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LA ADOLESCENCIA, UN ACERCAMIENTO A SU ESTUDIO

“El adolescente es un ser extraño, inocente como un ángel, orgulloso como un príncipe, valiente como un héroe, vanidoso como un pavo real, perezoso como un asno, indomable como un toro, irritable como una damisela”.
Stanley Hall
He escogido esta frase para comenzar mi texto, porque creo que en ella se están dando por hecho características de la etapa de la adolescencia, y que a través de comparaciones se intenta hacer un retrato de lo más llamativo como puede ser la incomprensión, la búsqueda de autonomía VS seguridad, el egocentrismo, la confrontación con la autoridad, etc. Pero todos estos rasgos que atribuimos ¿son verdaderamente ciertos? ¿Se dan en todos los adolescentes? ¿Se atribuyen a una edad independientemente del medio donde se desarrolle el sujeto?
Ante esta primera reflexión que tenía que realizar me plantee dos cuestiones:
- ¿Es verdad qué la opinión que tenemos acerca de la adolescencia, es que es un periodo lleno de conflictos al que tenemos miedo, o es solamente un mito que luego no se refleja en la opinión de las personas?
- Y por otro lado ¿Se puede estudiar la adolescencia como algo individual o perteneciente al individuo, o debemos estudiarlo desde un plano más general en el que nos centremos en las interacciones que establece este con el contexto?
Para dar respuesta a la primera pregunta decidí buscar dentro de internet algún foro que hiciera referencia a la adolescencia, y desde aquí analizar aquello que se decía sobre esta etapa. Asimismo, analizar que adjetivos o con que sustantivos la relacionaban. Algunos de los que encontré y de los que más aparecía eran: complicada, rebeldía, chillar, depresión, incomprensión, cambios, difícil, delicada… y otros tantos que reflejaban situaciones de estrés, de presión, de frustración, etc. Uno de los comentarios perteneciente a una chica me llamo mucho la atención, por eso lo he querido rescatar aquí:
“Para mí la adolescencia es el periodo más difícil ya que tenemos que entregar lo mejor de nosotros y proyectarnos en un futuro que no conocemos, tratando de que la decisión que tomemos sea la más acertada, ya que esta es la que nos va a acompañar por el resto de nuestra vida”.
Es decir, como podemos ver a través de este ejemplo parece que la etapa de la adolescencia es una etapa crítica que va a influir en el futuro, pero ¿es tan importante? ¿Es ésta más trascendental, comparada con las demás etapas que se producen en el desarrollo? ¿Por qué existe esta concepción? Ante estos interrogantes me vino a la cabeza el término de transición, puesto que además en clase, comentamos que se debía ver esta etapa como un paso más, por “algo que hay que pasar”, pero de una forma normal, sin estrés, y en la que la mayoría de las personas la supera sin más repercusión. Además apoyándome en los autores Baltes (2000), Staudinger y Lindenberger (1999), Stantrock (2002) recogo la idea de que el desarrollo es un proceso que dura toda la vida, por lo tanto, los cambios no se van a terminar en la adolescencia sino que se seguirán sucediendo a lo largo de los años. Pero entonces, ¿qué puede pasar en esta etapa para que se perciba tan decisiva en nuestra vida? ¿Puede influir el hecho de que los cambios sean más diversos o más espectaculares porque abarcan grandes aspectos de nuestro desarrollo?
Como hemos visto en el pequeño ejemplo que he puesto anteriormente, parece que lo que seamos y decidamos en estas edades va a delimitar nuestro futuro y lo va a dirigir en la dirección que hayamos elegido. Ante esta cuestión, me hago la pregunta de ¿cómo puede influir el medio en estas concepciones? ¿Cómo va a intervenir a la hora de “sobrellevar” esta etapa? ¿Va a depender nuestra experiencia de las interacciones que mantengamos con el medio? Ante esto existen dos teorías. Aquellas que son partidarios de la naturaleza, que argumentan que los principios genéticos producen ciertos factores comunes en el crecimiento y en el desarrollo, y las que opinan, que el medio y las experiencias son las dos variables que cobran más importancia en el proceso, incluyendo en este apartado: la nutrición, los cuidados médicos, las drogas, los accidentes físicos, la familia, los iguales, el colegio, etc.
Aunque siguiendo el modelo que vimos en nuestra pasada discusión, y el que aúna estas dos perspectivas anteriores, nos encontraríamos con el modelo ecológico de Urie Bronfenbrenner y Morris (1998) que “consiste en cinco sistemas ambientales que van desde las interacciones interpersonales cercanas hasta las extensas influencias basadas en la cultura. Los cinco sistemas de la teoría ecológica son el microsistema, mesosistema, exosistema, macrosistema y cronosistema”, al que recientemente, ha añadido influencias biológicas y ahora la describe como una teoría bio-ecológica.
Así pues, siguiente este modelo, cabe pensar que las concepciones que hagamos del término de la adolescencia van a depender de las experiencias y de las interacciones que hayamos mantenido cada uno de nosotros con los diversos sistemas que expone la teoría, y que nuestros comportamientos, actitudes, valores y creencias van a estar influidos por las relaciones que hayamos establecido a lo largo de nuestro desarrollo.
De igual forma, los recursos que manejemos, las salidas que planteemos a los diferentes conflictos, la forma de encauzar los problemas no van a depender tanto de si estamos en la etapa de la infancia, de la adolescencia, de la adultez, etc. sino que van a obedecer a una serie de “estilos” o de “respuestas” que hayamos ido utilizando a lo largo de nuestro desarrollo y que nos han ofrecido resultados de éxito.
