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EL RINCÓN DE MIS PENSAMIENTOS

EN BUSCA DE LA VERDADERA NECESIDAD

A través de las diversas entrevistas nos encontramos con que muchos docentes llevaban a cabo una serie de cursos para cumplir unas horas establecidas de formación. Pero que por lo general, esos cursos que realizaban no les servían de nada, ya que no cubrían las necesidades específicas que demandaban.

 

Los únicos cursos que veían con un mínimo de eficacia eran aquellos que salían desde los propios institutos o colegios, es decir, los maestros se reunían, al igual que hemos hecho nosotros, y decidían y planteaban aquellas necesidades que encontraban cada día en las aulas. Estas eran enviadas mas tarde a los ayuntamientos, y en ocasiones recibían la respuesta a través de un curso que se realizaba en su mismo centro escolar sobre lo que habían pedido.

 

Así pues, creo que esta práctica es importante, pues se lleva a cabo dentro de los institutos y colegios y nos ayuda a delimitar aquellas necesidades prioritarias, analizando la realidad y consiguiendo un consenso entre todos los miembros docentes del centro, que es algo que me cuesta imaginar. Ya que si nosotros estudiando todos lo mismo, hemos tenido algún problemilla para ponernos de acuerdo, en un centro, donde los alumnos, la implicación familiar, las asignaturas que se imparten son tan diversas…requerirá un gran esfuerzo por parte de todos el llegar a algo común, por y para el beneficio de todos.

 

Y es que muchas veces defendemos el aprendizaje cooperativo en nuestras aulas, y nos olvidamos que todas las ventajas que relatamos, las podríamos vivir nosotros mismos si las lleváramos a cabo, entrando en contacto con los demás profesores.

 

Como cualquier cosa, esta planificación de la formación, de buscar y encontrar nuestras necesidades, de categorizarlas, lleva como dice Frances Imbernon “un desgaste energético, un coste que supone realizar algo nuevo,…, implica dedicar horas, exponerse a situaciones de incertidumbre y también que afloren aciertos  y errores” además de que en muchas ocasiones nos encontramos con el obstáculo de aquellos docentes que expresan una “resistencia a la formación”, ya sea por la edad, porque no quieren cambiar, porque se requiere esfuerzo, etc. Discrepancias que no llego bien a entender, porque la formación, la traslades luego al aula o no, lo que hace en muchas ocasiones es abrir puertas y encontrar nuevos recursos o caminos para mejorar la práctica docente.

 

En conclusión, lo que creo es que todos tenemos infinidad de necesidades, lo que pasa es que cada persona es distinta, y no todas luchan, se entusiasman, buscan e indagan de la misma forma. Por ello, muchas veces la formación se ve como una obligación para aquellas personas que no aceptan el cambio, que no viven en contacto con la realidad, y que al igual que ellos mismos, no tienen en cuenta las necesidades de sus alumnos. Por lo tanto la principal necesidad que observo desde el exterior, es que faltan ganas y motivación también desde el equipo docente.

EL SECRETO DE LA LITERATURA

EL SECRETO DE LA LITERATURA

 

“… la literatura está más hecha de lo negativo y de lo adverso y, sobre todo, de lo triste. El bienestar, y específicamente la alegría, carecen de prestigio literario, como si el regocijo y los momentos de felicidad fueran espacios vacíos, vacíos y por tanto intransferibles, de los que el verso y la prosa serían malos portadores. Parecería que solo los bobos están contentos y hay que evitar a toda costa mostrarse tonto; el genio, en cambio, se presenta siempre como profundamente preocupado, cuando no sumido en el dolor y la incomprensión. Si declaro que me encuentro bien y feliz, a nadie le importa; aparte de que la declaración misma de felicidad tiene algo de insultante; debo decir que estoy mal, o triste, para que mi posible lector tenga a quien compadecer y se alegre y acaso hasta me perdone que sea yo el que escribe y el que lee. Los románticos salvaron a Cervantes del olvido cuando descubrieron que su libro era un libro triste.”

