantes de bachiller se escucha, “yo voy a hacer un módulo,  porque tiene mucha más salida que una carrera, asimismo como se hace prácticas en empresas muchas veces te cogen directamente…” así pues, las carreras, diplomaturas y licenciaturas, parecen que tienen menos valor, siempre se habla de que no salimos preparados para enfrentarnos a nuestro trabajo, que no estamos muchas veces adaptados a los cambios que se han ido produciendo en la sociedad, y esto es lo que hace que progresivamente, desde mi punto de vista, las aulas de las universidades estén más vacías.

 

Esto es lo que sabía antes de comenzar a leer. Con estas ideas, es de donde he podido analizar todo lo que me decía Sara en este texto y desde aquí partiré para intentar comprender más allá.

 

En el texto se comienza hablando de la incertidumbre que plantea la crisis económica, de cómo la educación no es la panacea y de cómo se están produciendo ciertos cambios que llevan a cambiar las condiciones del trabajo. Por ejemplo, la sustitución de las grandes empresas por otras más pequeñas, que impulsan el desarrollo, generan empleo y resultan muchas veces mucho más eficaces. Pero más eficaces, ¿para quienes? Sin duda para el Estado y para las propias empresas en sí, porque éstas son las que contratan a muchas personas, pero con malas condiciones o a tiempo parciales, son las que llenan los contratos de palabras como “hasta fin de obra”. El otro día escuchando a una chica en el autobús la escuche diciéndole a su compañero: “Estoy harta, quiero un trabajo donde me aseguren que voy a aguantar por lo menos un año, aunque me den 900 euros cada mes, porque estoy cansada de trabajar un mes, ganar 1800 euros y otra vez a la calle”. La verdad, es que me recordó mucho a lo que habíamos estado viendo en clase sobre la flexibilización y la precariedad de los trabajos, puesto que  estos trabajos no nos aseguran nada, no nos dan calidad de vida, porque nos obligan a vivir al día, en pensar en el hoy sin poder pensar en el mañana.  Como decía la chica del autobús: “de que me sirve ganar tanto un mes si al siguiente no sé si voy a poder cobrar algo”. De esta forma, donde cada vez se vive más en deuda con los bancos, donde las hipotecas aprietan y colocan sogas sobre el cuello, donde los precios suben repentinamente de un día para otro, ¿qué seguridad tienen los trabajadores? ¿Qué tipo estabilidad pueden conquistar?

 

Hablamos de crisis, y de todo aquello que se nos plantea unida a ella. De la educación, del mercado, del paro, de las empresas, etc. Pero ¿Qué pasa con los trabajadores? ¿Con el día a día? Sé que es todo una gran espiral donde un elemento es el alimento del siguiente, por ello, intentare verlo por partes.

 

El siguiente punto que nos comenta Sara, trata sobre el tema del paro. De aquí me ha llamado la atención varias ideas como.

-          Una economía con fuerte expansión del sector financiero no genera trabajo ni moral sino más bien especulación.

-          Sus efectos más notorios se traducen en la desindustrialización y la exportación del empleo.

-          Nunca volverá la sociedad el pleno empleo

-          Cuota inevitable de paro para no disparar la inflación.

 

Es decir, según se pinta el país puede ir bien, crecer y en cambio tener a un porcentaje alto de la población con la calculadora en la mano porque no llegan a fin de mes y todo esto relacionado con algo que se dice en el texto, que es lo siguiente: “A algunos sectores empresariales les puede parecer deseable una dosis de paro, en tanto que dispongan de una reserva de mano de obra que impida el alza de los salarios, contrarrestando así el poder judicial”. Es decir, da igual la gente, da igual todo, es favorable el tener personas sin trabajo porque así, si un trabajador no acepta las normas de la empresa se le podrá echar fácilmente y contratar a otro, sin pensar más allá de su situación. La verdad es que esto me recuerda a  cuando éramos pequeños y hacíamos colección de cromos, lo único que aquí lo que se cambia, y con lo que se juega es con personas y con sus familias, y, cómo no, con las personas que de por sí ya están en desventaja, porque son a las que más fácilmente puedes explotar y las que se sabe que necesitan trabajar para mantener lo que tienen. Por supuesto no podemos olvidar que en todo este juego los “cromos más repetidos” se podrían decir que son: las mujeres, los jóvenes, las personas mayores y aquellos que tienen poca o nula cualificación.

 

Todo esto refleja en cierta medida el pez que se muerde la cola, porque los jóvenes que viven en los contextos más desfavorecidos, serán también aquellos que tengan más dificultades para poder seguir estudiando y saldrán a un mercado de trabajo, donde serán presa fácil de los carroñeros, es decir, baja cualificación  es: igual a bajo salario y te exploto, hago y te despido cuando quiero. Por lo tanto, seguirán con su mismo nivel de vida, viajando de un puesto a otro de trabajo y haciendo que la secuencia se repita probablemente con sus hijos. Y solamente aquellos que partan de un buen nivel, que tengan dinero para poderse pagar los estudios, y que tengan un cierto capital cultural seguirán estudiando y terminando en la universidad.

 

Aunque tampoco estoy muy segura de esto. Puesto que, llevándolo al terreno personal o la experiencia que he vivido, de los que éramos en clase durante el colegio (colegio concertado, así pues suponemos que las familias tenían un nivel económico medio alto)  el porcentaje de los que hemos estudiado en la universidad es bastante bajo, puesto que de una clase de unos 30 alumnos,  tal vez seamos diez los que hemos seguido estudiando. Así pues, aquellos que viven en contextos más pobres o en peores condiciones es probable que dejen de estudiar antes, pero tampoco debemos olvidarnos que muchos de los que no cumplen estas características  también abandonan los estudios, tal vez, porque cuando se es más joven, no importa tanto el dinero que ganes, sino que ganes algo que dependiendo de la edad será mucho, o que la escuela no otorga una verdadera respuesta a lo que se pide desde el exterior. Se vive en una desconexión, porque el sistema educativo no da respuesta a los cambios tan rápidos que se producen en la sociedad.

 

De todas formas, cuanto más preparados estemos, más educación tengamos,…, tendremos mayor número de respuestas, para saber porque hacemos las cosas, para ser más críticos con lo que ocurre en la sociedad y para no dejarnos llevar por las corriente que van apareciendo. Como dijimos en clase la educación nos sirve para tener una mayor dignidad, para ser más libre y para defendernos mejor ante las injusticias.

 

En conclusión el reparto de la educación va a influir en el reparto del trabajo, porque dependiendo de las competencias que tengamos, del certificado que hayamos obtenido así vamos a conseguir un trabajo u otro. Pero no siempre las personas que hayan estudiado van a trabajar luego en lo que les gusta, ni todos llegaran a ocupar los puestos altos donde hay mayor movilidad, puesto que el neoliberalismo ha llegado, los puesto ya no son fijos, hay pocos trabajos estables, y lo que más se lleva es jugar con cromos.