Relacionado con todo esto, nos encontramos también con la idea de continuidad o discontinuidad, al igual que he comentado antes, se encuentran dos teorías, aquellas que hacen hincapié en el medio y que describen el desarrollo como un proceso gradual y continuo, y aquellas que enfatizan la naturaleza, y que la describen como una serie de etapas distintas (J.W. Santrock, 2003), en mi opinión, creo que es una mezcla de ambas, es decir, es un proceso continuo donde el medio en el que se crece, las oportunidades que tenemos de acercarnos a los demás, las vivencias que llevamos en nuestra “mochila”, se van acumulando, muchas veces sin darnos cuenta y ser conscientes de ello, hasta que de pronto, un día ocurre un cambio, vivimos un “momento vital” y aquí es cuando somos conscientes de que algo es diferentes, sin darnos cuenta que ha venido precedido por todo lo anterior.
¿Esto puede ser lo que ocurra en la adolescencia?, es decir, de repente vemos un cambio, pero no somos muy conscientes de cuándo, ni cómo ha ocurrido, por eso entramos en un momento de crisis, porque estamos perdidos, tenemos ante nosotros una nueva imagen, un cambio físico, unas necesidades diferentes, etc. Aunque por otro lado, ¿no somos conscientes de que este cambio se está produciendo de forma gradual? Es una duda que al pensar en ella, no he podido responder, porque pensando en mi propia experiencia, no soy consciente de cuando comencé a ser adolescente, de cuando he terminado de serlo, pero sí que tengo claro que se dieron ciertos cambios en este transitar. Así pues, respondiendo a mi pregunta inicial, creo que la respuesta a cómo se debe estudiar la adolescencia, sería desde ambas perspectivas, es decir, desde el individuo y su naturaleza, al medio y a las interacciones que se crean con este, considerando la idea, tal y como la expone Greenough (2000)que “la clave del desarrollo es la interacción de la naturaleza y el medio, en lugar de cualquiera de estos factores por separado”.
BIBLIOGRAFÍA
ü J.W. Santrock (2003) “Infancia. Psicología del desarrollo” Editorial McGrawHill.
ü J.A. Micucci (2005) “El adolescente en la terapia familiar. Editorial Amorrortu.
ü L.Steinberg y R.M. Lerner (2004) “The scientific study of adolesce: a Brief History” Journal of Early Adolescence, Vol: 24, nº1. Sage Publications
ü Domingo Comas Arnau (Director) (2003) “ Jóvenes y estilos de vida: valores y riesgos en los jóvenes urbanos” Edición INJUVE- FAD
ü A. Moreno y C. del Barrio (2005) “La experiencia adolescente. A la búsqueda de un lugar en el mundo”. Editorial AIQUE. Buenos Aires
ASPECTOS COGNITIVOS EN EL MALTRATO
A través de las dos lecturas de esta sesión he llegado a varias conclusiones. Una de ellas es la gran importancia que se ha dado siempre al individuo y partir de este marco en los posteriores estudios de algo tan interactivo, como son las relaciones que se crean entre las personas. Por ello, me parecen importantísimas algunas ideas que aparecen en el texto de “Representaciones acerca del maltrato entre iguales, atribuciones emocionales y percepción de estrategias de cambio a partir de un instrumento narrativo SCAN- Bullying”, una de ellas y que desde mi punto de vista es clave, sería la siguiente:”es preciso profundizar en los aspectos grupales en un asunto como éste que no es sino una relación interpersonal que difícilmente se da fuera de un grupo. Además hay que tener en cuenta la importancia de la interacción entre los factores evolutivos y sistémicos en la organización de los grupos de iguales, […], el interés por ir más allá de la conducta indagando en los significados de las relaciones de victimización entre pares y en las emociones asociadas a las interacciones conductuales y representaciones cognitivas, […], y la búsqueda de nuevos métodos que permitan profundizar en las líneas anteriores”, es decir se atiende al carácter grupal, a la percepción y sentimientos de cada uno de los protagonistas y a la necesidad de nuevos métodos que ayuden a entender estas cuestiones, así pues, métodos más cualitativos, que no busquen solamente dar cifras y datos sino que su meta sea conseguir una mayor profundidad.
A partir de aquí, me parece sumamente interesante comprender que representación cognitivas se hace el sujeto que es agresor o víctima del maltrato, puesto que a partir de ellas, supongo que irán unidas unas determinadas atribuciones causales, y estas influirán en el tipo de acción o reacción del sujeto ante cada una de las diferentes situaciones. Por ejemplo, si la causa de que le peguen lo atribuye a su forma de ser y personalidad, tal vez, es probable que se dañe su autoestima y que a la hora de pedir ayuda le sea más difícil, aunque si la atribución la realiza partiendo de la idea de que cada día le toca a uno, que mañana cambiará, y que tiene que ver con el que agrede, tal vez, le sea más fácil recurrir a una persona externa para que le ayude. Esto es tan sólo una hipótesis, o una pregunta que me hago, es decir, ¿se puede establecer una conexión entre atribuciones y forma de actuar?