 

 (Augusto Monterroso)

LA AFECTIVIDAD EN LAS AULAS

LA AFECTIVIDAD EN LAS AULAS

Vistas Las autobiografías en el aula y el texto de Esteve, J, M, (1989) me doy cuenta que a través de toda nuestra educación nos hemos topado con profesores de diferentes estilos educativos (Adoctrinamiento, instrucción, adiestramiento…) Tal vez, nos gustaría decir que todos ellos han utilizado la educación, la cual estaba llena de valores morales, de reflexiones, etc. Aunque no es así, ya que en nuestra vida escolar hemos chocado con docentes que su máxima era imponernos sus ideas, también tengo que decir, que a afortunadamente estos han sido los menos (o por lo menos en mi caso)

 

Podría comenzar a leer la autobiografía e ir colocando a cada profesor una etiqueta que le definiera, pero creo que eso en el fondo no valdría mucho. Así pues, hablaré de una forma más global. Diciendo que lo importante muchas veces en un docente es el sentimiento afectivo hacia los alumnos. Y es que si nos paramos a reflexionar durante unos instantes, recordaremos a aquellos con los que nos hemos sentido más identificados, los que les contábamos nuestros problemas y los escuchaban. Creo que todo alumno necesita saber que la persona con la que comparte el mayor tiempo del día se preocupa o se muestra abierto hacia las necesidades que pueden aparecer. Y es que esta relación profesor- alumno, pienso que debe ir más allá de la simple relación de adoctrinar o formar, si no como se dice en el texto, tiene que ir dirigida a educar, tanto en valores como en conocimientos y esto se podrá conseguir si y solo sí, el profesor escucha a sus alumnos, puede empalizar con ellos y les hace participes de lo que aprenden. Además de esta forma, lo que también se estará provocando será una mayor motivación en los alumnos, porque no verán al profesor como una figura que esta ahí para obligarles a aprender ciertas cosas, sino que lo verán como una persona que además de ser un profesor pueden hablar, discutir y negociar con él.

 

Además el docente, al tener una buena relación con los alumnos procurara animar a todos y no solamente a aquellos que suelen sacar buenos resultados. Aquí podemos situar a mi profesor de inglés el cual daba gominotas a toda la clase, y es que de esa forma motivaba a todos por igual, reconocía su esfuerzo y les alentaba a seguir así.

 

Con todo esto, me viene también a la cabeza, la idea de la confianza, y es que cuando un profesor confía en sus alumnos y se lo demuestra, estos normalmente trabajan más, por el deseo muchas veces de no fallarle. Aquí se ve muy bien el contraste de un profesor autoritario o permisivo frente a un maestro democrático, ya que con este ultimo, la sensación de “equipo” de “unión” esta más presente y parece que todos se deben esforzar porque  forman parte de ese grupo.

 

Además de esta forma, se promueve una mejor relación entre los alumnos, y entre alumnos- profesor.

 

Por lo tanto. La afectividad para aprender no la veo como algo necesario, pues si el propio niño quiere aprender lo va a hacer independientemente de cómo sea el profesor. Pero si la considero como un gran medio para llegar a los alumnos, para que estos se motiven y para que el aprendizaje sea más efectivo y pueda llegar a todos, haciendo que sea significativo.

LA MEJOR FORMA DE PERDER UNA MAÑANA

LA MEJOR FORMA DE PERDER UNA MAÑANA

¿La mejor forma de perder una mañana? Esta claro, levantarte pronto hacer todo corriendo para que me de tiempo a coger el autobús, y al final, ver como pasa delante de mi porque no me ha dado tiempo a cruzar el semáforo y cogerloTriste. Más tarde ,después de ir a la biblioteca a coger un libro que vi hace dos días y que tendría que haber cogido, darme cuenta que alguien se ha adelantadoSorprendido, con lo cual, todo lo que tenía planeado hacer con el queda relegado a otro día, y hoy… ¿qué se puede hacer? Esta claro, conectarse al ordenador, pasear por millones de páginas antes de ponerse a hacer cosas, buscar en la página de la biblioteca a ver si encuentras algún libro que te pueda servir, aunque el resultado de la búsqueda sea: not found. Mirar más páginas buscando algo sin saber el que, hablar con la que esta sentada en el ordenador de al lado sobre lo mal que esta la biblioteca y sobre los pocos libros que tiene, etc.

 

El caso es que después de llevar aquí desde las diez llega la una y mi trabajo queda limitado a un power point, y a las conclusiones de la memoria, que ocupan un total de tres páginas. Cualquiera podrá decir que no he hecho nada hoy, aunque para mi he trabajado más de lo que debería, pues es martes, justo el día después de semana santa y digo yo ¿no tendría que estar ahora despertándome y levantándome de la cama?Indeciso

 

Mi día de hoy se tendría que resumir de la siguiente forma: dormir, comer, clase, cenar, dormir… en cambio he llenado un párrafo contando solamente lo que me ha pasado por la mañana, esta claro que hay días que deberíamos permitirnos el lujo de perderlos.

 

Así pues voy a empezar a ponerlo en práctica, total los días de lluvia no son tan valiosos como los de sol.Burla

JUGANDO AL ESCONDITE EN UN PISO DE TREINTA METROS CUADRADOS

JUGANDO AL ESCONDITE EN UN PISO DE TREINTA METROS CUADRADOS

Subí corriendo las escaleras. Busqué rápidamente las llaves en mi gran bolso, porque ahora es la moda, pequeñas faldas como cinturones y bolsos tan grandes como sacos. Acerté a la segunda o a la tercera, no me acuerdo muy bien, creo que estaba muy nerviosa para haber metido la llave en la cerradura a la primera.

 

No me preocupé de dejar cada cosa en su lugar, simplemente cerré la puerta, tiré las cosas allí mismo, en la entrada, y te busqué en cada habitación. Supuse que estarías con el ordenador, así que fui a tu pequeño despacho pero no te encontré. Luego casi sin pensarlo me vino a la mente los libros y fui al salón para darte una sorpresa y que dejaras el  que te habían regalado hace pocos días sobre elfos, magos y mundos fantásticos, pero habías desaparecido. Es gracioso, tenemos una casa de las que también se llevan ahora, esas de treinta metros cuadrados, así que me costaba imaginarnos jugando al escondite entre sus paredes.

 

Ultima solución. La cama. Se que te atrae el quedarte dormido en ella, en cualquier momento del día, se que te intenta convencer para que no salgas de ella, lo sé, porque a mi, en ciertas ocasiones también me hace el mismo juego. Pero cuando entré, ella estaba allí, sola, sin compañía y aunque me intento seducir, no caí, pues nadie me podía alejar de mi meta, que eras tu.

 

Camine despacio. Había recorrido todos los rincones, menos la cocina y el baño. La cocina estaba vacía, así pues me dirigí al último lugar.

 

Abrí la puerta muy lentamente, asome mi cabeza por el pequeño hueco y por fin te encontré. Te habías quedado dormido en uno de esos baños con espuma y agua caliente. Tus manos estaban arrugadas, un efecto de osmosis, creo que se llamaba. Sentí la necesidad de abrazarte, de besarte, de envolverme en esa tranquilidad que irradias. Ni un movimiento. Una respiración suave. Una gota deslizándose en tu cuello. Perdóname si te interrumpí el baño, pero no lo pude evitar, tardé tan solo dos minutos en desprenderme de la ropa y comencé a invadir tu espacio vital (ese que sale en el anuncio). Te besé por fin. Todo el camino me lo había pasado corriendo, entre horarios de autobús, trenes, metros, pero por fin había llegado a tí, a ese beso, a fundirme contigo. Y ahora solo quiero permanecer aquí sin moverme con todo lo que me haces sentir.

NO TE INTENTÉ CAMBIAR

NO TE INTENTÉ CAMBIAR

Te encontré en el mar. En una pequeña concha escondido, creí que eras la perla porque brillabas entre todas las demás. Así pues, te cogí entre mis manos, con mucho cuidado, te mecí entre ellas, quería que no notaras el cambio del vaivén de las olas, al ambiente que se vive fuera de ella.

 

Cuando llegue a casa, cogí una pequeña caja del fondo de mi cajón, la acomode perfectamente para que pudieras vivir en ella. Puse cachitos de algodón y los cubrí con un pañuelo que tenían mis iniciales, no sé porque pero de pequeña mi abuela se empeñaba en coser mis iniciales en todo  lo que veía: sabanas, toallas, pañuelos,…, pero todo ello sirvió para que nunca me olvidaras.