El tema de las percepciones me parece muy atrayente, pero también difícil de estudiar, puesto que en algunos casos me pregunto ¿podemos encontrar sesgos? ¿Se contesta de una forma idílica qué harías en cada situación? ¿O de cómo te sentirías? ¿Cómo cambia esto a la hora de enfrentarse con la realidad? ¿Hasta qué punto estas percepciones van a influir en nuestra actuación? ¿Estas representaciones de qué forma están ligadas con las concepciones? ¿Se refieren a lo mismo? ¿Para formar una representación cognitiva es necesario saber primero de que concepción se parte? ¿Es difícil cambiar las concepciones durante el periodo evolutivo de la adolescencia? ¿Tiene alguna diferencia a otras etapas evolutivas? ¿Qué relación existiría entre las diferentes atribuciones y la organización grupal? ¿Se produce alguna diferencia dependiendo del rol que se tenga adjudicado dentro de un grupo?
Así pues, partir de un instrumento como son las entrevistas semi-estructuradas, me parece muy adecuado, puesto que se puede profundizar más en aquellos temas en los que el sujeto se vea más implicado o donde creamos que podemos ahondar más en aquello que más nos interesa. Y puesto que estamos relacionándonos con personas me parece importante el permitir que el sujeto se pueda expresar y establecer una relación abierta, donde investiguemos aquello que nos interesa pero recreando un clima abierto donde la persona entrevistada se sienta cómoda, ya que de esta forma, podremos obtener muchísimos más datos que si la entrevista fuera muy cerrada.
Del mismo modo, si atendemos a los resultados que nos ofrece la investigación, podemos ver como desde los nueve años ya se están identificando relaciones de maltrato, y que los niños y niñas son capaces de percibirlas, además de atribuir sentimientos tanto a la víctima como al agresor, es decir, pueden empatizar con lo que sienten los demás. Es cierto, que como se expone, con el cumplimiento de edad, esas emociones que se identifican van siendo más elaboradas y son capaces de desentrañar un mayor número de sentimientos, además de unirlas o de establecer lazos entre lo que ellos sentirían si se encontraran en una determinada situación. Relacionado con esto se encuentra un apartado al que le han denominado “cambiando la situación” y que relata cómo los participantes creen que podrían mejorar la situación de maltrato, es decir, las estrategias de resolución de conflictos y de alivio emocional. Entre todas las respuestas podemos encontrar algunas como de resignación, autorrefuerzo, adaptación…y a partir de aquí, me vuelve a salir el interrogante del papel de las atribuciones, que al fin y al cabo se relaciona estrechamente con las formas en las que formamos las representaciones cognitivas.
Además me llama mucho la atención, el factor o factores que hacen o que influyen para que, por ejemplo, un niño decida utilizar una estrategia más basada en la emoción, como puede ser el control emocional (“yo me diría: ¡Aguanta!”) o ponga en marcha una basada en la cognición, como por ejemplo la reestructuración cognitiva (“Me diría que son unos chicos malos y no merece la pena hacerse amigos de ellos”), y dentro de esto, si esta elección podría estar influida por el nivel de desarrollo intelectual, las habilidades sociales, las dinámicas de grupos, etc. Es decir, a la hora de abordar este tipo de problemas, ¿tenemos diferentes estrategias de afrontamiento? ¿La elección de estas dependerá de la experiencia previa que hayamos tenido al ponerlas marcha? ¿Tenemos todos adquiridas estas estrategias? ¿Qué nos lleva a cambiarlas dependiendo de la situación en la que nos encontremos? ¿De qué va a depender el uso de cada una de ellas? ¿Influirá el grupo en el que nos encontremos para utilizar una u otra?
Asimismo, el que no se acuda tanto a los adultos, puede reflejar como dice en las conclusiones, que las estrategias en las que los adolescentes piensan difieran de las que se mencionan para resolver el problema por parte de estos. Por lo tanto, ¿cómo poder reducir lo máximo posible este salto entre las etapas evolutivas? ¿Es bueno tener estas visiones diferentes? ¿Puede en algún momento el adulto disminuir la ansiedad que sienta el joven ante esta situación? ¿Cómo llegar a un punto de unión de ambas visiones?
Cómo respuesta a esta última pregunta, me parece interesante que el instrumento utilizado (SCAN- Bullying) sea llevado a las aulas por los profesores en la hora de tutoría por ejemplo, ya que a través del diálogo, del ser consciente de ambas perspectivas, se pueden cambiar las concepciones, y aprender diferentes estrategias para solucionar este tipo de situaciones. Y lo más importante, realizar una acción preventiva encaminada, a la adquisición de habilidades sociales, y de comprender las dimensiones del problema, puesto que si somos más consecuentes de lo que esto entraña, tal vez podamos también reducir el número de maltratos, o como se dice en el texto: “es preciso sensibilizar desde pequeños ante dicha realidad mediante relaciones que se vivan en la escuela, inspiradas en la cordialidad y la resolución de conflictos en que todos y todas participen. Estas relaciones deben ser una práctica cotidiana que incluya al profesorado y han de ser el complemento de actividades curriculares que promuevan el desarrollo emocional y resolución de conflictos basados en el debate y la reflexión a partir de hechos cercanos, entre ellos la realidad del maltrato” (Sastre y moreno, 2002).