 

Te tumbe allí, intente colocarte cerca del radiador. Pero a pesar de que me esforcé en que todo estuviera perfecto, a ti no te lo pareció.  No era tu lugar, no era tu casa, te saque de la tuya y pretendía que te acomodaras a mis costumbres, a mi entorno, pero no pude. Una noche te marchaste. No tengo ni idea del como, creo que esa será mi gran interrogante. Solo cogiste mi pañuelo, supongo que porque aunque te quisieras ir no querías olvidarme  porque te había tratado bien, o al menos todo lo bien que supe hacerlo. Aunque tal vez lo utilizaste como paracaídas para descender desde la ventana.

 

Sea como fuere, espero que estés bien, que me perdones por robarte del lugar en el que siempre debiste estar. Esta claro , que nunca debemos intentar cambiar a nadie, pues todos pertenecemos y somos de algún lado y esto nos define a lo largo de nuestras vidas.

NO ME DEJES OLVIDAR

No me dejes olvidar ni un instante. ¿Acaso todos esos momentos que hemos olvidado no han sido momentos perdidos?  ¿Crees que si olvidamos estamos perdiendo lo más importante, la vida? Me dices que no, que lo importante es vivir el momento, pero para mi, no basta, quiero disfrutarlo, pero también gravarlo en mi memoria, quiero volver a cada instante cada vez que me apetezca. No quiero tan solo limitarme al ahora, quiero un antes y un luego.

 

No puedo vivir pensando que estoy aquí, y que no recuerdo cosas que hemos vivido, no puedo recordar algunas sonrisas que compartimos y eso, me entristece, porque me gustaría conservar todas, da igual si son muchas, pero me gustaría guardarlas todas en una cajita y visionarlas antes de irme a dormir.

 

Ayer, a tu lado, cerré los ojos, me concentre en tu cuerpo, en tus manos, en tus caricias. Obvie todo lo que estaba a mi alrededor, no era importante, no quería que se colará nada entre tu y yo, tan sólo me apetecía estar junto a ti y sentir tu respiración. Sentirme pequeña entre tus brazos, conservar tu perfume, y escribir todo con tinta permanente en mi memoria.

 

Así que, no me digas que basta con vivir el momento, porque yo no quiero olvidar ni un instante a tu lado.

AUTOBIOGRAFÍA

Me parece un poco pronto para escribir mi autobiografía, pues siempre había pensado que eso se hacia cuando una era mas mayor, tenia un bastón para poder andar y una cara llena de pequeñas arrugas que invaden el rostro, pero aquí estoy, volviendo a mis inicios, intentando encontrar todos los recuerdos que tengo acerca de mi escolaridad, pero ¿Cómo resumir casi toda mi vida en apenas unos folios? Me resulta complicado, aunque por otra parte no sé si sabré llevar todos mis pensamientos al folio de una forma clara. No hablare nada acerca de cómo nací, de los días en los que mis padres me esperaban, de cuando comencé a andar, ni el momento en el que mi madre me llevo delante de la virgen para que comenzara a hablar (siempre he sido de pocas palabras),  porque simplemente, no me acuerdo de nada de eso y parece que solo lo recuerdo por fotos (en las que aparece una niña parecida a mi pero mas pequeña) y unas cuantas historias que salen a la luz cuando de vez en cuando nos reunimos para hacer una comida familiar.

 

Mi ingreso en la escolaridad comenzó con cuatro años en primero de preescolar. Antes de eso me había educado con mi abuela la mayor parte del tiempo, pues mis padres trabajaban y mi hermano ya había comenzado el colegio. Así pues, yo me pasaba el día en una pequeña panadería que tenia mi abuela. Supongo que por esto y por ir con mi hermano, comencé a ir al colegio con mucho entusiasmo, porque la panadería estaba bien (sobre todo para elegir los desayunos) pero evidentemente no tenía a nadie para jugar.