Por otro lado la investigación de J. Sutton, P.K. Smith y J. Swettenham sobre “social cognition and bullying: social inadequacy or skilled manipulation” muestra en sus resultados como a pesar de algunas creencias, no existe una relación entre aquellos que maltratan utilizando el abuso de poder y una baja cognición social, apareciendo este fenómeno como una causa de una extraña relación diádica entre el agresor y la víctima. También se menciona como sería conveniente realizar un estudio que se centra en la distinción entre: reconocimiento de la emoción, comprensión de la emoción y empatía con los protagonistas de este fenómeno. En mi opinión, esta investigación sería muy interesante puesto que a partir de ella, podríamos detectar desde el punto de vista del agresor porque no llegaría completar estos niveles, o si lo hace ¿Por qué sigue con su actitud?, es decir, me parece clave comprender este aspecto para poder profundizar en las relaciones que se crean entre los adolescentes y poder intervenir de una forma adecuada, o proporcionar estrategias efectivas que atiendan a las necesidades tanto de la victima como del agresor y que les ayuda a solucionar esa situación donde se encuentran.
De la misma manera, lo que nos permite igualmente esta investigación es romper con estereotipos o concepciones, es decir, un alumno que maltrata a otro no tiene porque tener menos puntuaciones en lo que se refiere a la cognición social, es decir, creo que se intenta desmitificar el perfil del agresor, puesto que como se ha venido diciendo a lo largo del curso, y se expone muy bien al principio de esta reflexión, el maltrato por abuso de poder reside principalmente en las interacciones y en las relaciones que se crean entre los iguales. Aunque si es verdad, que si atendemos a la relación familiar, la relación social, el nivel socio económico, el nivel de desarrollo, podemos presenciar ciertos factores de riesgo y de resiliencia, que podrían provocar ciertas situaciones donde el alumno o la alumna tome más el papel de agresor o agresora y el de víctima.
Como conclusión, decir, que al centrarnos en la parte cognitiva de las relaciones, deberíamos centrarnos en cómo se mantienen, rompen, comienzan o se perturban éstas. Y no deberíamos fijarnos tanto en el aspecto cognitivo de cada uno de los individuos. Además debemos prestar atención a qué tipo de estrategias se ponen en funcionamiento ante situaciones de este clase, para ver qué resultados se obtienen. Y como punto final, destacar el papel de la prevención, y el tratar el tema con los alumnos en el aula, dialogando y exponiendo aquellas cosas positivas o negativas que podamos encontrar, puesto que es importante crear una “conciencia social” sobre este fenómeno que está presente día a día en nuestra vida.
BIBLIOGRAFÍA
Ø SUTTON, J.; SMITH, P.K. Y SWEETENHAM, J. (1999) Social cognition and bullying: Social inadequacy or skilled manipulation? British Journal of Developmental Psychology 17, 435-350
Ø Del BARRIO, C.; ALMEIDA, A.; van der MEULEN, K.; BARRIOS, A. Y GUTIÉRREZ, H. (2003) representaciones acerca del maltrato entre iguales, atribuciones emocionales y percepción de estrategias de cambio a partir de un instrumento narrativo: SCAN- Bullying. Infancia y aprendizaje, 26(1), 63-78
MARCO PARA UNA INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN EL MALTRATO
Para comenzar quiero primeramente recalcar la importancia de este tema, que a mi parecer resulta primordial, es decir, la investigación tiene que servir para algo, el conocimiento que obtenemos de la realidad nos tiene que ser útil para poder mejorar aquello que sea negativo Por ello, me parece tan adecuado el estudio de la intervención que se pone en práctica, para conseguir: la mejora de la convivencia, la resolución de conflictos, para reducir el maltrato entre iguales,…, es decir, servirnos de la realidad para construir conocimientos, pero también devolverle aquello que construimos. En definitiva, un paso más allá de lo simplemente descriptivo, o de los porcentajes que nos dicen que se da con mayor frecuencia.
Dentro del texto se nos exponen una serie de modelos desde el cual llevar a cabo esta intervención para conseguir una mejora de la convivencia, exponiendo así por ejemplo, nos encontramos con los que sugiere Sullivan (2000):
- Enfoque punitivo.
- Enfoque de consecuencias.
- Enfoque de los sentimientos.
O los que exponen Torrego y Moreno (2000), que los diferencia igualmente en tres categorías:
- Punitivo- sancionador.
- Relacional.
- Integrado.
En mi búsqueda por posicionarme en alguno de los enfoques me encontré ante un dilema puesto que al leer el de Sullivan encontré claramente que estaba a favor del enfoque de los sentimientos, puesto que estoy de acuerdo con que el castigo o las sanciones no sirven de nada porque en ellos se pierde a la persona, es decir, se trabaja de forma tan burocrática que acaba desapareciendo el alumno o la alumna que ha tenido el conflicto, o que ha tenido alguna conducta disruptiva en el aula, etc. y por otro lado el de las consecuencias no creo que alguien que cometa una falta continuada le valgan estas consecuencias, es decir, el que continuamente comete una “infracción” y recibe como respuesta una sanción acaba por minimizar o quitarle importancia a los efectos o resultados de su acción.
Por ello, al intentar intervenir desde el punto de vista de las relaciones, se deben cuidar estos compromisos que se establecen en las interacciones positivas, mantener la confianza que se deposita en los demás, y como se dice en el texto “humanizar la relación”, pienso que esto más interesante, y más beneficioso para todos los protagonistas que entran a formar parte de la institución. Porque al final, la escuela es un lugar socializador, que debe preocuparse por los conocimientos que el alumno o alumna aprenda, los contenidos que se den, pero también y sobre todo, debe preocuparse de que se trabaja con personas, que se les debe proporcionar recursos y apoyos para mejorar su calidad de vida, y que al ser inseparables de una sociedad, muchas de esas estrategias que se ofrezcan desde este lugar deben ir dirigidas hacia esa meta u objetivo.
Igualmente, dentro de los enfoques que presentan Torrego y Moreno (2000) encuentro que el punitivo, es comparable o igual con el que expone Sullivan. Aunque dentro de los dos siguientes encuentro una diferencia, puesto que si me tuviera que posicionar no se exactamente donde lo haría.
El enfoque relacional me parece vital en el sentido de que introduce, como se dice en el texto, tres conceptos: reparación, resolución y reconciliación de los pares. Y me parece muy importante que el alumno o alumna que es víctima pueda como se dice “recibir una restauración material, inmaterial, o moral por parte del agresor”, es decir, trabajar con las relaciones que se crean dentro del grupo, considero que es una parte fundamental de la intervención que tenemos que tratar, aunque como pega, me parece que en muchos casos esta moral autónoma, y este lugar de dialogo que hay que encontrar dentro de la escuela es difícil conseguirlo, no por tiempo o por energía como se expone en el texto, sino más bien por experiencia, tradición, rapidez, orden de prioridades, exigencias desde la sociedad, cultura etc. es decir, queremos que los alumnos aprendan rápido aquellos contenidos que aparecen en el currículum y se entiende que para ello no podemos perder tiempo en cosas como las relaciones que se crean dentro o fuera del aula, entre compañeros o, profesores y alumnos/ as. Por esta razón, lo veo complicado el llevarlo a la práctica.
Por otro lado, encontramos el enfoque integrado, que me parece una mezcla entre el sancionador que proponen estos autores, con el de los sentimientos de Sullivan, porque se basa en unas normas y en su establecimiento, pero partiendo de los propios sujetos que deben, por un lado participar y por otro, formar parte de estas “leyes” que están construyendo. De esta forma, se crean límites o reglas pero a partir del propio grupo, y dentro de estas, se tienen en cuenta las aportaciones y circunstancias de cada individuo.
Por esto, no encuentro que se deba polarizar tanto los enfoques, sino que se puede llegar a crear una forma de intervenir cogiendo aquellos aspectos positivos que se muestran en cada uno, por ejemplo, encuentro normal que haya normas, puesto que dentro de los grupos se forman de forma espontanea aunque no las veamos, por ello el crearlas, me parece buena idea siempre que se realice de forma colaborativa y donde exista un grado pleno de participación. Por otro lado, el tener en cuenta las consecuencias de las acciones ayuda a que las personas seamos más reflexivas, y a lo mejor el centrarnos más en las posibles consecuencias que puedan tener nuestros actos a nivel de relación sea más importante que el mirar los efectos de forma personal, es decir, para poner un ejemplo: va a ser más importante mirar las consecuencias que puedo provocar a alguien si le pego todos los días en el recreo, que el que me puedan poner una notificación o un parte por pegar a un compañero. Esto irá directamente relacionado con las relaciones y la convivencia que se dé en los centros.
Asimismo, si atendemos a los ejes en los que se van a basar las intervenciones, y que se exponen igualmente en la lectura, encontramos varios, como son:
- Naturaleza: personal o relacional.
- Finalidad de la intervención: remediadora o preventiva.
- Carácter: hacía individuos aislados o sistémica.
- Implicación del conjunto de la comunidad escolar en las decisiones relativas a la convivencia: autoritario o participativo
- Tipo de sanción: punitivo o reparador.
Dependiendo de donde nos situemos vamos a encontrar resultados totalmente diferentes, porque nuestros objetivos serán distintos, y a mi forma de ver, el más sancionador estaría buscando acabar con la diferencia, expulsar todo aquello que no se mantenga igual a la “norma” y excluyendo a todo el que no forma parte de un patrón establecido, por lo tanto estaríamos promoviendo desde el centro escolar un ejemplo, de lo que precisamente, no queremos que se reproduzca en los alumnos. En cambio el educativo, lo que va a buscar es educar para la inclusión, el aceptar y valorar la diferencia, el humanizar las relaciones, y hacer que el espacio de la escuela sea algo más que un lugar donde se imparten conocimientos.
Teniendo en cuenta las medidas que se deben llevar a cabo a la hora de intervenir (“toma de conciencia de la situación de la convivencia en el centro, actuaciones en el conjunto del centro, actuaciones en el aula, actuaciones con las familias y el entorno social, evaluación de la intervención”) me parece importante esta primera revisión que se hace sobre el diagnóstico de la situación y de las concepciones de las que se parten en el centro, puesto que así podremos mejorar nuestra intervención ajustándolas a las necesidades que se crean dentro del centro, y de esta forma, mejorar la implicación de todos los agentes en su desarrollo, llegando al siguiente punto de “ actuaciones en el conjunto del centro”. Es decir, el cambio debe ser global y no sirve que se haga en una pequeña parcela, puesto que las concepciones y creencias suelen estar muy arraigadas y para poder modificarse necesitan un cambio completo de estructuración y de cultura, que haga posible a continuación, un nuevo establecimiento de conductas, de valores, de formas de actuar, etc.
Sin olvidarnos, en ningún momento, que nos movemos dentro de una sociedad, la cual va modificándose y va a ir teniendo repercusiones o influencias dentro de nuestra cultura, y que tenemos que tener en cuenta, que aquello que respondamos desde nuestra intervención va a tener que ir reformulándose a lo largo del tiempo, es decir, no es una “fórmula mágica” sino que tiene que ser el producto de un trabajo continuo de adaptación a las necesidades de las que se parten y a las metas que se buscan y se replantean en cada momento.