 

De mi clase de primero de preescolar no me acuerdo muy bien, pero creo que podía contar alguna historia. La organización de la clase estaba formada por una pizarra al fondo y una mas pequeña de color blanco y con cuadricula en la parte derecha. Estábamos colocados en mesas de más o menos seis niños en dos filas. Mi profesora se llamaba Ester, no puedo decir mucho de ella, pues mi memoria no me lo permite, solo que tenia una voz especial, creo que seria capaz de reconocerla aun, a pesar de que hayan pasado varios años. Como anécdota creo recordar que después de comer nos mandaban cruzar los brazos y agachar la cabeza mientras nos repartían los folios, y en una de esas veces me quede dormida ( no se le puede decir eso a una niña que se levanta pronto y que no puede dormir la siesta porque tiene que ir al colegio) no me acuerdo el tiempo que estuve dormida, ni si me llegaron a despertar, pues me parece, desde la distancia que estuve mucho tiempo, aunque la noción de tiempo no es la misma que poseo ahora.

 

Creo recordar también, y teniendo una pizarra con cuadricula que comenzábamos ya con la escritura y haciendo dibujos que me parece que se les denominaba grecas o cadenetas, aunque de eso no estoy muy segura. Además emprendíamos también  la tarea de leer, ayudados por la cartilla de Micho, color rojo, porque la verde era para segundo de preescolar, aunque no me acuerdo muy bien cual era la diferencia entre ambas.

 

En segundo de preescolar, pase a otra clase, seguíamos colocados en grupos de seis mas o menos, y esta vez vinieron nuevos compañeros. Como profesora, estaba Amparo, es a la que recuerdo con mas cariño y todavía hoy cuando la veo me entran muchas ganas de decirla: “Profe , te quiero mucho” (como si los años no hubieran pasado) ha sido con diferencia, con la profesora que mas a gusto me he sentido, el porque no se, tal vez porque tenia una camisa de rayas blancas y rosas igual que la mía y el día que coincidíamos me sentía súper importante porque iba como ella, o tal vez porque sin ella no hubiera pronunciado la “rr”, ya que al no saber decirla le propuso a mi madre que me llevara al logopeda. Además es con esas personas que sabes que te quieren, así pues, no me acuerdo que aprendía, ni como lo hacia, no la forma de evaluarme, pues todo se centraba en mi profesora.

 

He querido extenderme más en esta etapa de preescolar porque es cuando parece que todo se vive mas intensamente, cuando el profesor, en este caso, profesoras no son alguien que te impongan si no que de verdad te ayudan a aprender, están contigo llevándote de la mano y ayudándote para que puedas aprender.

 

                No digo que los profesores sean peores, pero parece que se establece una distancia en la que los sentimientos se van abandonando y todo es mucho mas duro, ya no se puede parar  tanto a contar nuestras vidas porque nos debemos ceñir a lo que se debe aprender. 

 

A partir de aquí, en la etapa de primaria, los profesores eran como mas distantes, ya no había tanto cariño de por medio, me acuerdo además que lo normal era tener una profesora para un ciclo entero, pero por causas que desconozco estuvimos cada año con una profesora diferente. No puedo decir exactamente como aprendíamos, pero me acuerdo que en la pared, hecho con una cartulina blanca, había un registro donde se iban colocando pegatinas de colores según como habías hecho la tarea o como había sido tu comportamiento.

 

La relación con los compañeros dependía mucho del lugar donde estuviéramos sentados, y parecía que tu compañero/a de pupitre iba a ser el mejor amigo durante toda la vida, aunque cambiaba inmediatamente cuando cambiaban de sitios ¿La relación fuera de clase? Si he de ser sincera no me acuerdo de mucho, solo de mi vecina que iba a mi misma clase y de algunos amigos jugando en la plaza del pueblo.

 

Puedo decir que como miedos el que mas destaco es el de no saberme las tablas de multiplicar. Creo que fue la primera vez que me castigaron por no saber algo, además lo tengo gravado, si fuera a un psicólogo seguro que me diría que tengo un trauma infantil. Porque no hay peor castigo que mandarte a la clase de al lado, para que todos comprobaran que no te sabias la tabla del nueve. Que crueles podemos llegar a ser los profesores. Así que, después de esto y pensando en un futuro nunca aplicaré este método.

 

De libros recuerdo uno que se llamaba “lobato”, en el venían historias de un pequeño lobo perdido en la nieve, con un niño y una niña haciéndole compañía, y unas fichas que hablaban de sus aventuras. Me parece que me gustaba bastante ese libro porque contaba con pegatinas, pequeñas maquetas y algún que otro juego.