Igualmente, todo lo que se proponga en el centro, y todos los cambios que se quieran introducir, deben estar reflejados en el aula y en la actitud de los profesores. Puesto que no vale “predicar” los valores, o las creencias, cuando no lo seguimos con el ejemplo, por ello, estoy de acuerdo con dos aspectos:
- Se debe hacer hincapié con la formación del profesorado, puesto que muchos se sienten perdidos ante estos cambios que se producen en la sociedad y acaban comportándose de una forma muy tradicional y autoritaria, creyendo que está dará los resultados que ellos esperan y frustrándose al ver que los resultados son totalmente lo contrario.
- Debemos introducir esa nueva intervención dentro del equipo docente, es decir, debemos ser coherentes con nuestra práctica y lo que inculcamos. Así pues, si creemos que el aprendizaje cooperativo es importante para las relaciones que se crean en el grupo y favorece en la mejora del clima escolar, entonces también es importante que los docentes trabajen de esta forma. O si pensamos que las dinámicas del grupo influyen en nuestro trabajo y que la exclusión puede provocar daños a la víctima, entonces no excluir tampoco a ninguno de nuestros compañeros.
Es decir, yo como alumna me he sentido muy defraudada cuando he visto a profesores que intentaban promover unos valores y unas ideas que luego comprobabas que ellos no los llevaban a cabo. Por ejemplo, el hablar de que había que escuchar a los alumnos, partir de sus propias necesidades, para luego comprobar que a nosotros nunca se nos había preguntado nada, y nuestras clases estaban muy jerarquizadas. Entonces caías en la incoherencia, en no entender que si lo que promovían estaba tan bien porque no lo hacían, y te planteabas los verdaderos efectos que podían tener, o las dificultades que se podían encontrar en el proceso. Así pues, al final te quedas muchas veces con las ideas previas que tenías y no realizas ese cambio de concepción.
Llevando este ejemplo al tema del que estamos tratando a lo largo de esta lectura, creo que puede ocurrir lo mismo, es decir, si llevas a cabo una intervención pero no se produce un verdadero cambio de concepción, entonces la intervención, aunque haya tenido buenos resultados en ese momento, pienso que no proliferará y se quedará en ese acto puntual.
También, recalcar el papel de las familias, porque igual que el profesor no puedo contradecirse a sí mismo y entrar en la incoherencia, es fundamental, que tanto la escuela como la familia vayan unidas y se pongan de acuerdo en ciertos valores que se quieren inculcar. Al igual que establecer una relación de igualdad y valorar lo que nos pueden enriquecer. Porque nosotros no somos los expertos y ellos los que no tienen nada que aportar, ya que ellos son especialistas en su familia, y en cómo se establecen y relacionan, es decir, ellos tienen un papel fundamental en la educación de nuestros alumnos, al igual que nosotros lo tenemos en la educación de sus hijos.
En conclusión, considero que se deben tener en cuenta todas estas aportaciones, y que a la hora de evaluar no nos fijemos solo en si se han reducido o no las conductas disruptivas o los conflictos dentro de la convivencia, sino que también se evalúen las percepciones de los docentes, de los alumnos, de las familias…porque tal vez, el cambio se dé a largo plazo y no se pueda evaluar un programa justamente al final de un curso escolar. Puesto que como he dicho, creo que es importante un cambio de concepciones y estos, llevan tiempo.
BIBLIOGRAFÍA
ü E. MARTÍN, I. FERNANDEZ., S. ANDRÉS, C. del BARRIO Y G. ECHEITA (2003) La intervención en los centros escolares: mejora de la convivencia y prevención de conflictos. Infancia y aprendizaje, 26 (1), 79- 85
ü SMITH, P.K., SHARP, S. ESLEA, M & THOMPSON D. (2004) England: The Sheffield Project. En PK. Smith, D. Pepler &k. Rigby: Bullying in chools: How Succesful can interventions be? Cambridge, RU: Cambridge University Press
PROGRAMAS DE INTERNVENCIÓN EN EL MALTRATO
En este comentario crítico de las lecturas de esta sesión me he centrado, sobre todo, en divisar las diferencias que pueden acarrear los dos tipos de programas de intervención que se nos presentan.
Así pues, a lo largo de las dos lecturas previstas para tratar este tema, encuentro primeramente dos posturas a la hora de intervenir en el maltrato por abuso de poder que se da en las escuelas:
- La primera de ellas y que se encuentra en el artículo de “Knowledge, use of and attitudes towards peer support: a 2- years follow to the Prince´s Trust survey”, es que se centra mucho en aquellos sujetos que son o bien víctimas o bien agresores, y en cómo se puede mejorar su situación partiendo de un sistema de apoyo.
- Y en la segunda “ Using EQUIP for educators to prevent peer victimization in secondary school”, la intervención se realiza en un plano mucho más global, es decir, no se centra tanto en aquellos que sufren o producen el maltrato, sino que aborda el problema desde el contexto, la conciencia y el clima del aula, puesto que se considera que si estas variables mejoran, también se reducirán las situaciones de maltrato.
Otra diferencia que encuentro básica entre los dos programas de intervención que se llevan a cabo es la finalidad que tiene cada uno, es decir, los dos pretenden reducir el maltrato, pero ¿de qué forma? Considero que el primero, el que presenta un sistema de apoyo para víctima o agresor, va mucho más enfocado a “reducción del daño” o a “remediar el problema”, en cambio el segundo que se nos presenta va encaminado a prevenir esas situaciones en las que se puede llegar al maltrato. Por ello, creo que este último, el programa EQUIPAR sería mucho mas beneficioso, porque no pone etiquetas, aborda el problema desde las relaciones y el clima del aula, y se centra más en la prevención, aspecto que me parece importantísimo a la hora de intervenir.
Asimismo, como hemos venido diciendo a lo largo del curso, pienso que al no haber un perfil claro y unas características que se puedan atribuir a aquellos que maltratan o a los que son maltratados, es importante que los destinatarios con los que actuemos y realicemos estos programas de intervención deban ser la población escolar. Puesto que además, puede que muchos de ellos puedan ser testigos de lo que está pasando y es clave su intervención para poder reducir estas situaciones.
Como comenté en clase, en estos casos en los que se van a desarrollar programas de estas características me parece vital el conocer la cultura del centro, las relaciones que se están dando en el aula, el clima, los valores, las creencias, las normas de convivencia que se exponen en el centro, etc. puesto que esto, nos va a dar “pistas” de aquellos aspectos que serían importantes trabajar, de que carencias pueden existir, o de que influencia puede tener en las relaciones que se están creando tanto de alumnos-alumnos, como de alumnos- profesor.
Es decir, considero que tenemos que ser conscientes de que no hay una fórmula mágica, un programa que estemos seguros de que va a funcionar en cualquier colegio independientemente de las circunstancias que le rodeen, puesto que en cada uno de ellos, y como hemos hablado igualmente muchas veces de la enseñanza, ese programa se tendrá que adaptar a las necesidades de los alumnos, y partir de ellos mismos, de lo que consideran importante, de lo que demandan, para intentar dar respuesta y que el programa sea eficaz.
Además, también sería conveniente estudiar y analizar la percepción que tienen los alumnos y alumnas, y la profesora sobre los programas que se realizan en el aula y en el centro, puesto que al analizar sus creencias, lo que ven, lo que reciben podríamos presagiar de alguna forma la continuidad y el éxito del programa, y comprobar que si estas perspectivas son positivas es probable que la intervención no quede como algo puntual y extraviado dentro de la escolaridad. Y de esta forma, poder también, evaluar el verdadero efecto de nuestra intervención.
Centrándonos en este tema de los alumnos y alumnas y los profesores, me llama también la atención la pregunta de ¿cómo se sienten ellos ante la diversidad de programas que se ofertan? Es decir, ante los dos programas que se presentan en las lecturas, ¿cuál prefieren? En aquel que hace referencia a los programas de apoyo, se percibe como el alumno/a debe ir a una sala aparte, o pedir ayuda a otro alumno que recibe un entrenamiento, pero siempre se le ve “sólo ante el peligro”, es decir, debe decidir pedir esta ayuda, tiene que pensar en sí le ve alguien o no cuando va, qué consecuencias puede traerle su actuación, que otros caminos tiene para poder solventar su problema, etc. en cambio a través del otro programa más preventivo, todos pueden recibir esta ayuda, no está focalizada, el sujeto no piensa en que tiene un problema, o es diferentes, no se le va a etiquetar, porque es una acción destinada a todo el grupo. Y esto es clave, porque como venimos diciendo el maltrato se produce dentro de las relaciones que se producen en un grupo, así pues para intervenir tendremos que tener presente esta idea, y partir del grupo para poder conseguir mejorar las relaciones y hacerlas más igualitarias, sin que haya tantas diferencias en el poder que puede regentar cada uno de los alumnos o alumnas.
Finalmente, y para concluir, me parece muy importante hacer énfasis en varias cosas que se han podido ver a lo largo de mi comentario, y son: los programas deberían tener un carácter preventivo, deberían estar focalizados a toda la población escolar, es decir, tanto a alumnos/as como a profesores/ as, deben partir de las necesidades de cada grupo, se deben tener en cuenta aspectos como la cultura o el clima (tanto escolar como de aula), y debemos contar con la percepción de los sujetos protagonistas, para de esta forma poder evaluar el programa y su efecto en las relaciones que se mantienen tanto dentro como fuera del espacio escolar.
BIBLIOGRAFÍA
ü COWIE, H; NAYLOR, P; TALAMELLI, L; CHAUHAN, P & SMITH, P. K. (2002) Knowledge, use of and attitudes towards peer support 2 years follow- up to the Prince´s Trust survey. Journal of Adolescence, 25, 453- 467
ü VAN DER MEULEN, K; GRANIZO L & DEL BARRIO, C (2009) Using equip for educators to prevent peer victimization in secondary school. Journal for research in character education
MUERTO HASTA EL ANOCHECER

Sookie Stackhouse es una camarera con poder para leer la mente. Siempre acaba sabiendo más de lo que le gustaría de la gente que le rodea. Menos de Bill Compton, porque su mente, la de un vampiro que trata de reinsertarse en la sociedad, es impenetrable. La aparición de un asesino en serie complica las cosas.
EDRA
Aquel día me levanté sin saber nada de mí, de quién era, de mi pasado. Me encontraba sola entre una espeso bosque, con una gran luna llena en lo alto que me alumbraba y me hacía entrever lo tétrico de aquel escenario. Me puse en pie y comencé a caminar. No tenía rumbo, no tenía ni idea de donde estaba y a donde me dirigía, pero sabía que no podía quedarme tumbada en aquel manto de hojas durante mucho tiempo.