 

¡Ah! Y tengo que destacar al profesor de ingles que por cada acierto nos daba una gominota, y sí, por aquella época, n osito de coma era el mejor premio que se podía ofrecer, además cuando se terminaba la clase repartía los que le quedaban.

 

Más tarde pasamos a otro ciclo, tercero y cuarto de primaria, aquí la cosa se ponía seria, nos llenaban las dos pizarras con ejercicios de problemas, multiplicaciones y las temidas divisiones. Por lo tanto todos los días teníamos que abrir los cuadernos, apuntar la fecha y comenzar pro ejercicio numero uno. El profesor, Don Antonio, olía mucho a menta, porque era más o menos mayor y siempre estaba con la garganta fastidiada. Nuestra relación con el , podemos decir que dependía del día, y es que después de los partidos del Real Madrid venía siempre a clase con folletos y esas cosas, porque era socio y nos daba uno a cada uno (a los que eran del barsa o del atlético también, a ver si les convencía supongo) otros días entraba muy serio y comenzaba a preguntarnos la lección por ejemplo, y si no te la sabías te tiraba de la oreja hacia arriba, así que supongo que esto era mi peor miedo.

 

De los demás profesores destacaría a Freddy, profesor de música, no se muy bien, pero toda la clase decíamos que estaba loco y era muy raro, la verdad, es que hacíamos muchos juegos, pero al ser distinto a los demás nos llamaba mucho la atención supongo.

 

Así llegamos a quinto y sexto, de esta etapa tengo todo mucho más reciente. Aprendíamos lo que nos ponía en los libros, y fotocopias que nos daban como ampliación, hacíamos bastantes trabajos de forma individual, y llegaba el momento de pasar lista y preguntar la lección de forma oral encima de la tarima, una de ellas era los ríos, odiaba esto, no me gustaba el que me preguntaran, el que me pusieran negativos si me quedaba en blanco delante de toda la clase.

 

Me acuerdo que había un compañero que al ponerse nervioso tartamudeaba y aun así, no estaba exento de que le preguntaran. Pero bueno le entendíamos muy bien, porque el tartamudeaba, otros nos quedábamos en blanco…parecía que por una cosa u otra estábamos unidos porque sabíamos lo que pasaba. Con las amistades, la clase se dividió bastante, porque repitieron muchos, otros llegaban y parecía que el grupo que habíamos comenzado se iba rompiendo. Aunque nunca hemos tenido problemas de unos con otros era como si fuéramos grupitos pero conviviendo normalmente.

 

¿Expectativas? No se cuales tenia, aunque toda mi vida académica ha estado muy marcada por mi hermano, porque era el que sacaba todo sobresaliente y en cierta forma mi deseo era hacer los mismo o parecido (aunque pocas veces lo lograba)

 

Todo el periodo de la ESO, lo voy a mezclar, porque mas o menos en todos tuve los mismos profesores y mas o menos la misma metodología. Era una etapa en la que vivimos muchos cambios porque todos o la mayoría de los docentes eran nuevos, muy jóvenes porque acababan de entrar al colegio, y la disposición de las clases también cambiaba, pues eran mesas todas juntas formando grandes filas. A esto hay que sumarle los compañeros que nos comenzaron a unir al otro grupo (al B), la relación con los profesores que era mas cercana (parecía que había respeto pero te daban más pie a hablar y a decir tu opinión) la lección no se preguntaba, aunque hacían controles muy a menudo.

 

De esta etapa destacaría una frase: ¿Cuántos amigos tenéis? Porque yo los puedo contar con los dedos de una mano y me sobran. Problemas o luchas: todo el alumnado contra el uniforme y contra la jornada partida. El nivel: en este colegio se da el nivel más alto de todo Torreón, porque es el único que tiene cinco plantas. Una práctica: disección de una trucha. Amigas: ruptura del grupo de amigas, ya nada volvería a ser como antes. Un ejercicio de gimnasia: subir y bajar las escaleras en silencio. Un profesor: Don Justo y su ruido de llaves. Un examen: el de historia de Isabel II, creo que puedo decir que fue le peor examen de toda mi vida superando cualquiera del instituto, selectividad o la universidad, y a partir de ahí deje de dejarme todo para el último momento. Un libro: Moby Dick. Un viaje: el de fin de curso a Matalascañas y una despedida: mi graduación.