Poco a poco fue amaneciendo y encontré un arrollo, me dispuse a lavarme la cara y a intentar refrescarme. Cuando me acerqué vi mi cara reflejada en sus aguas, pero no sabía muy bien a quien correspondía. Tenía los cabellos de un color negro azulado bastante oscuro, y los ojos de un azul muy claro, y la cara llena de tierra. Tenía pequeñas heridas a lo largo de mi brazo e intente lavármelas lo mejor que pude. Una vez que hice todo esto, intente buscar algo de desayuno, puesto que comenzaba a sentir cierta fragilidad y mucha hambre.
En mi camino solamente encontré algún que otro árbol que daba una especie de frutos bastante raros con un sabor muy amargo, sin embargo cuando la necesidad aprieta…, cualquier cosa es bien recibida. De esta forma, llegue a un pequeño pueblo, de casas de madera y suelo de piedra. Decidí entonces, comprar algo para poder alimentarme, algo de ropa, algunas gasas para cubrirme las heridas e impedir que se me infectarán, etc. pero no tenía dinero y parecía que nadie estaba por la labor de hacer un poco de caridad. Así pues, tome la decisión de robar todo lo que necesitaba en una pequeña tienda que se encontraba cerca de la plaza mayor del pueblo.
El tendero era un señor bastante corpulento, con un largo bigote y con cara de muy pocos amigos, pero se le notaba bastante estúpido y no creí que me fuera a pillar extrayendo algunos de sus productos. Lentamente, fui cogiendo todo lo que necesitaba sin que se diera cuenta, me sorprendí por mi gran agilidad y por mi rapidez y soltura a la hora de guardar todo lo que necesitaba en una pequeña bandolera que llevaba a mi lado derecho.
Para disimular un poco, le hice alguna pregunta sobre algunas cosas de las que me había cerciorado previamente que no tenía. Así pues, puse una expresión en mi cara de “¡Oh!, que pena…con lo mucho que lo necesitaba…” y despidiéndome de él, me largué de allí de forma tranquila, sin crear la menor sospecha del primer delito que había cometido desde que tenía memoria.
Caminando por el pueblo, les pregunté a las gentes que deambulaban de un lado a otro, si conocían algún pueblo cercano, si me habían visto alguna vez, o si echaban a alguien de menos en el lugar, que pudiera coincidir conmigo. Sin embargo, a nadie le parecía importar mucho una muchacha perdida, y nadie me reconocía. Me sentía como un fantasma, una persona que ha dejado de existir y que suplica a los demás que le den una identidad, porque en aquellos momentos me daba igual ser una panadera, una lavandera o incluso una prostituta, porque si fuera algo de esto sabría quien soy y podría cambiar las cosas, pero de esta forma, no existía para nadie.
Invisible ¿Cuántas veces hemos deseado ser invisibles en alguna ocasión para que nadie se enterara de lo que hacíamos? Ahora yo tenía este don, esta ventaja, aunque denegaba de ella y rezaba porque algún día alguien me dijera: “¡Ey, espera! Te conozco eres la hija de la señora María, ¿qué tal te va?”. Pero por el contrario esto nunca sucedía, las únicas noticias que pude obtener relacionadas con mi pasado es que debía de proceder de Kanon, la capital de Moth, porque allí es donde solían nacer todos los de mi raza. Yo era de etnia gitana y eso parecía que a la gente le repudiaba, así que me trataban con desprecio y jugaban conmigo al juego del escondite, según iba andando sentía como los demás se apartaban, estaban muy ocupados para poder atender a mis preguntas, justo en ese momento cerraban sus puestos, etc.
¿Creían que me iban a insultar con su exclusión? ¿Qué me iba a sentir mal ante estas reacciones? Pues la verdad, es que sí. Me hervía la sangre cada vez que recibía un insulto, una mirada de desdén. Yo sólo intentaba acercarme a la gente para pedir ayuda, y ellos me la denegaban de la forma más cruel que existía.
Finalmente tome una decisión, si no me daban la información que pedía educadamente recibirían mi gran aportación para ayudarles y que no me vieran más, puesto que les mataría. Total, ya me daba igual todo. Era, como he dicho anteriormente, invisible.
Todavía recuerdo mi primer asesinato, era una vieja muy estirada, a la que parecía que el llevar la ropa limpia y un gran moño encima de la cabeza era su gran preocupación. ¿Hablar conmigo? “Por favor, yo no me rebajaría a hablar con alguien como tú en la vida, pequeña desgraciada” me había contestado ante mi petición de si me podía ayudar. En realidad, creo que esa mujer se merecía ser más invisible que yo.
A lo largo de los años, descubrí algunos datos, como que mi familia eran nómadas y que posiblemente ya no vivieran cerca de aquel bosque donde un día desperté, o que tenía tres hermanos y dos hermanas, un bonito perro y vivíamos en pequeñas tiendas que íbamos construyendo. Aunque todos los datos, carecían de cierta fiabilidad, puesto que muchas cosas que me contaban los aldeanos y las aldeanas, eran porque estaban bajo amenaza de muerte y tenían que decir algo sino querían que acabará con su vida en esos instantes.
Una leyenda muy curiosa que descubrí, es que cerca de aquellos lugares, existía una ciudad muy antigua llamada Graven, y todos los que habían llegado hasta ella y conseguido escapar no recordaban nunca el lugar donde se encontraban… ¿Y si yo hubiera estado allí? ¿Y si mi memoria, por un error, hubiera borrado más de la cuenta?
Todavía tengo mucho que descubrir, aunque por ahora, la vida que estoy creando es de una asesina gitana, a la que la gente desprecia, porque piensa que mi única meta es robarles todo lo que poseen, y la verdad, es que llegados a este punto, no es una idea tan descabellada.