 

Se, que posiblemente me haya alargado mucho con mi época en el colegio, pero es que hablo mucho desde la añoranza, porque me encantaba, me gustaba ir, ¿empollona? Tal vez, no lo sé, el caso es que disfrutaba, pienso que sin el colegio me hubiera perdido tantas cosas… tantos amigos, tantos momentos y tantos recuerdos…creo que es el lugar donde mejor he encajado, y es que he pasado allí doce años y contando que tengo veintiuno, es más de la mitad de mi vida, así que no podía resumirlo en menos palabras, porque es así, y creo que me he dejado muchísimas cosas.

 

La siguiente etapa, el instituto, fue un sitio donde estuve dos años pero que me resulto un poco de paso. Llegué a una clase donde no conocía a nadie, donde ellos llevaban juntos desde preescolar y el hacerse un hueco no era muy fácil, además no había nadie de Torrejón, porque todos eran de Alcalá. El que aprender, se ceñía a lo que debía aprender para aprobar selectividad.

 

Y la relación con los profesores era muy distinta al colegio. Al final de primero de bachillerato me acuerdo que la profesora de lengua me seguía llamando “la nueva” (no lo entendí nunca, mi nombre no era tan difícil, solamente consta de cuatro letras, y una de ellas esta repetida) Aunque hay excepciones y la relación con alguna profesora fue muy buena, sobre todo con aquellos que tuve durante los dos cursos.

 

La relación con los compañeros fue difícil, no se me da bien, el integrarme cuando todo parece estar tan estructurado y donde parece que todo funciona a las mil maravillas. A pesar de esto conseguí allí al mejor amigo que tengo en la actualidad y que espero tener siempre.

 

La verdad es que en esta etapa mis miedos y expectativas, no iban tan encaminadas a los estudios o al aprobar, si no a la integración.

 

De esta forma acabe el instituto, aprobé selectividad, y entre en la carrera de magisterio. Otro cambio, otras amigas, otros profesores, en fin otra vez, volver a empezar (si os dais cuenta nos pasamos la vida terminando y empezando etapas)

 

En la universidad la mayoría de las metodologías eran distintas, todo estaba basado en lecturas, practicas, trabajos en grupo…las asignaturas dejaron de ser las de siempre para dar paso a didáctica, psicología, teorías, etc. Y los profesores ya no estaban encima tuya, vigilando cada paso que dabas. Así pues la relación era buena, mas de igual a igual, pero sin tanto afecto como cuando éramos tan pequeños. Podemos decir que todo era diferente y te podías encontrar a los que se paraban a hablar contigo y a los que no te miraban en los pasillos (aunque esto creo que tampoco es algo tan tato en muchos)

 

Entre los compañeros, existía una relación cordial y mas profunda con aquellas que pasábamos las horas, aunque cada grupo era muy independiente del resto.

 

Las evaluaciones solían ser por exámenes o trabajos. Y las expectativas no iban unidas a si los aprobabas o no, más bien, a si te salían bien, a la forma que podías realizar las cosas, etc. Porque la nota era mas relativa, y el estar en la carrera era como ya un logro donde a partir de ahí, todo debía ser calmado, porque estábamos donde debíamos estar.

 

Los textos que utilizábamos eran los apuntes y los libros de la biblioteca, que estábamos sacando continuamente. Como recuerdos, tengo a varios profesores, pero no por nada especial, sino porque hay con muchos con los que pasábamos muchas horas y llegábamos a verles mas que a nuestras familias.

 

Aunque en general tengo muchos momentos, la mayoría ligados a amigos, ya risas, peleas, reconciliaciones, trabajos, etc. Y es que los trabajos en grupo, opino que hay veces que es mejor hacerlos con gente desconocida.

 

Y ahora, en la actualidad ya estoy aquí, he llegado a psicopedagogía, no diré nada de ella todavía, porque por ahora no es un recuerdo, es un hecho que estoy viviendo y no me siento con la suficiente distancia para poder valorarla de una forma un poco objetiva.

 

Un paseo rápido por mi vida, donde lo que mas quiero destacar en ella es a las personas, tanto profesores como compañeros  o amigos, pues gracias a todos soy un poco de ellos y un poco de mi.